La culpa no era nuestra, por Erik Suárez

«La culpa no era nuestra, pero pagamos por los errores de los que sí había que culpar. Esta es la historia del emigrante Venezolano».

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Escapé de Venezuela temprano. Llegué antes que la mayoría de la migración en masa de mis compatriotas a este país, y tuve la oportunidad de ver desde afuera la crisis migratoria en la que poco a poco nos fuimos adentrando.

Vi como la xenofobia crecía día a día. Cómo pasamos de agradables vecinos a la causa del descontento de muchos. De comerciantes ambulantes a ladrones laborales. Vi como cada vez más, muchos peruanos nos culparon de desgracias de las cuales poco o nada podíamos hacer para solucionar. Vi cómo pasamos de bienvenidos a expulsados.

Entre la delincuencia y la competencia económica dentro de un mercado informal limitado, estos dos factores son los que más destacan para justificar el rechazo al venezolano en el Perú. Sin embargo, ¿son ambos factores netamente culpables de la inmigración? La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en el mismo lugar donde empezó la crisis política peruana: en la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski.

PPK fue un pionero en Latinoamérica en el área de la  inmigración. Desde el principio su intención era la asimilación económica de la migración venezolana. El programa de Permiso Temporal de Permanencia (PTP) fue único en la región con el objetivo de regularizar la situación laboral del venezolano en el Perú.

El objetivo era permitir la inmersión de manera formal en la economía peruana, y aunque estaba incompleto, había planes para expandir y complementar el programa en el futuro. Sin embargo, el tiempo de Kuczynski en el poder no duraría mucho más. Tras su renuncia y la toma de poder del ex presidente Martin Vizcarra, este último eliminaría el programa PTP e iniciaría la crisis que percibimos hoy.

La migración se puede analizar desde un tema social, pero también en el plano económico. Cuando se ponen barreras de entrada en la inmigración —y más a la que ocurre en masa—no se va a detener por completo, sino más bien, genera que sea ilegal o informal. Eso mismo pasó en Perú. Luego de eliminarse el plan PTP en búsqueda de reducir los incentivos de inmigración, esta siguió llegando, sin embargo, tras no poder trabajar de manera legal, estaban condenados a la hambruna, trabajo informal, o, en casos extremos, la delincuencia.

Esto generó un incremento masivo en la oferta de trabajadores informales —la cual de por sí ya era enorme— y, por la misma competencia, redujo el precio de labor de manera significativa. Asimismo, el que no entraba al mercado laboral, optaba por hábitos delincuenciales. Este artículo no busca justificar o romantizar la delincuencia de ninguna manera, sino entender los factores que generaron un incremento masivo de esta en los países donde sucedieron circunstancias parecidas a las de Perú.

No obstante, debemos entender que, en el marco económico, las barreras de asimilación legal del venezolano sí causaron un efecto negativo en la economía informal peruana. A pesar de que el PTP era un proyecto que permitía que el venezolano trabaje legalmente, eran para trabajos básicos. La solución a este problema es entender que el inmigrante no es monótono, sino que se puede dividir en grupos en base a la educación académica.

Miles de compatriotas viajaron al Perú con títulos universitarios en carreras profesionales y técnicas, las cuales no fueron aceptadas como válidas. Si esto hubiera sido diferente, el venezolano hubiera podido ejercer su carrera y dividir la oferta de labor en diferentes campos profesionales, en trabajos básicos y en el área informal, sin generar la competencia masiva que tuvo el impacto tan importante en los sueldos del trabajador. Por otro lado, se hubiera generado competencia y mayor producción a la que de por sí ya crearon.

Lamentablemente esto no sucedió y, en su lugar, la ineficiencia del ejecutivo para adaptarse y aprovechar la migración, la utilizó como capital político y chivo expiatorio. El ex presidente Vizcarra se encargó de culpar al venezolano de los problemas que el Perú vivió, que el trabajador común vivió, y de los problemas sociales que vivió la sociedad. Por su parte, la prensa se encargó de destruir nuestra imagen a cambio de unos cuantos puntos de ranking sin cuestionar la palabra del jefe de Estado.

El trabajador peruano, influenciado por estos factores, creyó la narrativa estatal y mediática del daño que era la inmigración venezolana para su estilo de vida, y de aquí nacen los niveles de xenofobia que se ven hoy. Cuando la prensa se dio cuenta del daño que habían causado, ya era demasiado tarde para corregirlo.

Finalmente, el que más pagó por los pecados de un gobierno ineficiente, engañoso, e improvisado como el de Martin Vizcarra, fue el venezolano común. La xenofobia siguió creciendo cada vez más a tal punto en el que candidatos la usaron como capital político. Es por ello que, a pesar de los intentos del actual presidente de incrementar barreras de entrada, criminalizar por incumplir requerimientos casi imposibles y su intención de deportaciones masivas; no hay grupos políticos que busquen arreglar este mal. La culpa no era nuestra, pero pagamos por los errores de los que sí había que culpar. Esta es la historia del emigrante Venezolano.

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