[OPINIÓN] ¿La democracia no puede ser chantajeada?

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Los medios sociales rebosan estos días de alusiones a la trascendental herencia que Grecia dejó a la humanidad, contraponiendo su rol en la fundación de la civilización occidental a sus libros contables en rojo y a la pésima política fiscal que ha llevado a los griegos y al resto de Europa a la difícil situación actual.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien clama que el resultado del referéndum del pasado 4 de julio es una prueba de que “la democracia no puede ser chantajeada”, haría bien en recordar que la democracia era considerada por Platón como el peor sistema de gobierno a excepción de la tiranía por su inherente debilidad ante la clase de demagogia populista que ha precipitado a Grecia al abismo de la deuda.

Este defecto natural del gobierno popular es una enfermedad que conocemos muy bien como peruanos, y que radica en una falta casi absoluta de lo que en inglés se conoce como accountability y que en castellano carece curiosamente de una traducción directa. Accountability es la condición de saberse llamado a rendir cuentas de las propias acciones.

En un sistema político como el griego o el peruano, donde no existen consecuencias para los crímenes cometidos por los representantes y funcionarios públicos y donde “la plata llega sola”, quizás no se mienta al decirse que la democracia no puede ser chantajeada, pero sin duda sabemos que puede ser comprada y vendida a expensas de todos los ciudadanos y para beneficio de unos cuantos criminales de saco y corbata.

Esta nueva tragedia griega tiene un sabor tristemente peruano.