La doble moral en los servicios de inteligencia

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Los periodistas –y los espías- bien sabemos que la información se obtiene acudiendo al lugar de los hechos, hablando con sus protagonistas, seleccionando lo interesante de lo que dicen los medios, buscando antecedentes y haciendo análisis de lo que se está tratando. Pero la información también se puede obtener sobornando, prostituyendo, robando, amenazando y torturando.

Todos los servicios de inteligencia tienen un programa de trabajo dentro de los límites de la moral y el derecho. Y a través de las leyes de transparencia, por ejemplo, un espía –como un periodista- puede obtener mucha información e inclusive reclamar administrativamente si las autoridades no se la dan. Así cubre su trabajo formal de facilitar al gobernante los datos que necesita.

Pero el afán de conseguir una información íntima, privilegiada, secreta, hace que los espías –con más frecuencia que los periodistas- se salten la ley y la moral. En todas partes del mundo. Y, como dice el viejo refrán, se perdona el pecado pero no el escándalo. Así, pues, cuando hay un escándalo político, el gobernante saca agua y jabón y limpia la cara, traslada de sede, pone otro nombre y elije otro jefe para su servicio de inteligencia, pero siempre con la misma misión de informarle lo mejor posible para poder gobernar. Hoy como ayer… y como mañana.

Lo mismo pasa a nivel internacional; y las protestas diplomáticas por haber encontrado en el país a un espía extranjero con las manos en la masa, son tan cínicas como las disculpas que envía el gobierno culpable del espionaje, sin que ni uno ni otro tengan el más mínimo propósito de enmienda, como no sea el de advertir nuevamente a sus espías que no se dejen descubrir.

Reinhard Gehen fue espía de Hitler y después de Truman, para formar luego el servicio de espionaje del gobierno alemán federal de Konrad Adenauer. Cuando Gehen advirtió a  Willy Brandt que estaba rodeado de espías de Alemania Democrática –la parte comunista- el político socialista dio por terminados los servicios de Gheren y desoyó sus advertencias. Poco tiempo después, Willy Brandt tuvo que renunciar a su cargo –y dar por terminada su carrera política- a causa de los numerosos escándalos al descubrirse que estaba rodeado de espías comunistas. Un caso emblemático de la importancia del espionaje.