La economía del fútbol, por Daniela Macetas

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Hace unos días se escuchaba a los comentaristas de fútbol hablar sobre un posible traspaso de Neymar y a cuánto ascendería su precio. La cifra era simplemente abrumadora: más de 100 millones de euros. Es en ese momento cuando caes en cuenta que un solo jugador puede valer monetariamente más que todo un equipo (inclusive, más que muchos equipos juntos). Selecciones como Argentina o Brasil son el mejor ejemplo de esta desigualdad, con valorizaciones de más de 700 y 300 millones de dólares respectivamente, comparadas con otras selecciones sudamericanas como, por ejemplo, la peruana, cuya valorización es de, aproximadamente, 20 millones de dólares.

Imaginemos que el fútbol, como un todo, es un país. Probablemente la FIFA sería el presidente y nosotros, los espectadores y aficionados, los ciudadanos. Sorprendentemente, este país ficticio se ubicaría en el ranking de las 25 mejores economías a nivel mundial, considerando los ingresos que genera en acumulado (superior a muchas latinoamericanas como Colombia o el mismo Perú). Es por ello que la magnitud de tener  jugadores importantes en economías, como por ejemplo, la colombiana, genera un impacto mayor en el PBI del país. Los movimientos de Radamel Falcao y James Rodriguez tuvieron repercusiones en la economía del país cafetero.

Por otro lado, el evento más esperado por los aficionados del fútbol es el Mundial, el cual se realiza cada 4 años y cuya espera desespera. Ya sea por TV o en vivo y en directo, hemos sido testigos de la impresionante logística que se lleva a cabo durante el mes en que se desarrolla este certamen. Millones de personas son partícipes del evento y cumplen labores desde limpiar los estadios hasta organizar la inauguración y clausura. De esta forma, se generan empleos para los ciudadanos locales y estos empleos, a su vez, mueven salarios. Asimismo, desde que se anuncia el país sede, este deben realizar fuertes inversiones para cumplir con las especificaciones de la FIFA. Solo por poner algunos números, Sudáfrica invirtió cerca de 6 mil millones de dólares en el mundial del 2010, mientras que Brasil, 11 mil millones (cifra récord, cabe recalcar). Los retornos que genera el deporte rey se dan principalmente de la mano del turismo, tanto externo como interno. Aproximadamente, el país anfitrión puede llegar a incrementar su PBI en 1%.

Mientras tanto, en el futbol local, en los últimos 6 años, las deudas que mantenían los clubes que ascendían a 5 millones de dólares se han visto reducidas a 150 mil dólares. Esto significa un gran avance. Sin embargo, se debe buscar el desarrollo de las canteras con mayor énfasis. La exportación de jugadores peruanos solo refleja aproximadamente un 3% de los ingresos que generan los clubes locales, debido a que son muy pocos los que emigran al extranjero. No debe sorprendernos que el mayor exportador de jugadores de fútbol del mundo sea Argentina, con más de 4000 jugadores transados.

Es notable la participación que puede tener un deporte en todas las economías a nivel global. Lo que genera debate es cómo algunos países han conseguido explotar este recurso y otros, no. Si bien hace algunos años Perú podía presumir las habildades de varios jugadores y clasificaciones al mundial, hoy por hoy deja mucho que desear en estos aspectos. Es necesario un cambio de mentalidad y de la visión del futbolista peruano si se desea aspirar a los beneficios económicos de tener una selección “crack”.