La foto de Tía María y la ética en el periodismo

374

El incidente vivido por el manifestante Antonio Coasaca en el enfrentamiento con la policía durante las protestas por el proyecto minero Tía María y que devino en una infame fotografía retrata las contundentes y desalentadoras limitaciones que existen en el Perú para el ejercicio del periodismo. Al cierre de esta columna de opinión, el fotógrafo de la imagen truculenta había reconocido su autoría; no obstante, evidenció su pesar y desconcierto por no ser blindado por una empresa como el Grupo El Comercio, la cual redujo su vínculo laboral con el fotógrafo a uno de carácter cortoplacista y temporal.

El problema de fondo con el tratamiento de la imagen vertida a medios como Correo, y en general en el tratamiento de la información es que no una cultura de la autorregulación en el medio periodístico local que permita consolidar una cultura del fact-checking que reduzca las probabilidades de error. Lo ocurrido en Correo no es otra cosa que la expresión de la limitación del editor frente a información escasa y por la que debe apostar la credibilidad del medio en función de la credibilidad que tiene el fotógrafo o reportero.

Ahora, bien, se puede plantear que la imagen fue publicada en un contexto de información escasa y por ende, no sería posible que el editor del diario pudiera confirmar la realidad que subyacía en las imágenes. En esa lógica, tales conjeturas se suelen realizar en un contexto en el que existen verdades provisionales.

Pues, en un escenario la única decisión pendiente se reduce a la exposición de la credibilidad que el medio esté dispuesto a poner en vulnerabilidad. Desafortunadamente, no queda claro en este contexto qué tan comprometido esta el medio en defender su credibilidad, y tal incertidumbre se evidencia con el poco interés del diario en rectificarse. Tras el escándalo, Correo apenas eliminó la nota, mas no buscó rectificarse por el error cometido.

Ejemplo destacable a nivel internacional es el suscitado a raíz de un artículo publicado por la famosa revista Rolling Stone, que inicialmente recogió la historia de abuso sexual que una joven denunció que ocurría en el campus de la Universidad de Virginia. Surgidas ciertas sospechas sobre la veracidad de la historia, la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia investigó, de motu proprio, la historia, y encontró inconsistencias gravísimas que afectaban el fondo del reportaje. Finalmente, Rolling Stone tuvo que rectificarse sobre el error cometido. Tales prácticas, por demás saludables para el periodismo, son escasas sino inexistentes en el medio local. Así, lo ocurrido con Correo es apenas una raya más al tigre, o mejor dicho, una mota más al otorongo.

En efecto, todo apunta a que la cultura del “Otorongo” ha trascendido a la política, y se puede ver tanto en el mundo empresarial –con la timorata reacción del empresariado frente a la escandalosa condena por evasión tributaria al ex vicepresidente de la Confiep, Lelio Balarezo— y ahora con el poco interés del diario que publicó la foto engañosa en rectificarse por el craso error cometido. Esperar que suceda lo contrario, actualmente, no pasa de ser apenas un deseo, cuya materialización aún está lejos de ocurrir.