La fractura política que divide Estados Unidos, por Camila Sanchez-Checa

«Donald Trump no fue el creador del extremismo republicano y conservador, y éste no llegará a su fin con la salida de Trump del escenario político (...) Los medios de comunicación, al darle tanta importancia, abrieron el paso a un nuevo tipo de periodismo».

226

No es ningún secreto que las diferencias ideológicas y políticas son de los factores más importantes a la hora de explicar la polarización estadounidense. Lo vemos cada cuatro años, con las elecciones presidenciales, como los debates y discusiones sobre la mejor opción de partido político se intensifican y se convierten, cada vez más, en una férrea defensa de los polos opuestos de la línea ideológica.

Considero que para una adecuada comprensión de la polarización americana y los efectos que ésta tiene, no sólo sobre la población sino también en las relaciones internacionales, es necesario abordar el panorama político que existe actualmente en Estados Unidos. En él, dominan dos grandes partidos, el demócrata, de tendencia más liberal y el republicano, más conservador. Representan ideologías opuestas y principalmente difieren en cuestiones como el rol del estado, seguridad social, control de armas, inmigración y aborto, entre otros.

A mediados de los 90, los ciudadanos americanos tenían a su disposición un número verdaderamente limitado de medios para educarse sobre cuestiones políticas. Sin embargo, ni tan sólo diez años después con el gran boom del internet y el desarrollo de la red a principios de siglo, para 2005, el espectro de medios disponibles se expandió de una manera nunca vista. Es por ello por lo que ahora podemos leer prácticamente cualquier periódico que queramos, cuando queramos.

Sin embargo, con el aumento de medios, también se hicieron disponibles otros tipos de contenidos, en especial aquellos relacionados al entretenimiento como la música, la moda, las celebridades… Esta evolución explica cómo, en promedio, incluso con el aumento de medios políticos, ningún ciudadano americano estaba mejor informado. El factor clave del cual dependía la formación y educación política había cambiado: ya no era el acceso a la información, era simplemente el interés por ella y su elección sobre otros contenidos.

El periodismo político, en especial el de Estados Unidos, se ha desarrollado de tal manera que sus lectores y audiencia deben, por el simple hecho de mostrar interés y querer involucrarse, escoger uno de los partidos políticos. Esto ocurre porque el contenido que se crea tiende a fortalecer determinadas identidades políticas y analizar los conflictos entre los partidos, donde reiteran porque un determinado ‘bando’ debe ganar y el otro debe perder.

Por ello, el periodismo de opinión política se termina convirtiendo en lo que podríamos denominar un periodismo de identidad. La identidad, a diferencia de la opinión, es una construcción, que, aunque se puede ver debilitada o reforzada, es difícil de cambiar.  Mientras más se hable de porque tu partido es el mejor, o representa los mejores ideales, más se ve reforzada tu identidad.

De esta manera se hace evidente el poder que tiene el periodismo y en especial el político. Hace, a lo mejor, diez años, no veíamos ni escuchábamos a muchos norteamericanos expresar sus opiniones anti-inmigracionistas, pro-vida o a favor de las armas, o al menos no lo hacían con tanto fervor como lo hacen ahora. Esas identidades que, en tiempos quizás de Obama o incluso de W. Bush(*), se habían moldeado en unas más silenciosas, calladas y reservadas, se vieron de pronto motivadas con la entrada de Donald Trump. El ex-presidente reforzó esas identidades y opiniones políticas, dándoles fuerza a salir adelante y ser expresadas.

Además, un estudio publicado por Douglas Ahler y Gaurav Sood de 2018 demostró que, no sólo los americanos veían reforzadas sus identidades políticas, si no que también sus concepciones sobre miembros del partido opuesto eran erróneas. Por ejemplo, republicanos creen que miembros de la comunidad LGTBIQ representan casi 1/3 del partido demócrata cuando en realidad es sólo 6% y demócratas creen que un 44% de los republicanos ganan más de 250 mil dólares al año, cuando en realidad sólo el 2% lo hace.

Esto, se ha demostrado, es producto de la forma en la que se lleva a cabo el trabajo periodístico de tipo político en Estados Unidos. Mientras más contenido político se consume, más distorsionada es la imagen de los miembros del partido opuesto.

La demanda y la oferta de la televisión

Los noticieros de cable estadounidense son, en definitiva, un negocio, y por ende sus contenidos se guían en función de la demanda de su audiencia. Como señala el famoso periodista, Chris Hayes, en cambio decirles a las personas lo que deben saber, es mejor decirles lo que quieren saber.

Entonces, ¿qué demanda la audiencia? Llegamos así a lo que podría denominarse ‘medios de comunicación impulsados por la identidad’. Basado en un contenido periodístico que motive al lector a decir “¡Pienso igual!” “¡Es como si lo hubiera escrito yo!” o “¡Ese soy yo!”. Que un lector se vea reflejado en lo que escribimos o sientan emoción, es lo que motiva al periodista y es lo que busca conseguir. Yo, como periodista, busco entablar relaciones de igualdad de pensamiento y de opinión con los lectores, de manera que quieran leer lo que escribo, que se motiven al hacerlo, y lo compartan para expresar sus opiniones.

Es de ahí donde surge una preocupación. Los medios de comunicación modernos polarizan la sociedad cuando recuerdan constantemente a los miembros de determinados partidos políticos por qué tienen la razón.

Los días en los que los periodistas eran simples intermediarios que reflejaban la realidad, si alguna vez existieron, definitivamente han llegado a su fin. Se han convertido en actores, creando, modificando y desmantelando la opinión pública y determinando lo que es de interés periodístico.

En 2016, las principales cadenas de noticias norteamericanas informaban constantemente sobre el escándalo de correos electrónicos de Hillary Clinton, y no sobre sus políticas de presidencia, creando la opinión de los ciudadanos en torno a ello, como si eso fuera un factor más importante para entender su carácter. De la misma manera, entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre de 2015, Donald Trump fue el tema del 78% de la cobertura de CNN. Fue esto y su recurrencia en otras grandes cadenas, los factores que legitimaron su candidatura a la presidencia. En definitiva, los medios de comunicación marcan el camino sobre el que se desarrolla el escenario político.

Lo que se considera de ‘interés periodístico’ es un concepto bastante contagioso. A partir de ciertas tendencias, vemos lo que la sociedad considera interesante. Lo que deciden escribir es lo que importa, y es por ello por lo que los medios de comunicación y el periodismo juegan un papel tan importante en nuestra sociedad. Somos, como señala Klein, lo que separa lo que hace la política y lo que el público sabe.

El papel que juegan las redes sociales

Frente a ello, muchos señalan que, más que los medios de comunicación, un foco de preocupación deben ser las redes sociales.

En un estudio realizado en 2017, se les pagó a miembros de cada ideología a seguir a bots que re-tuiteaban tuits de grandes figuras políticas, instituciones o incluso cadenas de noticias de la ideología contraria. En el caso liberal, se compartían, entre otros, tuits de Hillary Clinton y ‘Planned Parenthood’ y en el caso conservador, de Donald Trump y ‘Fox’.

Los resultados obtenidos demostraron que dos de las tres hipótesis del estudio eran las acertadas: La exposición a personas con puntos de vista políticos opuestos puede crear efectos contraproducentes que exacerban la polarización política (1). Estos efectos contraproducentes son más probables entre los conservadores que entre los liberales (2).

Después de un mes y medio de estudio, se demostró que los participantes se volvieron más polarizados, en especial aquellos de ideología conservadora. Aunque exista evidencia que interacciones de carácter positivo entre miembros de partidos opuestos puede promover comprensión y desmantelamiento de estereotipos, no existe, hasta la fecha, ningún medio estructurado de esta manera.

¿Cuáles son los factores que explican los resultados? Las bases sobre las que se estructuran las determinadas ideologías. Los conservadores tienden a valorar la tradición y certeza, lo que les convierte en sujetos menos dispuestos a ceder, mientras que los liberales valoran la diversidad y el cambio. Sin embargo, teniendo eso en cuenta, los liberales, tendieron a una mayor polarización, aunque de manera insignificante.

En conclusión, considero que la polarización estadounidense es producto del sistema que existe actualmente en las cadenas de televisión y la manera en la que están estructuradas las plataformas de interacción. En sí, a diferencia de otros países en los que existen partidos de distinta índole, como centro, centro derecha o centro izquierda, los representantes de los partidos demócratas y republicanos, tienden a ser extremos de la línea ideológica y defienden ideales que no están dispuestos a negociar.

Donald Trump no fue el creador del extremismo republicano y conservador, y éste no llegará a su fin con la salida de Trump del escenario político, sólo plantó cara a opiniones que se habían mantenido moderadas hasta el momento. Los medios de comunicación, al darle tanta importancia, una atención nunca vista con ningún presidente, abrieron el paso a un nuevo tipo de periodismo. Ya no hablamos de un periodismo de izquierdas o derechas, es un periodismo basado en la demanda de la audiencia y en figuras que activan nuestras identidades políticas.

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.