La Globalización del Poder, por Andrés Sánchez Cárdenas

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Con el fin de la Guerra Fría, surgieron una serie de teorías que vaticinaban que se establecería un orden mundial en donde las tensiones y los conflictos entre las naciones llegarían a su fin, ya que habría un predominio absoluto del poder occidental y sus ideales a nivel mundial promovidos principalmente por EE.UU, nación que mantendría una hegemonía global por un largo periodo. Si bien dichas teorías parecieron cumplirse durante los años 90, cuando no había nación que pudiera siquiera intentar equiparar el poder duro (medios económicos y militares) de EE.UU; dicho balance de poder empezó a cambiar durante el nuevo milenio a raíz de situaciones como el 9/11; el surgimiento de China y otras potencias emergentes; y la llegada de Putin al poder en Rusia.

Hoy en día, es evidente que la visión de un mundo unipolar, donde EE.UU es la potencia absoluta sin rivales con la capacidad de competir en distintos campos y aspectos, está cada vez más lejos de consolidarse y nos acercamos impetuosamente hacia un mundo multipolar, con diferentes potencias acaparando focos de poder e influencia dentro del sistema internacional. De hecho, podría decirse que las 5 últimas décadas; donde Washington ha sido un punto de referencia en prácticamente todos los acontecimientos y ámbitos de las relaciones internacionales; fueron un periodo sumamente inusual, ya que históricamente la multipolaridad ha sido el común denominador en lo que respecta a la distribución del poder. En ese sentido, es importante resaltar que si bien EE.UU seguirá siendo la nación más poderosa por los próximos 15 ó 20 años, su capacidad para proyectar poder irá decayendo junto con la de sus aliados occidentales mientras los focos de poder se trasladan de Occidente a Oriente o del Atlántico al Pacífico, y naciones emergentes como India, Indonesia y Turquía (además de China y Rusia) irán ganando no solo preponderancia económica (cosa que ya esta sucediendo), sino también militar. Este escenario se irá asemejando cada vez más a la Europa de inicios del siglo XX, donde potencias emergentes con diversos y crecientes intereses ocasionarán situaciones que desafiarán el status-quo.

Por otro lado, si algo han evidenciado situaciones como los conflictos en Siria y Ucrania; el ascenso de ISIS; así como las tensiones en la península de Corea y el mar de China; es que occidente en solitario está perdiendo la capacidad para tomar acciones eficaces a escala global. El poder occidental ya no es suficiente para consolidar una gobernanza mundial efectiva como en los últimos siglos, por lo tanto las naciones occidentales, habituadas a concentrar el poder, deben estar dispuestas a ceder parte del mismo para profundizar el entendimiento y conciliar eficazmente con naciones que no necesariamente siguen los valores occidentales. Además, hoy en día la globalización ha creado una interdependencia económica y social sin precedentes, trayendo una serie de retos denominados por Kofi Annan como “problemas sin fronteras” (terrorismo, narcotráfico, calentamiento global, pandemias, crisis financieras, etc.) cuyas soluciones necesitan mecanismos multilaterales entre naciones de diferentes regiones mas que iniciativas unilaterales de occidente. Asimismo, este enfoque debe considerar a los actores no-estatales, como ONGs y corporaciones multinacionales, quienes ganan cada vez mayor relevancia a nivel mundial.

La historia ha demostrado que las transiciones de poder suelen ser periodos turbulentos y todo parece indicar que estamos ante el principio del fin de más de 400 años de una hegemonía de poder, valores e instituciones occidentales. El sistema internacional actual, con todas sus instituciones y mecanismos, puede hacer esta transición mucho menos turbulenta que en el pasado, siempre y cuando no se subestime la influencia que la RealPolitik puede tener sobre los Estados en declive, reacios a ceder poder, y los Estados emergentes, en muchos casos ansiosos de este.

Contrario a lo que señalaba Francis Fukuyama, no estamos ante el fin de la historia, sino ante el renacimiento de la misma, en una transición hacia la era de la globalización del poder.