La grandeza de ser madre

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Hace unos años un viejo sacerdote jesuita, capellán veterano de la guerra civil española, me contaba que una de las cosas que más le impresionó de los campos de batalla en esa espantosa guerra, era el ver a los soldados heridos o agonizando al borde de la muerte, llamar a gritos a sus respectivas madres. Esta sencilla anécdota nos revela el importante lugar que ocupa la madre en el corazón de las personas. Sin embargo, al ver la realidad actual, no puedo dejar de preguntarme lo siguiente: ¿Cómo son las madres en la actualidad? ¿La mujer de hoy sabe ser madre? Y en todo caso y, aunque suene duro, ¿Le interesa a la mujer moderna, ejecutiva de hoy, ser madre o ello constituye más un “obstáculo” que otra cosa? Hace poco escuchaba una conferencia sobre la “mujer de éxito” de hoy, destacando que cada vez más mujeres ocupaban puestos gerenciales o ejecutivos importantes en empresas de prestigio, percibiendo inclusive altas remuneraciones a la par o mejores que los varones. Sin embargo me preguntaba, ¿Qué deberíamos entender por “mujer de éxito”?

Sin ser machista, siempre he opinado que al igual que el hombre, la mujer tiene todo el derecho del mundo a realizarse en su vocación profesional, esto es, a estudiar, a trabajar, a ser una excelente profesional y, como se diría hoy, a ser “una mujer de éxito” desde la óptica profesional y económico inclusive. Hasta allí todo está muy bien. Sin embargo la cosa se le complica en el buen sentido a la mujer porque, a diferencia del hombre, tiene al lado de su vocación profesional, otra vocación de naturaleza muy especial, única y de contenido mucho más profundo como es la posibilidad de ser madre. Lo natural es que está segunda vocación, una vez que nace, se superponga de forma natural a la primera, esto es, a la vocación profesional. De allí que sea una maravilla ver a muchas mujeres, profesionales de éxito, realizarse como madres, es decir, dedicándoles a sus hijos toda la atención posible, sacrificando al menos por el momento, su éxito profesional. Es por esto que, de un lado, tenemos madres que lo dejan todo por sus hijos, dedicándose por entero a su crianza y educación. Otras, queriendo dedicarse por entero a sus hijos, tienen la necesidad de trabajar y deben sacrificar todo o parte del tiempo que pueden estar con sus hijos, en vistas de trabajar para su mantenimiento y educación. Estas madres son la mayoría en el Perú. Trabajan con humildad y mucha fortaleza desde la madrugada hasta altas horas de la noche, para poderles llevar un pan a sus hijos y tener la posibilidad de brindarles una educación en algún colegio estatal. Son madres heroicas y dignas de la más grande admiración.

De otro lado, también tenemos hoy en día madres que anteponen la vocación profesional sobre todas las cosas. Es lo que hoy se denominan “madres modernas”, “madres yupi” o “madres ejecutivas”: una “mujer de éxito”. Este tipo de madres no tienen tiempo para nada y nos referimos a todas aquellas madres profesionales, que salen corriendo de su casa temprano de madrugada, sin tomar desayuno, pues es más “fashion” comprarte un café en Starbucks a fin de llegar corriendo a su oficina para ver los “correos”, casi sin despedirse de su marido e hijos, trabajando fuertemente todo el día, de reunión en reunión, de comité en comité, atendiendo la computadora, el celular –entiéndase los mensajes en facebook, twitter y whatsapp- y el teléfono fijo al mismo tiempo, almorzando –entiéndase engullendo- cualquier cosa comestible por donde esté, por lo general comida chatarra o “dietas recomendadas” estrambóticas como la del “astronauta” o engullendo la maléfica “nuez de la India”, para luego seguir trabajando -y no perder tiempo en tonterías- hasta bien entrada la noche, para después correr al gimnasio para estar “regias” y algunas a “chequear” al “personal trainer”, llegando tarde a casa, medio agotadas, cuando los niños, e inclusive el marido, ya están casi dormidos por lo que no se conversa ni se comparte nada. Muchas veces inclusive siguen trabajando “temas urgentes” de noche en casa, atendiendo importantes asuntos de trabajo al celular que sigue sonando, incluyendo sábados y domingos a todas horas –amén de los correos y whatsapps- relegando pues a sus hijos y esposo a un segundo o tercer plano, porque “no tiene tiempo”, “es importante”, “es mi carrera”; viaja continuamente por trabajo, asiste a cenas y cocteles importantes, sin contar con trabajar muchas horas los fines de semana para ganar una excelente remuneración, más bonos incluidos, ascensos, viajes, etc. y terminar con alguna de las “enfermedades del éxito” modernas de hoy como una buena gastritis, úlcera, stress, colesterol alto o una deliciosa depresión. Si de depresión se trata, suelen acudir, al igual que en el “desarrollado” mundo de Wall Street, al siquiatra o psicólogo de moda a fin de lograr esa “paz interior” que nunca logra alcanzar, ni practicando Tai-Chi o meditación Zen. Y así todos los días. Este tipo de “madres ejecutivas” abundan sobre todo en el mundo de los países “desarrollados”, lo cual no implica que en el Perú no existan. Aquí también las hay y bastantes. Si esa es una “mujer de éxito”, francamente no la envidio para nada y lo más probable es que termine sola, separada, divorciada o arrejuntada con algún otro “ejecutivo de éxito”, con el mismo “estilo de vida”, pues por lo general, son en extremo egoístas por lo que sólo entre ellos se aguantan, pues no hablan más que de trabajo, dinero, viajes y cosas que compran o ambicionan, pues no conocen otros aspectos de la vida, menos aún a sus propios hijos.

Se trata pues de un “éxito” meramente profesional pero que no refleja lo que en nuestra opinión, constituye en su integridad una “mujer de éxito”. ¿Por qué delimitar el “éxito” de la mujer solamente al campo laboral o profesional? ¿Es que una estupenda madre de familia, que administra bien su hogar cada día y además trabaja, no constituye una “mujer de éxito”? Casi diría que tanto o más complicado que el trabajo en sí, lo es administrar un hogar, educando y dando cariño a hijos y esposo. No es tarea fácil para la mujer moderna trabajar y administrar un hogar. Siempre he sido el primero en defender el legítimo derecho de la mujer a realizarse profesionalmente, trabajando en igualdad de condiciones con el hombre y ganando una remuneración justa y merecida –mis mejores alumnos en la universidad suelen ser mujeres- pero, ¿Por qué, repito, limitar el “éxito” de la mujer sólo al ámbito profesional? Paradójicamente, muchos movimientos feministas han “masculinizado” a la mujer al buscar que se parezca más al hombre en su modo de vida, costumbres, forma de trabajar, de vestir, de hacer deporte, de hablar, etc. cayendo precisamente en aquello contra lo cual luchan: la discriminación de la mujer, pues acaban discriminado al hombre y a todos aquellos y aquellas que no piensen como ellas; favoreciendo el aborto y otros temas que precisamente afectan la dignidad de la mujer que dicen defender, olvidando destacar la grandeza y esencia, esto es, la principal virtud de toda mujer, como lo es su capacidad para ser madre y engendrar una vida. ¿Dónde están estos movimientos feministas –o el propio Ministerio de la Mujer- cuando vemos que a diario se maltrata a la mujer -en la publicidad, en la TV y en ciertos programas, en la farándula y medios de comunicación escritos- al presentar a la mujer como un mero objeto, erótico, sexual o de placer? Ni una palabra o protesta al respecto. ¿Ese es el ideal de “mujer moderna” o de “éxito” que se defiende?

Repito, se ha olvidado destacar la grandeza y esencia de toda mujer, como lo es su maternidad. Todos nacimos de mujer y hasta el mismo Dios eligió venir a este mundo naciendo de mujer. Lo curioso del caso es que celebramos el día de la madre, el don más grande de toda mujer, y sin embargo, de acuerdo con las organizaciones que apoyan el aborto, la mujer tendría “derecho” a “eliminar” a ese ser humano engendrado en sus entrañas, pues es “parte de la mujer” (como si se tratara de órgano, una muela, una amígdala o un apéndice, cuando es una ser humano totalmente diferenciado de la madre), despojando a la mujer de su don más grande, esto es, el dar origen a una nueva vida, para convertirla en asesina de su propio hijo. ¡Vaya forma de defender a la mujer y su capacidad para ser madre! ¡Creen defenderla despojándola de su don más grande! La maternidad engrandece a la mujer. Veamos a la mujer en toda su integridad, en toda su grandeza, evitando quedarnos con una visión parcial, materialista y pobre de ella.

Como bien señala Monseñor Eguren en su mensaje por el día de la madre: “En un mundo que en nombre de una supuesta modernidad cuestiona hoy en día la Maternidad en su verdad natural y sobrenatural, que induce a muchas mujeres a que renuncien a ella en aras de una falsa libertad y promoción, y que incluso bajo un falsificado feminismo reivindica de manera inhumana un supuesto derecho a matar la vida de un hijo mediante el crimen abominable del aborto, queremos recordar que el don maravilloso de la Maternidad sigue siendo esencial en la vocación de la mujer y prioritario para el desarrollo armónico e integral de la sociedad. Urge hoy en día revalorizar la Maternidad como vocación de la mujer…. Con cuánta razón afirmaba recientemente el Papa Francisco: “Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral” (Catequesis 07/01/2015)… Por ello, como sociedad debemos estar al lado de cada mujer que espera un hijo; debemos rodear de atención particular a la Maternidad y el gran acontecimiento de la concepción y el nacimiento del ser humano…”.

Vayan estas líneas en homenaje al heroísmo y coraje de las madres peruanas que día a día luchan por ser estupendas madres, realizando calladamente mil y un sacrificios por sus hijos, velando y entregándose a ellos. ¡Benditas sean todas ellas!