La ideología en ojo ajeno, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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El miércoles de la semana pasada, el colectivo ‘Con mis hijos no te metas’ difundió un video donde un individuo trata de explicar por qué, según él, existe una “ideología” en el currículo escolar. Queda claro que, si en efecto se está tratando de adoctrinar a los niños para seguir una ideología específica, eso debe detenerse, especialmente por lo vulnerables que quedaríamos a cualquier atropello futuro luego de este supuesto precedente. Sin embargo, en el video citado, el argumento empleado por el expositor para justificar la existencia de una ideología en el currículo es -siendo caritativo- bastante mediocre y falaz.

Y es que, de forma muy arbitraria, para sugerir la presencia de la tan publicitada e inventada “ideología de género”, se vale de una sola palabra en un solo extracto del currículo escolar: “Todas las personas, independientemente de su identidad de género, tienen el mismo potencial para aprender y desarrollarse plenamente”. Así, en lugar de explicar por qué, para él y su movimiento, este término sugiere la presencia de una ideología, decide reemplazar por distintas frases, alusivas a distintas doctrinas políticas, la palabra ‘género’. Y, así como así, usted debe quedar convencido de que ahí hay una ideología.

Pero si de forma tan antojadiza puedo cambiar una de las palabras en una frase para hacerla parecer ‘ideologizada’, cualquier frase caería en el vicio que este sujeto acusa. Por ejemplo, tomemos una de las cosas que se dicen en el video: “Los peruanos de verdad vamos a alzar nuestra voz”. Claro, si tacho la palabra “peruanos” y pongo cualquier pachotada que se me venga a la mente, siguiendo el proceso lógico empleado por el expositor, podemos quedarnos con frases como: “Los marxistas de verdad vamos a alzar nuestra voz”, “Los neonazis andinos de verdad vamos a alzar nuestra voz”, “Los proto-socialistas de verdad vamos a alzar nuestra voz”, etc.; y estas demostrarían sobre toda evidencia que este colectivo, a través de la palabra “peruanos” quiere imponer una ideología… Pero, obviamente, así, mi estimado expositor, no funciona la vida.

Y es que, la palabra ‘género’ en el currículo no es indicio alguno de la existencia de una ideología. Lo único que representa dicho término, por su significado real, es el sexo visto desde la perspectiva sociocultural. En un mundo libre, sin la definición arbitraria que los conservadores buscan imponer sobre lo que es bueno y es malo, hablar de que “todos, independientemente de su identidad de género, tienen el mismo potencial para aprender”, solo busca dejar claro que no se puede excluir de la educación a nadie por cómo se entienda a sí mismo como individuo. En otras palabras, si un niño pertenece a la comunidad LGTB, tiene que ser tratado igual que todos y la educación que recibe no puede estar dirigida a decirle que ser quien es está mal, sino a todo lo contrario. Lo mismo sucede con las mujeres. Una niña que prefiere jugar fútbol que jugar con las muñecas –no por falta de femineidad sino por la forma cómo ella quiere vivir su vida–, no merece ser hostigada u obligada a hacer cosas que no quiere, por antojo de un grupo que lo considera incorrecto.

Eso es lo único que busca lograr el currículo escolar y difícilmente se puede asociar con una ideología y ello queda demostrado por las grandes diferencias doctrinales que existen en aquellos que lo defienden (hay liberales, izquierdistas y hasta socialcristianos, etc.). El caso de los que se oponen, sin embargo, es muy distinto. Ahí sí se puede ver un hilo conductor ideológico pues, la gran mayoría de grupos que componen el colectivo “con mi hijo no te metas” se caracterizan por ser cristianos conservadores. Ahí sí se puede acusar con fundamento la presencia de una ideología que quiere imponer su doctrina en la forma cómo se educa a los niños, una doctrina que, por cierto, se caracteriza por tratar de depredar los derechos de las minorías que no se ciñen a sus principios.

Y si cabe algún tipo de duda sobre la naturaleza ideologizada de este colectivo, basta con ver cómo se quedan callados y se olvidan de decir “con mi hijo no te metas” cuando florecen los escándalos de pedofilia en las filas de la iglesia. Fieles al estilo que muy tristemente ha caracterizado a muchas ramas del cristianismo, se hacen de la vista gorda y la defensa que con tanto orgullo pregonan, se va al tacho.

Pero claro, están en todo su derecho y pueden decir lo que quieran, así como pueden usar cualquier método lícito para lograr su causa (pueden seguir desinformando, mintiendo y propagando miedo entre los padres si así lo desean). Sin embargo, convendría que, antes de buscar una ideología inexistente en ojo ajeno, sean sinceros y acepten que, en realidad, la ideología la tienen ellos, y en toda la cara…

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