La Iglesia católica suple al Estado en la crisis, por Federico Prieto Celi

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La Prelatura de Yauyos, a través de Cáritas Yauyos y las parroquias, está ayudando con

alimentos a más de cien mil familias; y tan pronto se acabaron las medicinas en los servicios de salud, Cáritas ha tenido que adquirirlas para darlas a la población. La provincia de Cañete, sede de la Prelatura de Yauyos, tiene el mayor número de contagios de la Región Lima-Provincias. Los hospitales están colapsados.

Pasemos de Cáritas Yauyos a Cáritas Lurín, que ha repartido ya, al momento de escribir

estas líneas, 143 mil canastas de víveres a las personas más necesitadas. Todo comenzó al día siguiente del confinamiento social obligatorio, cuando 47 personas se presentaron al local de Cáritas solicitando alimentos, porque no tenían qué comer. Entre los que ayudaron estuvieron el chef Gastón Acurio, Paolo Guerrero y Alondra García Miró, que pudieron recaudar 200 mil soles, que ya han sido invertidos.

Pasemos ahora a Cáritas Huancavelica, que reparte comida a la gran cantidad de habitantes que, siendo normalmente pobres -83% de la población vive en pobreza-, están en extrema pobreza a causa del confinamiento social obligatorio. Tanto los que residen todo el año en alguna de las siete provincias huancavelicanas, como los que han regresado de grandes ciudades, donde tenían trabajo informal, requieren de una atención integral.

Desde la parroquia de santa Ana de la capital de Huancavelica -la más antigua de la ciudad, de la que dependen muchas comunidades rurales dispersas de habla quechua-, el párroco distribuye alimentos a católicos y protestantes. Hay unos cincuenta sacerdotes que, acompañados por voluntarios, reparten víveres a la población de toda la región.

En cuanto a los casos de coronavirus, en Huancavelica no hay muchos contagios en comparación con la costa, pero la situación socioeconómica es alarmante. Como en todos los sitios, declara un sacerdote, “esta extraña restricción de la vida normal está provocando una cadena de problemas económicos, sociales y espirituales. El tiempo nos dirá si ha sido peor el remedio o la enfermedad. A los adultos les recuerda la oscura y reciente época del terrorismo marxista de Sendero Luminoso”.

En el Vicariato de Iquitos, el vicario hizo noticia por convocar a la población para recibir dinero suficiente para para hacer funcionar plantas de oxígeno ante la pandemia de coronavirus y comprar medicinas. Ahora, el Vicariato ha tenido que denunciar sabotaje que impide el ininterrumpido funcionamiento de las plantas, lo que le ha obligado a contratar personal privado de seguridad, reduciendo el dinero dedicado a la compra de medicamentos.

La autoridad eclesiástica ha hecho la denuncia respectiva a la policía nacional, que está desbordada de trabajo y no cuenta con los indispensables equipos individuales de protección ante el coronavirus, que desbasta a la población de Loreto. Ello, pese a que hace poco el gobierno renovó el personal sanitario llegado de Lima, para el descanso y recuperación de los que había enviado antes. Un sacerdote ha declarado que “llegan toneladas de medicamentos y vemos que en los hospitales no hay. En estos días. la policía, con la fiscalía, ha encontrado medicamentos del Ministerio de Salud que se estaban vendiendo a precios altos en boticas y establecimientos informales, a precios elevados. Esas mafias están matando a la gente, comentó el sacerdote”.

Las autoridades del gobierno central, de las regiones y de las municipalidades, que representan al Estado, están quedando mal por su ineficiencia, además de su insuficiente capacidad para remediar pronto las deficiencias, cubrir las necesidades de medicamentos y evitar que las mafias se roben equipos y remedios, así como obstaculicen el trabajo del personal de salud.

La Iglesia católica está supliendo con valentía y laboriosidad la carencia de autoridades responsables y de recursos suficientes para atender a la población, como estamos viendo. Mientras en muchos lugares los sacerdotes pueden atender a los enfermos graves, en Lima y otras ciudades importantes, no se facilita esta tarea espiritual y religiosa, dejando a los moribundos a su suerte.

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