La Integración Europea en una Encrucijada

1.493

El domingo 5 de julio los griegos decidieron rechazar las condiciones de los acreedores sobre un nuevo plan de rescate en un referéndum altamente polémico. El resultado fue interpretado por muchos en Europa como una victoria de la democracia contra la austeridad impuesta por la tecnocracia europea (BCE y Comisión Europea) y el FMI. Otros líderes políticos, incluyendo a Junker (el presidente de la Comisión Europea), dijeron que un «No» era sinónimo de una salida de la zona del Euro. El referéndum ha resultado ser una gran farsa para la democracia. Al escuchar ambos puntos de vista antes del referéndum, la consecuencia lógica del «No» hubiera sido que Tsipras mantenga su oposición a la austeridad, lo que probablemente hubiese precipitado la salida de Grecia, pero los efectos han sido distintos. Al contrario, Alexi Tsipras volvió a Bruselas la semana pasada con un plan de reformas prácticamente idéntico al que él mismo y sus ciudadanos acabaron de rechazar. Es el resultado del daño que han hecho varios meses de negociaciones particularmente duras, en un contexto institucional único en el mundo: el de una unión monetaria entre estados soberanos.

Desde hace 5 años, Grecia se encuentra fuera de los mercados de capitales, lo que significa que depende de los préstamos de la Troika para sus necesidades de liquidez. Sin embargo, los tratados europeos no permiten que otros países de la zona europea financien a un estado, y muchos líderes europeos temen que hacer una excepción para Grecia podría abrir la puerta para que otros países más grandes como España, Italia o Portugal pidan el mismo tratamiento en el futuro. En otras palabras, si Grecia no paga su deuda, habrá una violación de las reglas europeas si se queda en la zona euro. Esa es la manera “alemana” de ver al asunto. Sin embargo, los mismos tratados no contienen reglas sobre el proceso de exclusión de un país de la zona euro: legalmente no se puede forzar un país a salir de la zona.

Dentro de este contexto, se enfrentan dos lógicas que parecen contradictorias: la ejecución y la credibilidad de las reglas, y la irrevocabilidad de la unión monetaria y Europa. Las dos cosas son esenciales, pero son muy distintas políticamente. La ejecución de reglas es importante para el buen funcionamiento de la unión, y porque son las reglas del juego; pero la irrevocabilidad tiene que ver con algo mucho más sensible: la esencia del proyecto de integración. Ahora Europa ha llegado a un punto en el que precisamente hace falta elegir dónde está el límite entre estos dos conceptos, tomando en cuenta que Europa está compuesta de estados soberanos

En cara al futuro, la cuestión más importante es precisamente la consecuencia que esta crisis tendrá sobre el proyecto de integración europeo. Estamos en una encrucijada, y el resultado de las negociaciones con Grecia va a tener consecuencias comprometedoras para el futuro del proyecto europeo. Un escape griego no solo significaría el fracaso de la unión monetaria, que tenía como objetivo fomentar la integración política, sino que también iniciaría un proceso de desintegración que puede resultar muy peligroso.

Por lo tanto, más que nunca, los que creen en el proyecto europeo deben mostrar valentía política y hacer las concesiones necesarias, viendo más allá de los intereses domésticos y del populismo. Desde mi punto de vista, no hay alternativa: Grecia tiene que permanecer en la zona del euro. El argumento que hay que castigar a todos los griegos por los errores que cometieron algunos de ellos no tiene fundamento. Es cierto que la corrupción, evasión de impuestos, y mentiras de los gobiernos pasados contribuyeron a crear la crisis de la deuda, pero también queda muy claro que ha sido un error enorme imaginar que una zona monetaria con países tan diferentes iba a prosperar naturalmente. Ahora, Europa tiene la obligación moral de ayudar a los griegos.