¿La Izquierda sucumbe con Humala y Villarán?

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Mucho se habla sobre el futuro de la izquierda tras el desastroso gobierno municipal de Susana Villarán y la no menos mediocre gestión de Ollanta Humala. Definitivamente entre ambos hay diferencias pero qué duda cabe que fueron presentados antes sus electores como la esperanza de esa izquierda añeja, que en antaño tuviera espacios importantes en la política peruana.

Villarán, actual alcaldesa de Lima, presentó en campaña una izquierda aparentemente liberal, moderna, muy similar a la de Michelle Bachelet en Chile. Eso fue lo que vendió, pero tenía en sus filas gente retrograda como los miembros de Tierra y Libertad de Marco Arana. Hay que recordar que Marisa Glave, ex regidora e integrante de ese grupo hablaba de las grandes inversiones para Lima pero rechazaba con contundencia Conga y otros proyectos mineros importantes para el país. Ese doble discurso de Villarán y del grupo que la acompañaba no sólo fueron desterrados con la revocatoria de marzo de 2013, también pusieron entre las cuerdas a la izquierda que casi por casualidad se había hecho del poder en el municipio de Lima.

La izquierda moderna de la que tanto hablaba Susana Villarán no era más que palabras que terminaron en gestiones deficientes, sin mayores logros y con costos altísimos de popularidad. El desastre de la alcaldesa es el derrumbe de la izquierda, por los menos en Lima.

En el caso nacional no debemos olvidar que Ollanta Humala le dio una gran patada a los zurdos antes de la segunda vuelta presidencial del 2011. El militar en retiro vino con las banderas de la izquierda radical desde 2006. Continuó con el mismo discurso cinco años después pero ni bien comenzó su gobierno y ante las presiones de la oposición los botó de su régimen. Realmente el presidente usó a la izquierda para ganar su pase al balotaje, luego los traicionó sin mayor remordimiento.

No hay que olvidar que en los primeros años del mandato de Humala la izquierda salió de la bancada oficialista. Rosa Mávila, Manuel Damert, Veronika Mendoza son sólo algunos de los disidentes que ahora son oposición y que tienen cierta voz en el Parlamento.

Del gabinete de Humala no se puede hablar mucho cuando queremos contabilizar zurdos. Tras la salida del Gabinete de Salomón Lerner Ghitis los equipos de Humala intentaron derechizarse, claro todo tras la anuencia de Nadine Heredia. El resultado fue respetar el libre mercado, disminuir la pobreza pero no hacer reformas realmente importantes para pasar a la historia.

En los gobiernos regionales las cosas son distintas. Si bien es cierto que los problemas legales parecen desaparecer del panorama político a Gregorio Santos, ex presidente regional de Cajamarca y principal promotor del desorden social y la no inversión, varios candidatos anti mineros asoman con gran posibilidades en los sondeos para las elecciones municipales y regionales del 5 de octubre.

Todo eso nos da a entender que si bien Ollanta y Susana son hijos de la izquierda que aspiró a gobernar pero que al hacerlo lo hizo de manera inadecuada o simplemente se apartó de sus bases, el espacio para candidatos con ideas radicales y anti inversión lamentablemente aún existe, sólo es cuestión de ver qué personaje pintoresco aparece en el ruedo en los próximos meses o años para comprobarlo.

La no estructura de los partidos políticos hace que el famoso outsider aparezca con facilidad en las próximas elecciones presidenciales. Hay descontento, hay desinformación sobre la inversión, hay desigualdad, la pobreza aún es alta, hay iniquidad y hay conflictos sociales.

Con todos esos factores la izquierda radical tiene espacio y no está representada por Marco Arana o el Frente Amplio de Salomón Lerner Ghitis, ese tipo de izquierda está ahí pero aún sin un liderazgo claro. No olvidemos que las sorpresas no se dan un año o dos años antes de una elección, sino más bien meses o semanas antes de que la campaña comience.

La izquierda radical, el candidato antisistema, es producto del descontento de un país que dice crecer pero que experimenta desigualdades. Pero no se puede gobernar con un 30 %, que es el que logró Humala en la elección de abril de 2011. Ese porcentaje sirve para pasar a la segunda vuelta pero luego se necesita sincerar las cifras, los planes y la realidad del país. Decir, por ejemplo, que no somos un país minero es una gran mentira. Agua y oro es el lema porque de otra manera no progresaremos.