La libertad interior, por Verushka Villavicencio

"El dolor de otro ser humano como el nuestro nos reta a reinventarnos. Pero no podemos hacerlo sino somos conscientes que tenemos un mundo interior dividido"

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Monseñor Carlos Quintero, en Colombia efectúo un experimento social. Se disfrazó de mendigo e ingresó a una charla a la cual citó a su feligresía para reflexionar sobre las acciones a seguir con los pobres de su comunidad, sobre todo ahora, a raíz de la pandemia. Sus feligreses, lejos de acogerlo sumaron para retirarle del lugar, pues estaba mal vestido, olía mal y su indigencia les afectaba emocionalmente. Monseñor fingió caerse en medio de sala, nadie se dirigió a auxiliarlo, sólo el personal de seguridad se acercó. Grande fue la sorpresa de todos, cuando aquel mendigo subió al atrio y comenzó a develar su identidad. ¿Por qué no somos fraternos con el pobre sufriente? Esta fue la oportunidad para que monseñor Quintero convocara a un cambio de comportamiento que logre hacer nuestro, el dolor del otro y actuar desde el referente de una Pastoral Social en Armenia, Colombia.

El dolor de otro ser humano como el nuestro nos reta a reinventarnos. Pero no podemos hacerlo sino somos conscientes que tenemos un mundo interior dividido. Las preguntas sobre nuestro entorno y cómo ha cambiado con la pandemia, la muerte de nuestros seres amados, la falta de empleo digno, las carencias en nuestros hogares, etc. Desde esa división, ¿cómo podemos ser solidarios con otros si no sabemos cómo actuar con nosotros mismos? Aparentamos lo que no somos. La apariencia es también el gran develamiento del experimento social de monseñor Quintero, pues nadie ayudó al mendigo, siendo personas que trabajan para dar alivio al dolor humano de ciudadanos que viven en la calle. Cuántas veces hemos adoptado una posición similar, al voltear la mirada, al cerrar la luna del auto, al hacer nuestro trabajo sin involucrar nuestro afecto por el otro. Estas divisiones tienen un origen y no nos permiten avanzar. Estas divisiones frenan nuestra libertad interior porque asumimos una posición que implica que lo exterior a nosotros es lo único que marca nuestra historia. Estas divisiones nos generan heridas a lo largo del tiempo. Vivimos para lo exterior y no lo interior.

¿Por qué los trabajadores de la pastoral social de Armenia no ayudaron al mendigo? Qué les recordaba ese hombre indigente a cada persona que se cambió de lugar, que lo miró con desprecio o que evitó mirarle. Estamos viviendo una desconexión profunda que se ejemplifica en la ausencia de la presencia de Dios en nuestras vidas porque no hemos aceptado la idea de que esta vida no lo es todo, sino un escenario que nos prepara para la eternidad. El miedo a la muerte y al dolor, son las anclas que nos impiden vivir la vida con alegría a pesar de su dureza.

Estamos arrastrando heridas físicas, psicológicas y espirituales que debemos sanar para poder continuar, de lo contrario ningún programa de salud mental será suficiente para reponernos. No basta con una buena nutrición, ejercicio físico, manejo de emociones y del stress, brindar abrazos y permanecer ocupados. Se trata de ser realmente “libres” en la medida que afrontemos lo que podemos cambiar y aceptemos aquello que escapa a nuestro control con una actitud, no de resignación, sino de reconciliación con nuestra historia personal. Ser libres no es sólo un ejercicio externo de libertad individual sino un ejercicio para dominar nuestro mundo interior. Jacques Philipe en su libro “La libertad interior” dice que la verdadera libertad cuenta con la posibilidad de creer, de esperar y de amar. Nadie lo podrá impedir jamás”, con la confianza puesta en Dios. El autor considera que esta es la verdadera libertad pues nadie puede impedirla.

Busquemos aquello que realmente nos hace libres en nuestro interior. El camino nos irá devolviendo lo que somos a la luz de la fe.

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