La literatura y el siglo XXI

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Al comenzar esta columna, creo pertinente situar la literatura en el tiempo y espacio actual, es decir en este siglo XXI. Curiosamente, cuando indico que soy profesora de literatura, la reacción que generalmente observo es de un interés relativo y hasta de condescendencia. Eso me llevó a cuestionarme sobre qué es la literatura para la civilización de hoy. ¿Cuál es su importancia en este mundo globalizado, caótico y ecléctico que nos toca vivir?, ¿vale la pena leer libros que cuentan historias pasadas escritas por personas que ya no existen? Quizás meditar sobre estas preguntas no nos vendría mal para ensayar algunas respuestas.

Este año se cumplen tres lustros desde el inicio del tercer milenio. El avance de la tecnología informática sigue su multiplicación exponencial llenando de pantallas grandes y pequeñas todos los espacios, tanto privados como públicos.  Es la era visual; la imagen predomina en todos los campos y, por supuesto, también en el mundo de la cultura. La premura por sacarle tiempo al tiempo nos absorbe; eso significa tomar atajos en la adquisición de los conocimientos que nos permitirán lograr los objetivos trazados. Pero, al leer un texto escrito debemos cavilar, ponderar, analizar y criticar. Estos son verbos inevitables ante la literatura, pero hoy en día poco se les conjuga en primera persona.

Empecemos la reflexión. Primera pregunta: ¿qué es literatura? La respuesta varía según la perspectiva del que responde. Algunos críticos literarios la consideran como el conjunto de obras con propiedades formales, estructurales y de sentido inserto en un sistema cultural. Otros adscriben a las obras el concepto de literariedad, concepto que se explica como la convención a que se llega para determinar qué es y qué no es obra literaria. Desde una perspectiva personal, la literatura es la forma en que el hombre traduce el mundo que lo rodea una vez que logra penetrarlo, incorporarlo y personalizarlo; luego, con la magia de la palabra escrita, lo vuelve fascinantemente cercano e inteligible.

Segunda pregunta: ¿Por qué es importante la literatura en este caótico y ecléctico mundo globalizado? La respuesta se deriva del concepto de literatura. Si el escritor es esa persona con la cualidad de observar el mundo con ojos distintos y con la calidad para traducírnoslo, entonces la literatura no solo es importante, sino esencial para saber qué somos, quiénes somos, en qué mundo vivimos y hacia dónde vamos. Si no nos percatamos de estas variables cardinales, ¿cómo nos daremos cuenta de los dilemas que nos rodean y qué herencia estaríamos dejando a las siguientes generaciones? Dicho lo anterior, cae por propio peso la importancia de cavilar y ponderar sobre los temas que los literatos nos proponen para después analizar y criticar las posiciones que optamos ante dichos temas.

Tercera pregunta: ¿Vale la pena leer libros de temas quizás irrelevantes para esta época, escritos en el pasado por personas que no podían haber adivinado los problemas que hoy nos aquejan? ¿Para qué leer una obra si se la puede ver en el cine? La respuesta es sí vale la pena. El cine es otro medio, es distinto a la palabra escrita. En el cine la perspectiva es plural, en la literatura es singular. Una obra literaria es una conversación entre dos. De un lado están los escritores percibiendo el mundo que les rodea, intuyendo el conflicto del hombre ante sí mismo, ante su tiempo y ante la sociedad. Del otro lado están los lectores, reconstruyendo ese mundo percibido, asumiéndolo como suyo, percatándose de su finitud frente al universo que se le abre en las páginas del libro.

Reflexión final: Grandes figuras de la literatura clásica como Odiseo, Edipo, Antígona, Medea, Ifigenia y muchos más nos llevan a recapacitar sobre temas como la búsqueda del ser, el asumir la responsabilidad de los propios actos, el sacrificio del día a día, las injusticias de la discriminación, el abuso del poder, entre otras cuestiones. El debate que originaron fue relevantes hace tres mil años atrás y sigue vigente en la actualidad. Por eso reitero: leer literatura en el siglo XXI sí vale la pena.