La lucha de Don Jorge, por Luis Enrique Baca

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Era un día frío en Ginebra  y yo tenía una cita para un tour por el CERN (Conseil européen pour la recherche nucléaire) a las 11 am. Salí con el tiempo justo a tomar el tranvía que me llevase ahí (el 18). Nunca me imaginé lo que sucedería minutos después de subir.

Cuando esperaba en la estación, un hombre de unos 60 años me escuchó hablar español y me preguntó algo sobre un curso de francés online, para su nieta. Le di los nombres de las páginas y aplicaciones que conocía y rápidamente le pregunté de qué país venía. Era peruano. Entramos al tranvía y conversamos un rato sobre la situación de Lima. Me dijo que vivía hace 16 años y que el año pasado recién había visitado Lima. Que la delincuencia estaba terrible y que hoy en día te matan por un par de zapatillas. Yo no podía creer lo que pasaría después. Antes de bajarse me dijo su nombre y me entregó una tarjetita, como de presentación, pensé. “Esto es para que sepas por qué estoy aquí”- me dijo, y bajó tranquilamente del tranvía. Yo, a decir verdad ni miré bien la tarjeta y la guardé. Pensaba que era para contactarlo en temas de trabajo y eso y por eso no le di mucha importancia a la tarjeta.

Sin embargo, y como me quedaban por lo menos 25 minutos de camino al CERN que está casi a la frontera con Francia, saqué la tarjetita y la miré con atención. Salía el nombre del señor, un número telefónico y un link. Lo que me llamó la atención era el nombre de la página web: amihija.webnode.es. Por curiosidad entré a la página, pues nadie te entrega una tarjeta así nomás, mucho menos con un link. Eso sumado a lo último que me dijo don Jorge, hizo que entrara a la página web. Entre lo que encontré ahí estaba otro vínculo con un link de un conocido periódico peruano. Entré y me encontré con una historia escalofriante, y entendí por qué Don Jorge está aquí y creo que escribiendo esto es una forma de aportar un minúsculo granito de arena para que aquel hombre con el que sólo pude hablar una vez (no puedo realizar llamadas en Suiza).

Resulta que la hija de Jorge fue asesinada hace más de 17 años aquí en Ginebra. El por qué y el quién carece de importancia. El tema aquí es que aún no encuentran el cuerpo y Don Jorge vive aquí desde 2001 buscándolo. Hace 17 años. 17 años sabiendo que su hija murió y sin poder darle el último adiós. 17 años, imagínense. En el caso de Ciro Castillo, la búsqueda duró 6 meses y tuvo la cobertura de medios por doquier, no digo que no la debió tener, pero aquí ha pasado muchísimo más tiempo. Aquí son 17 años que Don Jorge sigue buscando a su hija. El asesino, hoy ya preso, ha dejado de ser interrogado y es el único que sabe dónde está el cuerpo.

La valentía de Don Jorge es admirable. Se mudó a Suiza a sumergirse en una lucha, entre juicios y todo por amor a su hija, y sigue de pie aun sabiendo (no esperando) lo peor. A su hija le quitaron la vida. Y a él no pueden quitarle el derecho de darle el último adiós. Eso es inhumano. Y es más inhumano que el gobierno peruano no ayude a Don Jorge, que viajó a Lima el año pasado  a buscar ayuda en la embajada, y se negaron. ¡Cómo no va a estar desesperado si lo que están haciendo con él es una absoluta crueldad! Su hija pasó cosas terribles con su asesino que prefiero no mencionar por respeto a su memoria y si bien no conozco a Don Jorge y sólo hablamos esos 10 minutos en el tranvía (cabe resaltar que en ningún momento me mencionó lo que le había pasado mientras conversábamos), puedo decir que admiro la valentía de un padre que lleva luchando 17 años por justicia para su hija. Y no puede ser que el gobierno, que tanto se jacta de ayudar a los necesitados, no interceda por él.

La historia que leí en aquel artículo rondaba y rondaba mi cabeza, incluso hasta hoy. Quería hacer algo al respecto. Creo que por algo el señor Jorge se cruzó en mi camino ese día. Y quiero aprovechar el espacio que generosamente Lucidez me ha dado para hacer un llamado a la gente y ayudar a Jorge. Compartamos esta columna, ayudemos al señor Jorge, su lucha no está perdida y seguramente vale la pena. Hay formas de contactar a la embajada. No es una lucha imposible. Podemos discrepar en mucha cosas: religiones, política e incluso fútbol. Pero creo que todos estamos de acuerdo en que todo padre tiene derecho a sepultar a sus hijos. #TodosestamosconJorge