La Mafia Reeleccionista de 2021, por Federico Prieto Celi

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En la penúltima página de sus Metamemorias, Alan García Pérez bautiza el afán de algunos políticos actuales de permanecer en el poder más allá de lo que les corresponde como ‘La Mafia Reeleccionista de 2021’. García nos deja como legado su preocupación por la prolongación en el poder de quienes ahora lo detentan. Martín Vizcarra un día dijo querer irse el 28 de julio de 2020 y ahora afirma que se irá el mismo día del 2021. Pero que sus adherentes piensan que con un parlamento mayoritariamente favorable [mayoría que buscan prefabricar de cualquier manera: lo estamos viendo], se puede prolongar el mandato presidencial por cinco años, a partir del día que tomó la posta de su antecesor, el renunciante Pedro Pablo Kuczynski Godard, malinterpretando el concepto constitucional del quinquenio por plancha presidencial.

Subraya García en su libro que el respeto al mandato democrático de cinco años por plancha presidencial es fundamental; y que quienes hayan intentado prolongarlo, o quienes lo prolongaron de hecho, cavaron históricamente su tumba política. Una advertencia para el presidente Martín Vizcarra, que ocupa el cargo de  un mandato que se inició el 28 de julio de 2916 y que termina indefectiblemente el mismo día de 2021. [En realidad, yo pienso que a partir del cierre anticonstitucional del Congreso, le corresponde ocupar la silla de Pizarro a Mercedes Aráoz, vicepresidenta de  la República. Vizcarra se ha auto-ilegitimado ese día con el atropello fáctico al parlamento].

Fueron las Fuerzas Armadas quienes decidieron que Vizcarra se quedara en la casa de Pizarro y los congresistas se fueran a sus casas. Son ellos, otra vez, los que ven desde el palco de sus cuarteles lo que hacen el Tribunal Constitucional, el Jurado Nacional de Justicia, el Jurado Nacional de Elecciones, etcétera. Y luego, deciden convalidar fácticamente sus conductas. Las Fuerzas Armadas, a pesar de que son no deliberantes, no pueden mirar a otro lado cuando el país cae en una situación de hecho; y  en efecto, lo hicieron pero para apoyar la burla de la ley [y eso es burlarla también].

García pone punto final a su libro, según confesión propia, el 31 de diciembre de 2019, hablando de que cualquier cosa le puede pasar el 2020, como un grato reencuentro con sus seres queridos o, más allá de la vida y de la muerte, como dijo Manuel Seoane, ‘cuando solo sea polvo en viaje a las estrellas’. Diría que de las sugestivas motivaciones de sus memorias, ahora con valor de testamento, destaca a corto plazo su afán por afirmar que no se ha vendido al corruptor, mientras que la corrupción lo ha rodeado por todas partes, escándalo que critica en lo que tiene de manipulación de unos y otros. Confesión subjetiva que todo ciudadano tiene derecho a hacer en defensa propia, mientras no se demuestre lo contrario, y un juez o magistrado honrado lo ratifique en una sentencia condenatoria. Claramente, condena la injusta persecución judicial contra Keiko Fujimori.

Los electores tenemos, cada uno, un voto en la mano. Sujeto a dudas y errores. Sujeto a manipulaciones posteriores. Sujeto a engaños en los resultados. Podemos elegir bien el 26 de enero, pensando que ese voto vale democráticamente, a pesar de los pesares. Veremos si quienes serán elegidos cumplen con la Constitución y las leyes. O si se doblegan ante el poder fáctico y ante las Fuerzas Armadas, que serán a la postre el tribunal inapelable que decidirá quién será el presidente de la República el día que festejemos los doscientos años de la proclamación de la independencia del Perú.

Triste escenario, por cierto, para unas celebraciones del bicentenario de la República. En vísperas al 28 de julio de 1921, para alarma del presidente Augusto B. Leguía, se quemó parte del Palacio de Gobierno. Dios quiera que en vísperas al 28 de julio de 2021 no se queme todo el Palacio.

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