La marcha de los cuatro suyos de PPK, por José Andrés Tello

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Estamos ante una coyuntura marcada por un punto de quiebre dentro de lo que podemos denominar el icono de la polarización política peruana del siglo XXI, el Fujimorismo-Antifujimorismo.

Durante el presente proceso electoral Pedro Pablo kuczynski inicio su campaña ubicado cómodamente en segundo lugar hasta que a lo largo de la primera vuelta fue sobrepasado o casi alcanzado por otros candidatos como Julio Guzmán, Cesar Acuña y Veronika Mendoza. Lo concreto es que durante la primera vuelta PPK nunca tuvo una votación propia, consolidada en torno a su candidatura que le permita pasar a segunda vuelta con opciones de triunfo frente a la candidata Keiko Fujimori, quien permanentemente estaba primera en las encuestas gracias a los cinco años de trabajo político que traía a cuestas. Eso se evidenció, cuando gracias al voto de miedo contra la candidata de izquierda Veronika Mendoza, PPK llegó al ballotage.

En ese sentido, durante esta primera vuelta podríamos decir que PPK fue el alumno que aprobó el curso con un once bien puesto, eso si consideramos que a pesar que algunos candidatos fueron tachados o excluidos de la carrera electoral, ello no basto para que PPK tenga que recurrir a un ataque sin cuartel contra el resto de sus rivales en carrera, algunos, recientemente aliados políticos suyos; en aras de ocupar finalmente un segundo lugar que, reiteramos, fue obtenido principalmente en base al voto de miedo de un elector como el peruano muy acostumbrado a opciones más moderadas que radicales.

En lo que respecta a esta campaña de segunda la vuelta, la misma empezó de mal en peor. ¿Por qué?, pues porque se enfocó en optimizar el antifujimorismo existente, perdiendo el norte de toda campaña política exitosa: El candidato y sus propuestas. De esa manera es como tenemos a un PPK que ataca a Keiko permanentemente a través de la figura de su padre. Este enfoque del ataque, que bien podría denominarse ataque por el ADN, se basa en un determinismo lesivo a la dignidad de la persona humana en la medida que plantea que el hijo de un ratero, corrupto, violador de derechos humanos, etc., sigue la misma suerte que su progenitor de forma natural.

Este tipo de enfoque en que se basa el ataque por ADN constituye un argumento anacrónico contra Keiko Fujimori, que a la larga más que afectar su candidatura, en mi opinión la ha terminado victimizando, incluso durante los debates presidenciales que se han llevado a cabo recientemente. Esta aún fresca en la memoria esa frase de “Hijo de ratero también es ratero” dicha por PPK durante un discurso en San Miguel, frase respecto a la cual no le quedó otra que rectificarse públicamente. Lo penoso es que luego dicha frase trato de ser justificada por quien quizás es uno de los técnicos más brillantes de su equipo de Plan de Gobierno, me refiero al mismísimo Gino Costa.

Lamentablemente este enfoque errado del propio candidato ha sido maximizado por voceros como Mercedez Araoz, quien hizo un uso indebido e incluso inmoral de un tema tan sensible como el de las madres esterilizadas, todo siempre en aras de descalificar a Keiko Fujimori no sólo como candidata, sino también como mujer y madre en base a una política absolutamente repudiable dada por su padre.

Los debates donde PPK y sus técnicos que pudieron marcar la diferencia no lograron dicho objetivo. Mala comunicación política, excesos de pullas entre él y Keiko y, sobretodo, mejores reflejos políticos de esta última sumaron en contra de PPK, según los últimos sondeos de opinión publicados antes de la restricción.

Es así como ahora viene la batalla final de PPK, aquella en la que se jugará el todo por el todo. Dicha batalla, en mi opinión la hará con aliados que representan más una resta que una suma, como ha quedado demostrado en el caso de Alianza por el Progreso de Cesar Acuña, alianza que no ha impactado para revertir el apoyo del electorado norteño a favor de Keiko, al extremo que se ha convocado a Daniel Urresti para la batalla final en norte del país; o aliados como Julio Guzmán, con un voto crítico, que viéndolo bien más es un voto antifujimorista cerrado que un voto consciente de las virtudes propias de aquel candidato que quieren como Jefe de Estado; o aliados como Susana Villarán, quien será recordada como una alcaldesa ineficiente y sedienta de poder, que incluso quiso ir a la reelección en el cargo a pesar que durante su revocatoria negó dicha posibilidad o, que en el colmo de la cintura política, candidateo como vicepresidenta en la fallida fórmula presidencial de Urresti; o finalmente, aliados como Veronika Mendoza, quien de mala gana le da a PPK un apoyo abiertamente antifujimorista, reduciéndolo al simple factor o elemento interviniente para que Keiko no llegue a Palacio de Gobierno.

Quiero agregar, que la actitud de Veronika que es muy democrática, también resulta ser muy consecuente frente a un aliado coyuntural que en algún momento le increpó que ella nunca había trabajado en su “perra” vida. Los políticos son dueños de su silencio y esclavos de sus palabras.

Hoy 31 de mayo de 2016, PPK sale con sus aliados y un gran número de grupos antifujimoristas a una marcha contra la candidatura de Keiko Fujimori. Sin duda, busca ganar apostando el todo por el todo en esta empresa o, en su defecto, morir de pie y consecuente con lo que fue su desde un inicio una muy mal enfocada campaña de polarización contra el Fujimorismo. Estamos pues, ante un PPK que emula, muy a su estilo, a quien fuera su jefe el ex presidente Alejandro Toledo en su famosa y hoy más que nunca recordada Marcha de los Cuatro Suyos.

Finalmente, espero que PPK a pesar de su evidente desesperación pueda obtener algunos reditos políticos a favor de su candidatura durante esta marcha. Sin duda, él a todas luces tiene los argumentos propios, ojo, reitero, “los argumentos propios” para ser un buen Presidente del Perú sin la necesidad de equivocadamente haber recurrido a un antifujimorismo que a la larga ha terminado por opacar sus enormes cualidades personales y profesionales.