La memoria no tiene autor, por Adrián Torres

«El proyecto presentado por Perú Libre (específicamente, por el congresista Abel Reyes), que tenía el fin de controlar los medios de comunicación, por lo tanto, contradice en todo sentido el lema que su presidente tanto se empeña en repetir: la reivindicación del pueblo nacional».

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La memoria no tiene un único autor: tiene varios, y cada uno con una perspectiva más distinta que la otra. Sin embargo, es justamente de esta forma en que la manera en que se recuerda un periodo, proceso o acontecimiento se enriquece. Todas las voces, por ello, deben ser escuchadas, contrapuestas, examinadas con detenimiento y, en base a ello, se crea un discurso que pasará a formar parte del imaginario colectivo de lo que hoy se conoce como la sociedad peruana, que, a su vez, es la base de la república aún en construcción.

En este contexto, los medios de comunicación se han convertido en una fuente ineludible para la memoria nacional. Entre los archivos de los distintos periódicos que circulaban durante las décadas de los ochenta y noventa, por ejemplo, se encuentran titulares que no sólo sirven como puerta hacia el pasado para poder observar el modo en que los peruanos tomaron noticia de cuanto sucedía durante la época del terrorismo en el país: también permiten reflexionar acerca de cómo esto que se encontraban leyendo en formato de primicia caló en sus consciencias y los llevó a vivir de una determinada manera: con miedo.

Quien controla el discurso, tiene el poder de moldear la memoria colectiva, y, por lo tanto, la historia del país. A la par de ello, al extirpar la libertad sobre el recuerdo, la verdad desaparece, ya que todos quienes tienen una perspectiva diferente sobre lo narrado, pierden la oportunidad de seguir construyendo la remembranza. Es así como la verdad se difumina en la ficción, que, posteriormente, será repetida y enseñada como si fuese auténtica historia.

El proyecto presentado por Perú Libre (más específicamente, por el congresista Abel Reyes), que tenía el fin de controlar los medios de comunicación, por lo tanto, contradice en todo sentido el lema que su presidente tanto se empeña en repetir: la reivindicación del pueblo nacional. El pueblo somos todos, y, por lo tanto, todas las voces valen, y son estas las que cimientan la historia del proyecto de república que nos encontramos construyendo todos los que nos consideramos peruanos. Sin esta pluralidad de miradas diversas, el “pueblo” ya no existe, porque buena parte de este se perderá en un discurso que va a suprimir un grupo de verdades sin el cual el recuerdo permanecerá incompleto.

La memoria no tiene un único autor: tiene varios, y cada uno merece ser escuchado. Nadie debe tener el poder de “controlar” lo que se recuerda.

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