La nueva cara de la perfección suiza, por Juan Diego Llosa

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Tres de tres. Lo volvió a hacer Stan Wawrinka. Curiosa estadística para un tenista irregular el no tener margen de error en las definiciones de los torneos grandes. El helvético sigue escribiendo historias de éxito en el deporte blanco y solo le falta ganar en Wimbledon para tener en su palmarés los cuatro torneos grandes.

El inicio del encuentro no fue tan perfecto para Wawrinka, se le notó muy nervioso en los primeros juegos y Nole supo materializarlo. Stan confesó luego de la final que estuvo llorando en el vestuario minutos antes de la final por el estrés que sentía.

El suizo fue de menos a más en el partido definitorio en el Arthur Ashe. Fue muy lúcido desde la línea de base, creó mucha inseguridad en el juego del serbio tras ganar la mayoría de puntos largos (8 o más impactos) y logró salvar casi todos los puntos de quiebre que le tocaron afrontar.

Djokovic, que llegó a la final sin un tenis brillante y con muy pocas horas de juego, se mostró incómodo en varios episodios del partido y vuelve a sufrir una derrota que reafirma el mal momento que atraviesa Nole. Esto no quiere decir que llegar a la final del Abierto de Estados Unidos supone un fracaso, pero tenísticamente hablando, el serbio se ha vuelto más vulnerable en la segunda mitad del año.

El camino de Wawrinka hacia la final no fue nada fácil, el suizo tuvo que sufrir más de la cuenta para dejar en el camino a Daniel Evans en la tercera ronda. Las victorias sobre Del Potro y Nishikori fueron fundamentales para renovar la confianza de Stan y llegar a la final con muchas posibilidades.

Wawrinka pertenece a ese selecto grupo de jugadores talentosos que en un buen día le pueden ganar a cualquiera, grupo al cual pertenecieron en algún momento David Nalbandian, Nikolai Davydenko y Juan Martín del Potro. Las características que comparten estos tenistas es el nivel de confianza en los tiros ganadores.

Para vencer a Djokovic no basta con correr a todas las bolas, es necesario tener ciertas armas que logren romper el peloteo e incomodarlo desde el fondo de la pista. Stan lo tiene más claro que el agua. El compatriota de Roger Federer, tras ganar el Abierto de Estados Unidos con 31 años, reafirma la tendencia de los últimos tiempos donde los veteranos han dominado el circuito.

El camino de Stan para convertirse, en las últimas tres temporadas, en uno de los referentes del tenis no ha sido nada fácil. Tuvo que renunciar a muchas cosas, entre ellas , a su familia y a su nombre para sacar el animal competitivo que lleva dentro. Logró dejar atrás la sombra de aquel hombre de las dobles faltas en los momentos decisivos llamado Stanislas, para traer a escena a Stan que sabe manejar la presión en todo momento.

Para los curiosos, la frase que el número tres del mundo tiene tatuada en el brazo dice: «Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Sigue intentándolo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». Sin duda alguna al suizo le quedó marcada la frase de Samuel Beckett.

Stanimal, que tiene el revés paralelo como marca registrada, se clasificó al Torneo de Maestros de Londres que se jugará a fin de año. El suizo es el tercer clasificado al evento después de Novak Djokovic y Andy Murray.