La nueva generación de pensión 65, por Carlos Arias

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El día de ayer, Alfredo Bullard, un gran profesor y jurista, publicó un artículo muy interesante titulado “Salándonos la vida”,  donde hizo referencia a que el ciudadano tiene que tener la completa libertad de disponer de sus fondos de pensiones y que lo puede realizar a cualquier edad, no solo a partir de los 65 años. Sin embargo, tengo ciertas objeciones respecto su postura ya que considero que es una media verdad, y estas no son si quiera la mitad de las verdades.

El pasado 14 de abril se aprobó la Ley N° 30425, que modifica el Texto Único Ordenado de la Ley del Sistema Privado de Administración de Fondo de Pensiones. La cual en breves cuentas permite la libre disponibilidad del 95.5% de los fondos de pensiones al cumplir los 65 años. Esto es, anteriormente, el pensionista recibía sus ahorros en cuotas al jubilarse; sin embargo, ahora, con esta modificación éste podrá retirar hasta el 95.5% de sus fondos, tal como ya lo señalé.

Ahora, cuando el hombre deja de ser productivo es cuando se encuentra con la necesidad más grande de tener alguna fuente de ingresos que le permita afrontar la etapa más difícil de la vida que es la vejez, y en muchos casos la más prolongada. De alguna manera con la existencia de la protección de un sistema previsional y por ende con las pensiones, sean estas públicas o privadas, se ha buscado proteger, aunque, mínimamente, a gran sector de la población asegurándoles una pensión. Y si bien lo deseable en un mundo ideal pueda ser que las pensiones sean igual que las remuneraciones, de modo que el ritmo de vida y el estándar de vida de las personas no se vean afectados por el cambio de la etapa productiva a la no productiva, esa ilusión no es sostenible en ningún estado del mundo, lo que además se encuentra probado en nuestro medio con la existencia del denominado decreto ley N° 20530, que creaba un efecto espejo entre los trabajadores y los pensionistas de modo que el pensionista tenía que tener una pension igual a la remuneración de aquel que se encontraba en actividad. Ese mundo de ilusión no existe y como tal a lo más que podemos aspirar es que cada vez se mejoren las pensiones pero no que estas desaparezcan.

Ahora, considero que si el ejercicio de la libertad pone en grave riesgo el sistema previsional y las pensiones entonces hay que establecer algún limite a esa libertad sobre todo si se tiene en cuenta que ninguna libertad como ningún derecho fundamental es absoluto y admite restricciones y/o limitaciones. En ese contexto, es oportuno referirme a la ley n° 30425 que ha dispuesto que cada persona que se encuentra en el sistema privado pudiera disponer del 95.5% de su cuenta individual de fondo de pensiones. Para poder analizar ello, en el Perú aproximadamente hay, según la asociación de AFP, al 2015,  5,827,000 afiliados al sistema de pensiones, cuyos aportes mínimos mensuales difícilmente, su no ahorro y su libre disposición mensual, podría ayudar a cambiar la vida de cada uno de los titulares de esas cuentas, pero la suma de ellas administrado por AFPs, bancos, financieras, seguros u otro tipo de empresas que procuren rentabilidad mayor a la inversión no solo generara un beneficio individual para los titulares de esas cuentas, redundando en una posterior mejor pensión, sino que además contribuiría en un circuito virtuoso de empujar el desarrollo económico del país, importando importantes capitales a la inversión privada lo que determinara que se creen más fuentes de trabajo, que se generen más ingresos y que mejore la calidad de vida en consecuencia.

Si ello es así ¿Cuál podría ser uno de los efectos de permitir que la libre disposición por los titulares de los titulares individuales y peor aún si se pudiera disponer mucho antes de los 65 años como propone el gran jurista Alfredo Bullard en su artículo publicado ayer en el Comercio? Pueden suceder diversas situaciones con el tema de la libre disposición siendo muy positivos es que el titular de la cuenta logre con el 95.5% que ha retirado constituir una empresa o desarrollar una actividad que permita mayores ingresos, lo cual resulta muy improbable dado los montos de las cuentas individuales y el momento en que estas se realizarían (cuando la persona se encuentra en su vejez). Lo segundo que pudiera pasar es que este dinero pueda ser invertido en un negocio y este fracase, o que mal invierta ese dinero y se pierda, o finalmente que se gaste en cualquier locura y también se pierde. Cual fuera la situación, lo cierto es que todo ese grupo de personas que retiraron su 95.5% de su fondo de pensiones y que no lograron con ese dinero generar una fuente de ingreso mejor que el que pudiera haber tenido con las cuotas de pensión tendrá como resultado la no existencia de pensión alguna, por tanto la ausencia de ingreso mensual que le permita afrontar las necesidades de la vida. En esas circunstancias todo ese sector de la población que hayan tenido cuentas individuales y hayan sacado todo su dinero y no hayan tenido éxito no tendrán más que voltear la cabeza y acudir al estado para ser ahora candidatos a obtener pensión 65. Los efectos de ello será que, este grupo de personas se convertirían en una carga para el estado, y por tanto en una carga para toda la sociedad en donde con nuestros impuestos subvencionaremos aún más programas sociales para dicho sector.

Si ese es el sentido de entender el sentido de la libertad, como lo hace el Dr. Bullard, considero que debiera de no ser tan absoluta y en todo caso la mejor alternativa debiera de ser que la libertad permita al titular de las cuentas individuales tener la libertad de buscar mejores opciones de buscar una mejor rentabilidad de su dinero, sin mayor restricción. Hay que preocuparnos por la calidad de vida del adulto mayor.