La ONP: La mayor estafa piramidal en el Perú, por Óscar Peña

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Irónicamente en el Perú cada cierto tiempo nos gusta regresar a uno de nuestros eternos debates, de tantos que tenemos y que nunca resolvemos a profundidad. Uno de los tema que más se ha venido hablando y discutiendo últimamente es sobre la eficiencia de nuestro sistema de pensiones, que abarca por el lado estatal a la ONP y por el lado privado a las conocidas AFP como si de eternos rivales habláramos. Lo cierto es que muchas personas, incluyéndome, escuchamos confusos como la ministra de economía nos dijo de forma fría y contundente una verdad que a muchos no les gusta afrontar, que el dinero de los aportes de los afiliados a la ONP literalmente “no existen” y esto nos lleva a pensar ¿A dónde va el dinero que se me descuenta mes a mes?; ¿Cómo es que no existe?

Tal parece que según lo comentado, el estado desaparece dinero de forma legal, sin mayor obligación que sólo prometer que si cumples 20 años de aportes, te brindará una pensión que puede ir desde los 500 a 893 soles mensuales dependiendo de tu nivel de aporte durante tu vida laboral.

En pocas palabras, el sistema se mantiene pagando las pensiones de los jubilados con el monto que se le descuenta a los trabajadores actuales, para ser didácticos se necesita aproximadamente el aporte de 3 trabajadores para pagar a 1 jubilado.

Si además a este sistema se le agregan conceptos virtuosos como los de cooperación social y solidaridad, se crea el engaño perfecto para que los trabajadores actuales sueñen con una pensión mañana.

Lo que sucede hoy con nuestro sistema público de pensiones y con otros sistemas similares de muchos países del mundo es que se han vuelto insolventes, el cambio demográfico entre jóvenes y jubilados se ha extendido a todo el mundo, y cada vez la esperanza de vida es mayor de modo que no se tienen tantos jóvenes que puedan sostener a tantos jubilados, en el caso de Perú cada vez hay menos personas que optan por aportar a la ONP, ya que prefieren ver a fin de mes qué cantidad ahorran para su futuro.

El concepto del sistema público de reparto nació en Alemania hace más de 120 años con un sistema productivo, laboral y económico totalmente diferente a la realidad actual. En su lugar este sistema público hoy se asemeja a una pirámide en los que cada vez se necesita mayor cantidad de aportantes para que el sistema se sostenga y beneficie a los ex aportantes, lo que muchas veces conocemos como una estafa piramidal que no es sostenible a largo plazo.

¿Un sistema imperfecto pero sostenible?
En 1992 el Perú que se iba recuperando de la mayor hiperinflación de su historia da un paso fundamental creando el sistema privado de pensiones el cual le permite al afiliado ahorrar obligatoriamente por propia decisión y eligiendo entre diferentes entidades. El sistema privado es el que ha permitido que los peruanos puedan ahorrar hasta el año pasado 172 mil millones de soles, equivalente aproximadamente al 97% del presupuesto total que gasta el gobierno para el año 2020 y que muchas personas puedan permitirse tener un bono de 4,300 soles para esta emergencia que ha sido fruto de su propio esfuerzo y de sus aportes.

Si bien, las AFPs en el Perú han ido cosechando una mala imagen por diversos motivos y causas, la discusión debe llevarnos a reflexionar cuál sistema ha logrado responder a una situación concreta, y esta pandemia nos ha mostrado un ejemplo de que el dinero que aportamos pueden tener un fin concreto y de beneficio personal, no es un dinero perdido.

Si bien el modelo de las AFPs puede mejorar con el fin de dar una mayor libertad de elección e inversión a sus aportantes, sería una locura pensar que el sistema que ha respondido para atender de forma más eficiente, rápida, sin gastar dinero de los contribuyentes y compuesto por más de 7 millones de afiliados sea un fracaso.

Con un nuevo proyecto de ley presentado por los nuevos congresistas, se busca hacer justicia para una incalculable cantidad de ex-aportantes al sistema público que nunca lograron tener una pensión, pero estos mismos deberían también preocuparse para que en el futuro no continúe este modo de estafar a gran escala, ya que el problema de exigir la devolución del 100% de los aportes a la ONP es lo mismo que pedir un dinero que ya ha sido repartido, dinero que ha servido para que la pirámide se mantenga o en una respuesta más sencilla a todo mi artículo, y como dice la ministra, son aportes que simplemente “no existen”.

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