La “puerta” de la hipocresía racista peruana no tiene color

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¿Quién es más racista Elena Serpa Olivos conocida por la frase “COLOR PUERTA” o los que la critican insultándola con similares o peores adjetivos y burlas por lo más inofensivas que podrían parecer?

Elena Serpa Olivos ofreció disculpas mediante un video colgado en redes, pero después de verlo, no me da pena solo esta señorita, quien pareciera forzada a hacerlo, sino todos los que la atacan y hacen un bullying cibernético con ella, no por su desatinada frase, sino usando una falacia de descalificación (a la persona), por ejemplo leo en redes que algunos dicen: «pero si ella es color puerta», «que conchuda con esa cara» y muchos similares comentarios que sin darse cuenta hacen de los críticos parte del racismo peruano, todos deben entender que es la frase lo criticable, y que no depende de quien la diga, ¿si hubiera sido una persona de rasgos arios, sería la reacción diferente?.

Recomiendo el libro «Nos habíamos choleado tanto» de Jorge Bruce, para que no se aloquen tanto con la ‘cotidianidad’ de este suceso “Es preciso abordar el tema del racismo en su cotidianidad, en su banalidad, en sus expresiones familiares con toda la carga polisémica de esta denominación” ver gran parte de los cibernautas con una reacción en contra la desafortunada frase «color puerta» pero inmersa en la hipocresía racista peruana donde todos tenemos de racismo influenciados por el complejo, o el resentimiento del discriminado y el remordimiento del discriminador.

Sería bueno dar una vuelta por las redes sobre este tema y encontraremos cosas peores en los calificativos para ella, que el mismo que se le critica, incluso algunos que en su jocosidad -humor ácido- podrían robar sonrisas y no una indignación, sin darnos cuenta que lo que para unos es risa, para otros podrían ser lágrimas, todo producto de nuestro particular racismo peruano, en el que me incluyo, pues lo admito, a veces ha sido imposible aguantar y finalmente sonreír, ante una broma racial, no faltaran los indignados que salten ante mi aceptación, pero prefiero reconocer mis errores que caer en la repetitiva y común hipocresía racial.

En resumidas cuentas nuevamente veo más de nuestra psicología social peruana de ayer, hoy y espero no siempre, pero nada fuera de lo común.

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