La rebelión de las masas

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“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social”. Estas palabras iniciales del filósofo español José Ortega y Gasset a su obra “La rebelión de las masas” escrita en 1937, si bien referidas a la Europa de aquél entonces, pueden bien ser aplicadas al momento actual.

Hoy las masas dominan, opinan, nacen, crecen, consumen, aman, se reproducen y no desaparecen, sino que se transforman en otras masas que –del mismo modo- nacen, crecen, se reproducen y… se repite el mismo ciclo. Efectivamente, las masas imponen modas, costumbres, música, literatura, la vida política, farándula, crímenes, etc. hacen desaparecer a los individuos, a la persona. Lo dominan todo. De eso los medios de comunicación y los gobernantes lo saben muy bien. De allí que quien domine o manipule a las masas, tenga el poder. Las masas imponen una programación de los medios de comunicación y de la televisión, por ejemplo, imponiendo una programación de acuerdo a lo que ella demanda: mediocridad, calidad o simplemente basura (farándula, morbo, erotismo, crímenes, etc.). Es lo que hoy denominaríamos “raiting”… lo mismo ocurre con las encuestas sobre diversos temas. Las masas imponen su opinión, puntos de vista, pareceres, gustos, etc. Y se piensa erradamente que si lo dicen las masas, ergo, eso es bueno. Lo demás no existe. Pero las masas por lo general se equivocan. Pero se confunde la opinión de las masas con lo que es ético o moral, con lo que es conveniente, pero ¿Para quién? Para las mismas masas y para el gobierno de turno. El individuo no cuenta.

En el Perú, por ejemplo, las masas imponen la agenda política: “pseudonoticias”, desinformación, escándalos, acusaciones, sospechas, farándula, demagogias, intrigas, entretenimientos, etc. terminando estos hechos en la impunidad o en el simple olvido, dejando espacio para otros escándalos cíclicos los cuales siempre convienen al gobernante de turno. Es lo que le gusta a las masas y un gobierno lo sabe. Hay que darla a las masas lo que les gusta y piden. “Panis et circenses” decían los romanos, ¡Y vaya que los emperadores romanos sabían de masas! Las manejaban a la perfección con pan y circo, como si se tratase de una bella mujer, adulándola, engriéndola, diciéndole lo que quiere oír, comprándole cosas y pasándola bien sin entrar a cuestiones de fondo, pues las masas nunca profundizan, sólo se dejan llevar, son manipulables y también manipulan. Son peligrosas cuando se descontrolan. La historia demuestra en muchísimas ocasiones la influencia de las masas en el devenir histórico. El Perú no es ajeno a esto. Los acontecimientos o “problemas sociales” ocurridos en los últimos tres años, como el caso Conga y los más de doscientos conflictos sociales aún sin resolver, nos obliga de manera imperiosa a efectuar una seria reflexión al respecto, pues no se trata de la primera vez que ocurren en el Perú hechos de esta naturaleza, especialmente con el actual gobierno. En el caso Conga, las masas impusieron su parecer –como en otros casos, en la mayoría de los casos errado-, frenando no sólo una importante inversión sino muchísimas otras, casi paralizando la región, dejando a más de 30 mil familias sin trabajo, perjudicando mucho a Cajamarca, ante las cobardía de un gobierno débil. Pero así son las masas. Ortega y Gasset lo previó con mucho acierto.

Es interesante observar como la historia universal está plagada de situaciones históricas en donde las “masas” han marcado el destino de muchas naciones, dirigidas normalmente por personajes de variado nivel. A modo de ejemplos podemos evocar el famoso discurso de Marco Antonio ante el cadáver de Julio Cesar, recién asesinado y que en realidad era un dictador, lo cual hizo que el pueblo romano se volviera en contra de los conspiradores y asesinos de Cesar, supuestamente defensores de la República; o el caso de la revolución francesa en donde la masa toma la Bastilla, invade las Tullerías y apresa al rey, condenándole a muerte en la guillotina, toda una masa dirigida por personajes como Danton, Robespierre, etc. los cuales acabaron siendo devorados por aquella masa que en algún momento dominaron; la revolución rusa y sus dirigentes: Lenin, Kerensky, Trotsky; la revolución mexicana y sus héroes Villa y Zapata. etc. El caso de Mussolini, amado hasta el extremo y gran manipulador de masas, terminó linchado y colgado al lado de su amante en Milán, por esa misma masa que alguna vez lo aplaudió; o ver a Hitler manipulando a la masa de millones de alemanes arrojándolos a su propia destrucción y de su país, son casos clamorosos. En nuestra América Latina, ejemplos nos sobran de masas que han cambiado la historia de muchos países, dirigidas por personajes como Castro, Chávez, Perón, Allende, Haya de la Torre, Belaúnde, Castro y otros líderes del pasado siglo, que fueron expertos dirigiendo masas. En el Perú no es primera vez que las masas intervienen en su historia devorando a sus hijos. Las masas de alguna manera tienen vida propia, llegando inclusive a deponer o imponer presidentes, al igual que reyes y reinas en la Europa medieval y moderna.

Definitivamente las masas como los tornados – por diversas razones – nacen y crecen, se multiplican y se diluyen. Las masas de alguna forma piensan, actúan, aman, odian, opinan, ovacionan e inclusive destruyen. Los políticos bien lo saben. Lo que no hay que olvidar es que las masas la conforman personas, esto es, seres humanos que viven, sienten, tienen alma y corazón. De allí que un gobierno cuando se dirige a las masas, nunca debe olvidar que fundamentalmente se dirige a cada uno de los corazones de los seres humanos que conforman esa masa, la cual siempre estará dirigida, para bien o para mal, por sus propios líderes. Las masas nunca actúan solas, aunque así lo parezcan. El gobierno debe siempre imponer autoridad, respetando el diálogo y la solución pacífica. Las masas son una realidad. Concluimos con Ortega y Gasset, señalando sobre el advenimiento e importancia de las masas, las diversas crisis que originan y del poder que poseen: “Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas”. Cualquier parecido con la realidad… no es mera coincidencia, es la realidad… de las masas.