La representación política siempre pasa factura, por Jose Andrés Tello

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En estas Elecciones Generales 2016 estamos frente a un ballotage, que enfrenta a Keiko Fujimori y a Pedro Pablo kuczynski, dos candidatos presidenciales en la práctica con lineamientos programáticos generales homogéneos y además ubicados para el elector peruano promedio a la derecha del espectro político nacional. A diferencia de los tres últimos ballotages, el actual no está marcado por esa polarización programática e ideológica que si se produjo en el pasado.

Recordemos, el escenario de ballotage durante las Elecciones Generales 2002, donde Alejandro Toledo encarnaba con su particular estilo una propuesta conservadora respecto la continuidad de un modelo económico legitimado socialmente a pesar de haber sido impuesto por la Dictadura Fujimorista; mientras que García representaba un probable retorno a un modelo estatista y retrograda como el aplicado en nuestro país durante su primer gobierno. En aquel entonces, la polarización estaba definida y a pesar que García por sus dotes de candidato preocupó a Toledo cuando se le acercó peligrosamente en intención de voto, este último resultó ganador.

Las Elecciones Generales 2006 tuvieron el mismo ingrediente de polarización programática e ideológica, luego de la estrepitosa salida de carrera de Lourdes Flores cuando es derrotada en mesa por Alan García, su otrora acérrimo rival político, sobrevino un ballotage entre este último y Ollanta Humala que se tradujo en el cambio responsable propuesto por García, ahora más conservador que en antaño frente al modelo económico y ese supuesto salto al vació que representaba el votar por un Humala, en ese entonces, percibido por el elector promedio como un radical pro chavista. Como sabemos ganó Alan García.

Durante las Elecciones Generales del 2011, nuevamente estuvimos frente a una polarización del mismo tipo durante el ballotage. Entonces, estaban enfrentados Keiko Fujimori, quien proponía un continuismo del modelo económico pero a su vez encarnaba un temor de retorno al autoritarismo burocrático corrupto que su padre instauró durante los años 90´ y un Ollanta Humala ahora más conservador, alejado del chavismo y que encarnaba esa gran transformación nacional lamentablemente anhelada hasta el día de hoy. Humala ganó, ahora en unos meses al final de su mandato, la historia lo juzgará.

Hoy, en cambio, durante estas Elecciones Generales 2016, nos encontramos frente a un ballotage en donde a diferencia de los tres últimos no existe esa polarización del electorado en base a propuestas programáticas e ideológicas disimiles sino en base a lo que se podría denominar un pro y anti fujimorismo.

Considero, que en general programática e ideológicamente Kuczynski y Fujimori, no han generado mayor polarización  en la medida que nadie duda que cualquiera de los dos que resulte ganador, mantendrá el modelo económico, aplicará políticas públicas semejantes en diferentes sectores y sobretodo representará a la denominada derecha peruana.

En mi opinión, este ballotage 2016 nos presenta una polarización tan sui generis o “atípica” como la elección misma, donde un pro y un anti fujimorismo, han marcado la pauta. En este contexto resulta muy interesante la estrategia de campaña de Fujimori, orientada básicamente a diferenciarse de kuczynski, al tratar de llegar con su mensaje la mayor cantidad de grupos de interés y así capitalizar el voto indeciso, el voto de sus opositores descartados por el ballotage y. finalmente, el voto rabioso contra su proyecto, me refiero pues al denominado anti-voto.

Keiko Fujimori está marcando una diferencia con kuczynski en la intención de voto gracias a un auténtico futsall en la captación de intereses sociales fragmentados, mientras que este último y sus voceros, erradamente, aún siguen atacándola más por su ADN que por sus propuestas, cometiendo además, en paralelo, serios errores de estrategia, como el suscribir un joint venture con Cesar Acuña para penetrar en el norte fujimorista con la ayuda de APP, arriesgando así su histórico e importante bolsón electoral limeño, el cual tiene una mala percepción de su ahora aliado político. Nada está dicho aún, así que a seguir con las buenas estrategias y a replantear las erradas porque todavía hay tiempo de sobra.

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