La Semana Feminista en la PUCP

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La 3ª Semana Feminista PUCP (18 al 22 de mayo) proporciona abundante material para pensar. En este espacio, más que reflexionar sobre las propuestas concretas que el feminismo de la Católica ofrece a la sociedad, cuestionaré la catolicidad de tal oferta. En efecto, este breve texto podría bien titularse “la catolicidad de la católica”, pues es sobre eso que quiere hacer luz.

Según indican sus propios organizadores, la 3ª Semana Feminista PUCP quiere mostrar “La diversidad de formas de vivir y practicar el feminismo desde las distintas identidades de los ponentes para así mostrar los distintos feminismos que se están gestando en la sociedad actual”. Lo curioso es que en el menú ofrecido no aparecen esos diversos feminismos. Más bien parece que existe “plato único”, pues sólo hay espacio para el feminismo acorde con la ideología de género, lo que hasta gramaticalmente queda expresado –no es error tipográfico- en su propio eslogan: “por un feminismo liberador para todxs”.

Si atendemos a la etimología de la palabra, “católico” quiere decir “universal”, podríamos decir: “abierto a todos”, “inclusivo”. En este aspecto, la declaración de objetivos de la semana parece “católica”, pero de hecho, se echa en falta la presencia de un feminismo “católico” (como si no lo hubiese), o por lo menos de “otro feminismo”. Sólo está presente la ideología de género, y el gran ausente de la Semana Feminista de la Católica es el feminismo católico, representado por ejemplo, por las ONG que recientemente han lanzado la declaración Women of the World.

No parece entonces que la Semana Feminista de la PUCP sea fiel a sus propios objetivos, pero ¿será católica por lo menos? Si uno revisa la actividad reciente del grupo feminista que convoca la actividad, la única causa que parece haber promovido en los últimos meses es la legalización del aborto por violación en el Perú. ¿Curioso no? Una institución “católica” respaldando a una asociación que promueve, casi como único objetivo, el aborto. No se ve donde pueda estar su “catolicidad”, cuando la malicia del aborto, sin excepción, es una de las poquísimas cosas definidas como de fe católica por San Juan Pablo II, hace ahora 20 años en la Encíclica Evangelium Vitae (n. 57).

Basta una ojeada al plan de actividades de la semana para sorprenderse de la “catolicidad de los eventos”. Sobra decir que los títulos de algunas actividades rayan sinceramente en lo zafio y lo vulgar. Aquí un breve elenco para poder juzgar desapasionadamente sobre el “espíritu católico” que anima la actividad: Conferencia inaugural: “Feminazis cortapenes, ¿así son las feministas?”. ¿Quién podría dudar del espíritu católico los siguientes talleres? (con perdón): “Entre placeres y orgasmos” y “Lo que tu mamá no te enseñó sobre tu conchita”. En realidad me parece una falta de respeto a la mujer, pero en fin, no soy feminista, probablemente esté equivocado. Después uno podrá apreciar la exhibición de un “Museo de juguetes sexuales”, con seguridad profundamente católicos.

En resumen: En una sociedad plural no existe inconveniente en que estos feminismos ofrezcan sus propuestas. Lo lamentable es que lo hagan auspiciados por una institución que contra todo derecho y realidad persiste en apellidarse “católica”. Yo les animaría a que ahora se llamen: “Laica y relativista universidad del género del Perú”, ¿no les parece más congruente con su oferta? Además, ahora tiene más ventajas estar apadrinado por la ideología de género que por la Santa Sede; está más de moda, pero Marcial Rubio todavía no se da cuenta y sigue sintiéndose ofendido porque alguien dude de la catolicidad de la católica: “Duele y crea una pena en el alma que se dude de la catolicidad de nuestra Universidad” ha declarado recientemente. Quizá deba darse un paseo por la “Semana Feminista de la PUCP” para corroborar su afirmación. Con la línea que ha tomado la casa de estudios por él dirigida, quizá el siguiente paso sea otorgarle el Doctorado Honoris Causa a Hugh Hefner.

Fuera de la católica, permanentemente, hay publicidad evangélica. Por lo menos ellos tienen el valor de ser coherentes con su propia personalidad, no tienen una identidad contradictoria, como es la identidad de la PUCP. Quitarle el título de Católica y Pontificia fue por lo menos una invitación a que tomen conciencia de esa incoherencia; el continuar usándolo promoviendo actividades como esta, además de un abuso, es permanecer obstinadamente cerrando los ojos a la realidad.