La sentencia de la Corte de La Haya y la actitud marítima, por Michel Laguerre

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En 1969, el exitoso empresario Luis Banchero Rossi sostuvo que “frente a este territorio abrupto, es decir, frente a estas tres regiones geográficas, tenemos la compensación de unos de los mares más generosos de la tierra […] y que por las posibilidades que ofrece constituye tal vez el más grande desafío al hombre peruano”.

Hace tres años, específicamente el 27 de enero del 2014, la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) reconoció derechos soberanos al Perú sobre un área de mar de 50,172.69 km2, abriéndose, literalmente, un mar de oportunidades para nuestro país.

La actitud con lo que este logro representa debe ser una de esperanza y seguridad hacia lo que podemos hacer en unidad y comunión.  Es que para nadie debe ser una duda, que nuestro espacio marítimo es uno de los más diversos y productivos del mundo.

Sus riquezas han sido fuente de alimento y medio de comunicación para nuestros antepasados pre incaicos, virreinales y republicanos. De hecho, la historia del Perú se concatena con su espacio marítimo, siendo complicado comprenderla si se deja de lado.

El potencial energético y comercial que se genera en nuestro espacio marítimo continúa desarrollándose siendo un actor que evidencia la vigencia de los cinco atributos del mar. La próxima llegada del buque oceanográfico polar B.A.P. “Carrasco” (B.O.P. 171) complementará estos conocimientos.

Es de esa manera, entendiendo el origen causal de la existencia de la Armada, así como su evolución actual, que debe recordarse que esta se justifica en la protección de lo que simbolizan aquellos 50,172.69 Km2. En palabras del equipo liderado por el entonces capitán de navío Francisco Vainstein Borrani (1981):

“El Poder Naval encuentra su plena justificación en la necesidad de preservar a los Intereses Marítimos de las interferencias que pudieran afectarlos por la acción de la fuerza que pudieran aplicar otros países, o por la actividad clandestina-pirata que unidades mercantes, de pesca o de investigación y explotación de recursos naturales, quisieran ejercer indebidamente en nuestras aguas.”

De este modo, aparece la importancia de conocer nuestros intereses marítimos a través del reforzamiento de nuestra conciencia marítima, propia de un país marítimo como el Perú. En mejores palabras, el vicealmirante Luis E. Vargas Caballero precisó que “no basta para ser potencia marítima que el país ocupe una posición favorable respecto al mar y a las rutas marítimas: es también de primordial importancia el querer serlo”. He aquí la actitud.