La soledad de la corredora de fondo

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No son tiempos de gran popularidad para los toros. Y quizá incluso las bromas taurinas no sean políticamente correctas. Pero allá va una: llega el momento decisivo de la faena y el matador se tiene que quedar ya solo en el ruedo. Y grita:

¡Que me dejen solo! ¡Que me dejen solo!
Una y otra vez. Hasta que ya uno de su cuadrilla, desde un burladero le dice:

¡Maestro! Pero si ya está solo…
Y el torero:

¿Y qué hace ese bicho ahí?
Señalando al toro. Probablemente Angela Merkel, la hija del pastor protestante que desde Hamburgo se fue a la República Democrática Alemana, no sepa mucho de toros. Y probablemente no haya gritado ese “¡que me dejen sola!”. El caso es que tras las elecciones europeas se puede tener fácilmente la impresión de que se ha quedado sola para arreglar el entuerto que surgió tras varios capítulos con diferentes protagonistas… como si de un drama se tratase (¿o una comedia?).

Primer acto: El “Tratado de Lisboa” por el que se reforma la Unión Europea, indica que seguirán siendo los gobiernos de los Estados miembros quienes elijan al Presidente de la Comisión. Pero teniendo en cuenta los resultados de las elecciones, es decir, la composición del Parlamento Europeo.

Segundo acto: al acercarse la cita electoral de mayo de 2014 (bueno, bastantes meses antes), Martin Schulz, Presidente del Parlamento y miembro del partido socialdemócrata alemán, entiende que lo mejor para que se tenga en cuenta al Parlamento es que cada grupo designe a un candidato único para toda Europa (que en realidad, si gana las elecciones, será el candidato para la Comisión Europea; como se han de tener en cuenta los resultados, ya está…). Así, el Parlamento sería el ganador: habría conseguido imponer su candidato a los gobiernos.

Tercer acto: el Grupo Popular, el más numeroso en el Parlamento Europeo, propone a Jean-Claude Juncker, experto político luxemburgués que, tras muchos años en el gobierno, acaba de perder las elecciones en su país. Los socialistas eligen a ¡Martin Schulz!

Cuarto acto: en las elecciones, el Grupo Popular pierde muchos escaños, pero sigue siendo la primera fuerza política. Los socialistas se mantienen. Y, como siempre en los últimos años, entre los dos grupos tienen la mayoría.

Quinto acto: la cosa empieza a complicarse. Parece que hay una mayoría de los gobiernos en favor de Jean-Claude Juncker. Pero hay una oposición muy decidida: Juncker es para algunos demasiado “europeo”. Y frente al pálido actual Presidente de la Comisión, el portugués Durao Barroso, tiene perfil. Se dice que David Cameron amenaza: si sale Juncker, Reino Unido se va de la Unión. Nadie lo confirma, pero tampoco nadie lo desmiente. Otros tampoco están a favor: Suecia, Países Bajos, incluso el italiano Letta manifiesta dudas. Merkel está a favor, pero con la boca pequeña. Al fin y al cabo, los gobiernos en contra de Juncker son de su propia tendencia, centro-derecha, del Grupo Popular algunos. ¿Quién exige un apoyo decidido para el democristiano Juncker? El socialdemócrata Schulz. Y mientras la democristiana Merkel se manifiesta tibiamente, el socialista Schulz apoya entusiasta al democristiano Juncker. Merkel se reúne con los disidentes, ella sola, con Reino Unido, Países Bajos, Suecia. ¿Qué están tramando a orillas del lago?

Quinto acto: Schulz quiere ser Vicepresidente de la Comisión (con ello rompe pacto tácito: el partido más votado en un Estado designa al miembro de la Comisión de ese país: les correspondería a los democristianos de la CDU). Su presidente del Partido Socialdemócrata tiene que saltar al campo y, en funciones de defensa central, atajar a su compañero de equipo, que avanza decidido a marcar un gol en propia meta. Finalmente, parece conformarse con la Presidencia del Parlamento.

Sexto acto: todos habían prometido que las cuestiones de personas serían secundarias, que lo importante eran los temas. Ahora, ya bien entrado junio, se ponen a debatir en torno a los contenidos, en concreto: ¿mantener o flexibilizar el Pacto de Estabilidad, con medidas que favorezcan la creación de empleo? Merkel es inflexible. Y parece que convence a muchos de sus colegas.

Séptimo acto: los gobiernos nominan a Jean-Claude Juncker como candidato a Presidente de la Comisión Europea para los próximos años. Sólo dos votos en contra: Reino Unido y Hungría. Los demás se han convencido.

Semanas atrás el prestigioso “Frankfurter Allgemeine Zeitung” comentaba que, si Angela Merkel conseguía sacar adelante a su candidato sin crear grandes enfados, sería LA líder indiscutible en Europa. Parece que lo ha conseguido. Quizá no sea una gran estadista, probablemente le falte ese punto de grandeza. Pero también es cierto que en el reino de los ciegos el tuerto es rey. Cameron parece mareado entre escoceses y euro-escépticos, Hollande ha perdido su “glamour” y sigue los pasos de un Sarkozy que empezó radiante y terminó hundido en la mediocridad; Rajoy bastante tiene con que la crisis se vaya resolviendo (casi ella solas) y no sepa qué hacer con los catalanes; Letta es aun muy nuevo como para que se confirme cuánto peso político tiene. No es, ciertamente, la época de grandes líderes.

A todo esto: ¿alguno se acordará de que sólo votaron 4 de cada 10 ciudadanos? La mayoría se quedó en casa. Desde las primeras elecciones directas en 1979 se ha perdido un 20% del electorado. ¿Les preocupará mucho a los políticos, tienen entre sus prioridades recuperar al menos a ese 20%? ¿O se dicen que no hay por qué preocuparse: los alemanes, según las últimas encuestas, están contentos con su vida; un 50% incluso “muy satisfechos”: la cifra más alta desde hace muchos, muchos años.