La Terapia a través de las Artes Expresivas

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Hace unas semanas, gracias a una cadena de casualidades, terminé yendo a Atinchik un fin de semana para tomar un curso introductorio de Terapia en Artes Expresivas (TAE). Entrando en Pachacamac, en la urbanización de San Francisco, la casa Atinchik es un microcosmos de tranquilidad. Ahora, cuando la recuerdo, siento como si todo el tiempo hubiésemos estado protegidos del mundo en esa casa. Protegidos porque podíamos ser completamente vulnerables sin sentirnos indefensos. Una fragilidad poderosa, vitalizada por la naturaleza de los jardines y sus árboles hindúes, pero, sobre todo, por el Tercero que se corporeizaba a través del arte. Me explico

La TAE nace en Cambridge, Massachusetts a mediados de los 70’s como un programa de la Universidad de Lesley. La iniciativa de Shaun McNiff, Paolo Knill, Norma Canner y sus colegas se afianza en el terreno internacional rápidamente. En los 80’s, comienza a desarrollarse una red de programas de entrenamiento en Europa y Norte América, la “International School of Interdisciplinary Studies” (ISIS), que hoy cuenta con escuelas en Suiza, Estados Unidos, Dinamarca, Noruega, Israel, Finlandia, Alemania, Suecia, España, Canadá y Perú. Además, existen programas de doctorado en Terapia de Artes Expresivas en Suiza y en Boston.

La TAE trata de afrontar los problemas de una forma más sensorial, procura alejarse de las interpretaciones abstractas y fríamente reflexivas y apuesta por involucrar a la persona con su cuerpo, sus percepciones y lenguajes primarios. El terapeuta de artes expresivas acompaña al participante (al cual se denomina experto) y le facilita las herramientas necesarias para conectarse con su artista interno. A través del arte, se busca no solo problematizar y sacar a flote las dificultades, sino también de jugar con el poder de moldearlas para encontrar soluciones. El producto artístico es tratado como un otro, como un Tercero que tiene mucho que decir y al cual hay que evitar interpretar apresuradamente. No se trata de encontrar las razones psicológicas que puedan estar detrás de tal o cual producción artística. El terapeuta en artes expresivas, en lugar de interpretar, buscará guiar el camino del “experto” desde un nivel prioritariamente estético. Así, se buscará profundizar en lo creado trasladándolo a una nueva modalidad artística ya sea música, poesía, danza, artes plásticas, escénicas, entre otras.

La forma en que Heidegger se acerca al término griego poiesis (creación) se encuentra en la base teórica de la TAE. Para el filósofo alemán, existen dos tipos de técnica: una que toma una actitud cosificante y egocéntrica que da muerte a la naturaleza, donde el hombre es incapaz de mostrarse vulnerable ante fuerzas que lo sobrepasen; y, una segunda, que es la técnica poiética, bajo la cual el hombre actúa de la mano de la naturaleza, escuchándola con respeto y dejando que esta penetre y remueva su ser más íntimo.

Ese sábado 16 de mayo, rezagué mi examen parcial de matemática para internarme en una experiencia de la cual evitaba hacerme expectativas. Llegamos a la casa Atinchik a eso de las 9 am. El salón que usaríamos para iniciar estaba a unos 5 metros sobre el suelo: la luz de la mañana entraba por las dos paredes de mampara, las otras dos eran blancas y con piedras que acababan por convertirse en parte del cerro por donde el aire y el gato de la casa iban y venían a su antojo. Unas quince o diecisiete personas, solo un hombre, piso de madera. Comenzamos con una especie de ritual en el que formamos un círculo y cada uno colocaba al centro una ofrenda. Yo puse una piedra que recogí hace unos años en Pacasmayo. Hubo unas cinco piedras en total, un par de flores, harina de coca, audífonos, un peluche, una maceta, un cisne de origami y hasta un lipstick.

Nos pasamos un día y medio viviendo, conociendo la TAE desde adentro, antes de abordarla teóricamente. Podría hacer una descripción de cómo el Tercero se iba haciendo presente, cómo los colores parecieron aparecer por sí mismos en mis manos y los movimientos que me hacían trazar en el aire con los ojos cerrados me guiaban a mí en lugar de yo a ellos, pero sería limitar a palabras algo demasiado vibrante. Lo más loco fue poder crear desde las artes en las que no me suelo mover: danza, música… de pronto era como si mi cuerpo supiese hablar con naturalidad desde ellas.

Las sesiones en TAE pueden ser individuales o grupales, están dirigidas tanto al público en general, como a contextos educativos, clínicos y comunitarios. “Baja técnica, alta sensibilidad” es una frase recurrente entre la gente de la escuela. No hay que ser un artista destacado para enrolarse en las artes expresivas, se trata de conectarnos con nuestra capacidad innata de crear.