La última carta de Acción Popular: Mesías Guevara

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Hace unos días ha sido elegido presidente de Acción Popular Mesías Guevara (56.3%), en leal contienda con el veterano Elías Mendoza (3.7%) y el conocido Víctor Andrés Belaunde (39%), dos competidores fáciles de ganar, por la elevada edad del primero y la baja actuación del segundo como presidente del partido. Para ser elegido presidente de Acción Popular –partido del que ha sido secretario general- algo le habrá valido a Mesías Guevara ser igualmente presidente de la comisión especial multipartidaria encargada de preparar los actos conmemorativos relacionados al centenario del natalicio del ex presidente Fernando Belaúnde Terry.

El pueblo, sin embargo, sabe poco del señor Mesías Guevara, congresista por Cajamarca, y miembro de diversas comisiones parlamentarias: educación, juventud y deporte; ciencia, innovación y tecnología; presupuesto y cuenta general; transportes y comunicaciones; cultura y patrimonio cultural; salud y población; vivienda y construcción; producción, micro y pequeña empresa y cooperativas; y ética parlamentaria. Algo usual en cualquier congresista. Esta presencia en comisiones tan dispares le habrá mostrado el horizonte político nacional lo suficiente como para poder orientar a su partido en la elaboración programática de su campaña electoral general de 2016. Esperemos.

Actualmente es presidente de la comisión que investiga las irregularidades ocurridas en Ancash, una prueba de fuego política de la que debe salir airoso ahora que ocupa el más alto cargo de un histórico partido político. Su postura frente a la minería y al ambiente es negativa. Hablando de Cajamarca –región de la que quiso ser presidente, pero no salió elegido- afirma: “Se pretende desaparecer, en pocos años, parte de esa riqueza natural que son sus lagunas, construidas por la naturaleza en miles de años. La codicia por el oro hace perder la perspectiva y la noción del tiempo, la codicia por el oro procura comprar conciencias, patrocina la corrupción. La codicia antepone el interés personal o de grupo, al interés de la nación y a la vida misma”. Lenguaje demagógico.

Postura que sin duda ha defendido cuando fue miembro de la comisión de pueblos andinos, amazónicos y afroperuanos, ambiente y ecología. No se puede dirigir un partido agonizante -que ha tenido un pasado glorioso- sin fijar un programa positivo de gobierno frente a un tema tan necesario para el país como el aliento a la minería, su sector más productivo. Lo mismo habría que decir, por analogía, del sector forestal, que se debate entre la modernización y la ilegalidad.

Su confrontación con el Fiscal de la Nación Carlos Ramos Heredia -quien lo ha denunciado por violaciones a sus derechos fundamentales- es una anécdota coyuntural, pero la habilidad para afrontar sucesos de ese tipo es lo que distingue a un dirigente político de otro que no lo es. Porque el cargo partidario asumido es un desafío grande: resucitar un cadáver insepulto, que tiene que juntarse con otras mini-agrupaciones para hacerse oír en el Congreso -su sala de cuidados intensivos-, y pactar intereses subalternos de personas y votaciones incoherentes en el pleno del parlamento, para sobrevivir de mala manera. Quienes como yo, hemos mirado con simpatía a Acción Popular en sus buenos tiempos no podemos sino desear al señor Mesías Guevara que haga un portentoso milagro: decirle a su partido: ¡levántate y anda! Y conseguirlo.