La vida del fútbol

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Aquel que es un asiduo asistente al estadio mira con cierta extrañeza a la persona que, simpatizando el fútbol,  cuenta nunca haber ido a presenciar un partido. Las constantes imágenes que muestra la televisión sobre actos delincuenciales en torno a un duelo deportivo han terminado por espantar a un grueso de la población. Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en la policía. ¿Cómo encontrar un punto medio donde los principales implicados de la organización del fútbol asuman el papel que les corresponde para erradicar la violencia alrededor de este deporte?

Las últimas semanas han sido caóticas para el fútbol peruano. Luego de la difícil programación de la final del Clausura se asumió que no existirían inconvenientes para disputar la primera final entre Juan Aurich y Sporting Cristal el pasado lunes 8. Sin embargo, una cerrada posición de parte del ministro Daniel Urresti terminó por posponer el juego a pesar que el club chiclayano, a través de la persona de su presidente, Edwin Oviedo, acató todas las peticiones que el Ministerio dio para la realización del encuentro en la fecha indicada inicialmente.

Pero la columna de hoy no es para lamentarnos por lo ocurrido, dentro de todo es posible encontrar una luz en la cueva que nos encontramos. Es bienvenida la disposición de dirigentes como Federico Cúneo o Edwin Oviedo para encontrar una solución razonable al problema. La reunión que sostuvieron el pasado martes con el ministro da a entender que existe la  predisposición para coexistir de la mejor forma. Es correcta y se comparte la posición de Urresti para erradicar las barras bravas, proporcionando un ambiente familiar y festivo a los estadios del país. Por otro lado, se critica la forma, si creyendo que cerrando el acceso al público o impidiendo la realización de eventos deportivos se va a terminar con la amenaza de estos grupos organizados, pues estamos todos equivocados.

Afortunadamente, y tal como se menciona líneas arriba, es saludable la reunión de planificación que se realizó en conjunto con los dirigentes de los clubes finalistas. Siguiendo la misma línea, luego de las próximas elecciones de la FPF, lo indispensable será sentar en una misma mesa a todos los responsables de la seguridad en estadios y alrededores para la temporada 2015 -llámese clubes, FPF, ADFP, PNP, Defensa Civil- para idear y firmar un plan que cuente con la aprobación de todas las partes, asegurando el bienestar del público. En el caso de las barras bravas, los clubes deben empadronar a cada uno de sus hinchas y, además, se debe realizar un riguroso seguimiento a las entradas, de modo que se impida el acceso a estas sin haber pagado. El fútbol es un espectáculo y, siguiendo esta condición, se presenta en la sociedad como un servicio no obligatorio al cual el ciudadano puede llegar si adquiere su boleto en los puntos de venta estipulados. Así debe ser.

Por último, no olvidar las palabras de Jorge Valdano: el fútbol es lo más importante de lo menos importante