A la vista de la Plaza Roja

585

La película, no muy reciente, comienza con una escena fuerte: el rey (un magnífico Peter O’Tolle) se despoja de su manto, se tumba -la espalda desnuda- sobre una tumba y unos monjes comienzan a azotarle. Es “Becket”, que sigue bastante de cerca la obra “Becket o el honor de Dios” del dramaturgo francés Jean Anouilh. El rey es Enrique II de Inglaterra, la tumba es la del Arzobispo Tomás Becket. Viejo amigo del rey fue nombrado Arzobispo de Canterbury. Pensaba el rey que con ello gobernaría la iglesia de Inglaterra pero Tomás Becket se opuso a las pretensiones del rey hasta ser asesinado por cuatro caballeros en la víspera de Navidad. Pronto añadió la leyenda (o quizá fue la historia) que había sido matado a los pies del altar cuando se disponía a celebrar la Misa de Navidad. Su historia se difundió muy pronto por toda Europa y Canterbury se convirtió en un centro de peregrinaciones. Dicen que el rey (y así lo recoge Anouilh) tuvo que ir allá a hacer penitencia porque el pueblo no le perdonaba la muerte del arzobispo.

¿Consta que el rey ordenó matar a Thomas Becket? No hay prueba histórica alguna de ello; solo unas frases en un arrebato de ira. Pero parece que los caballeros lo hacían convencidos de complacer al rey por ello. Y el pueblo, desde luego, así lo pensaba.

A poca distancia del Kremlin ha sido asesinado uno de los máximos opositores a Vladimir Putin, Boris Nemzov. Cuatro disparos acabaron con su vida. Ya han detenido a dos sospechosos. Era un hombre firme, que se oponía a la ocupación de Ucrania (precisamente estaba a punto de presentar un informe sobre esa operación), lo mismo que se opuso a la guerra de Chechenia. Vladimir Putin, en un telegrama a la madre del asesinado, publicado rápidamente en la página del Kremlin, condena el asesinato en términos firmes. Al día siguiente del asesinato, otra disidente, la poetisa Alina Wituvnojskaya, fue golpeada salvajemente en la calle por dos “borrachos” que, al cabo de un rato, llamaron a la puerta de su casa; ella les abrió, pensando que serían los policías a los que había llamado pidiendo auxilio, y allí completaron la faena.

El Kremlin, por supuesto, nada tiene que ver con esto. Tampoco el rey tenía nada que ver con el asesinato de Tomás Becket. ¿Por qué “la calle” piensa tan mal de los poderosos, por qué dicen que en Rusia se ha creado un clima en que los disidentes pueden ser atacados (casi) impunemente?

Mientras tanto, en el último informe sobre la persecución religiosa en el mundo, se señala que en 14 de los países que ocupan los primeros lugares en el triste ranking de persecución de los cristianos esto se debe a la presencia del fundamentalismo islamista: Afganistán, Arabia Saudita, Egipto, Irán, Iraq, Libia, Maldivas, Nigeria, Paquistán, República Centroafricana, Somalia, Siria, Sudán y Yemen. En los otros casos es por cerrazón de diversos tipos: Azerbaiyán, China, Corea del Norte, Eritrea, Myanmar y Uzbekistán.

Y en Venezuela el alcalde de Caracas ha terminado en la cárcel, acusado de conspiración (contra Maduro, claro). Y mientras en el país escasean el papel higiénico y los pañales, Pablo Monedero, el tercero de a bordo del neopartido político español “Podemos” declaraba para 2014 ingresos de más de 400000 euros. 44000 los había obtenido por su trabajo como profesor universitario, el resto, con conferencias y asesoramientos a otros países, sobre todo latinoamericanos. Un buen cliente: Venezuela, la del señor Maduro. 

Pero no hay que preocuparse: por si queremos olvidar todo esto, una cadena de televisión española (cuyo nombre no diré para no hacerle propaganda) ha inventado un nuevo y apasionante “reality”. Ocho solteros se casarán sin conocerse, basados en un sofisticado test. Y a ver qué pasa… ¿Alguien hará penitencia por haber diseñado este programa? ¿O lo aprobará el pueblo, viéndolo en masa y olvidando que fue él, el pueblo, el que obligó al rey a hacer penitencia? Pero esto era en 1170…