Laberinto Griego

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El 25 de enero, Alexis Tsipras del partido de extrema izquierda Syriza ganó las elecciones en Grecia. No fueron unas elecciones ajustadas. Por el contrario, Tsipras ganó de manera holgada. ¿Qué había prometido? Renegociar la deuda griega y darle vuelta  a las políticas de austeridad que se han impuesto sobre Grecia desde hace cinco años. Esto no sería ningún problema si Grecia fuese un país que pudiese determinar libremente su política económica. Pero no puede. Al ser parte de la Zona Euro, y al ser el lugar donde empezó la crisis del Euro, Grecia debe “coordinar” sus acciones de política económica. Los últimos cinco años han sido un constante tira y afloja entre Grecia y Alemania. Por un lado, Alemania (cabeza visible e indiscutible de la Zona Euro) no está dispuesta a asumir lo que ellos llaman “la irresponsabilidad de los griegos”. Pero por otro, comprenden que dejar a Grecia fuera de la Zona Euro sería una catástrofe que finalmente podría arrastrar a Europa a una depresión económica.

Parece que el juego se acabó. El primer ministro Tsipras, a pesar de haber anunciado que desea que Grecia permanezca en la Zona Euro, no está dispuesto a dar marcha atrás en sus promesas. Y con ese objetivo ha emprendido una visita por toda la Unión Europea con el objetivo de renegociar la deuda griega. El nuevo ministro de economía, Yanis Varoufakis, afirmó recientemente que “Grecia no se ha reformado, se ha deformado”, y que las políticas de austeridad han fallado. Más explícito fue el ministro Nikos Pappás, quien declaró que “la señora Merkel no se va a comer al pueblo griego”. Y Angela Merkel señaló que los bancos y los deudores ya han perdonado bastante a Grecia. En menos de una semana, se ha generado una ola de nerviosismo (y cautela) sobre lo que podría pasar en las siguientes semanas. Y se ha vuelto a poner de moda el término Grexit (Greek exit) para señalar la posible salida griega de la Euro Zona.

¿Quién es el malo de la película? Pues todos tienen la culpa de algo. Como señala The Economist, Tsipras está en lo correcto al afirmar que las políticas de austeridad de Angela Merkel han sido excesivas, y que la deuda de Grecia es impagable. Sobre este último punto, la deuda griega ha pasado de 109 por ciento del PBI a inicios de la crisis del Euro a 175 por ciento del PBI en el último año, a pesar de los ajustes en gastos y el aumento en impuestos. Pero Alexis Tsipras está en lo incorrecto al dejar de lado las reformas de los últimos años. No sólo porque dejarlas de lado implicaría una reducción significativa en la competitividad del país (ya dañada severamente), sino porque pretende reemplazarla por un programa socialista que obedece principalmente a un programa ideológico.

¿Cómo se soluciona el problema que está por venir? Es la pregunta que ha tenido a todos rompiéndose la cabeza. Porque el problema en este momento no es económico sino político. Ni Grecia ni Alemania están dispuestas a ceder y sus líderes cuentan con un respaldo importante del electorado (70 por ciento en ambos países). Es improbable que Alemania apoye el alivio de la deuda para Grecia, y por ende que lo consiga (aunque varios analistas señalan que el alivio de la deuda es la única opción posible). Sin embargo, Grecia podría obtener algunos beneficios que alivien temporalmente las condiciones de su deuda, y que le puedan dar un respiro al nuevo gobierno, sujeto a nuevas condiciones de reforma para el gobierno griego, que se basen menos en la austeridad y más en el crecimiento de largo plazo. Algunos políticos señalan que esto representaría un “mal ejemplo” para otras economías con programas de austeridad.

¿Y si Grecia sale de la Zona Euro? En el primer instante el principal perjudicado sería Grecia: el sistema financiero se debilitaría y el desempleo aumentaría. Luego, crecería la incertidumbre ante un escenario en que más países salgan de la Zona Euro. Y finalmente, los países más sólidos se verían afectados. En este contexto, el Euro podría desaparecer. ¿Y qué pasaría en el mundo ante el Grexit? El Financial Times señala que la posición alemana predomínate es que sería una catástrofe para Grecia, un choque menor para la Zona Euro y un evento insignificante para el mundo. Nada más equivocado. Si hay algo real en los mercados financieros es la sobrerreacción y los contagios. En 2008, días después de la quiebra de Lehman Brothers muchos analistas de mercado señalaban también  que la quiebra del banco de inversión era un evento que sólo afectaría a la economía norteamericana, y que los efectos sobre los mercados globales serían escasos. ¿No deberíamos dudar de anuncios similares? Si bien es cierto es que no es la primera crisis de este tipo entre Grecia y Europa, esta podría ser la crisis definitiva.