Las críticas sobre la marcha del martes , por Piero Gayozzo

«A más de una semana de que distintos gremios y asociaciones de transportistas iniciaran un paro de sus actividades en distintas regiones y vías del país y de que esto generara la escasez y alza de precios de la canasta básica, la continuidad de Pedro Castillo en la presidencia se ve afectada.»

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A más de una semana de que distintos gremios y asociaciones de transportistas iniciaran un paro de sus actividades en distintas regiones y vías del país y de que esto generara la escasez y alza de precios de la canasta básica, la continuidad de Pedro Castillo en la presidencia se ve afectada. Incluso, su suerte parece complicarse más luego de que el lunes 4 de abril a poco tiempo de la medianoche del martes, Castillo emitiera un mensaje a la nación en el que decretó la inmovilización total de Lima y Callao para el día siguiente.

 

Luego de que el Ejecutivo hiciera pública su medida, la crítica no se hizo esperar. Rápidamente la ciudadanía se organizó por internet y el martes se reunió en diferentes partes de la ciudad para dirigirse al centro de Lima y solicitar la renuncia del presidente Pedro Castillo por su inacción, su falta de liderazgo, su incapacidad para gestionar el país, la corrupción que lo rodea y las medidas desatinadas que toma, como la inmovilización decretada. Lo mismo ocurrió en otras ciudades del país.

 

Naturalmente, en este proceso de crisis no faltaron las opiniones polarizadoras. En redes sociales pulularon comentarios de todo tipo que únicamente tenían la intención de desestimar la protesta ciudadana con caricaturas tan trilladas como apelar a la ficción del pueblo vs los ricos o las diferencias sociales y étnicas de nuestra sociedad. Veamos 2 de las más usadas por twitteros, opinólogos de redes sociales y colectivos de izquierda supuestamente serios, como el caso de Nuevo Perú y su comunicado convocando marcha para el pasado jueves 7 de abril.

 

  1. La marcha del martes no fue del pueblo, sino de la derecha

Diferenciar entre pueblo y no-pueblo, élites u otros grupos, es el clásico discurso populista que difiere de todo intento por dialogar o lograr consenso para enfrentar algún problema. Lo único que se busca mediante esta estrategia es crear un enemigo contra el cual agruparse y, por esa misma razón, ha sido la muletilla favorita del gobierno de Castillo y de la izquierda peruana. Desde que Castillo llegara a la segunda vuelta se ha esforzado por diferenciar al pueblo, uno que jamás ha definido y que siempre ha procurado asociar con la vida rural-campesina, de una fuerza a la que nunca nombra, pero que actúa como disociador, como enemigo del país y que se opone al pueblo.

 

Más allá de Castillo, resulta curiosa la actitud de la izquierda con respecto a la creación de esta dicotomía. Históricamente la izquierda se ha opuesto al fascismo por considerarla una ideología que desnaturaliza al otro, fomenta la discriminación, la exclusión y promueve la muerte de un grupo específico. La contradicción destaca en que algunos parecen no darse cuenta de que la idea de “pueblo” que promueven es una ficción similar a la de nación o raza a la que apela el fascismo, una ficción para demarcar entre buenos y malos.

 

¿Quiénes conforman el pueblo? ¿A qué se refieren Nuevo Perú y otros cuando usan la palabra “pueblo”? ¿Acaso los vecinos de la ciudad de Lima son distintos a los vecinos de otras ciudades del país? ¿Acaso el pueblo es el Perú menos Lima? ¿Será que, si no se trabaja en algún oficio o labor que demande fuerza física, se deja de ser del pueblo?

 

Particularmente en nuestro caso, recurrir a esta caricatura de la realidad solo fomenta el complejo y el resentimiento de un sector de la población. Lo más lamentable es que toma una forma más burda cuando se polariza entre ciudadanos “blancos-pitucos-limeños” y ciudadanos “marrones-pobres-provincianos”. A través del discurso populista la izquierda pretende crear divisionismo, recalcar las heridas y errores del pasado y mutilar la realidad únicamente con fines políticos.

 

Con respecto a la marcha, es evidente que el reclamo fue legítimo y fue ejecutado por miles de ciudadanos peruanos de toda condición social y procedencia étnica y geográfica que forman parte de la población nacional. Dejen de engañar con una retórica divisionista: la marcha del martes fue una marcha del pueblo.

 

  1. Quienes marchan en Lima no lo hacen por el pueblo, sino para defender sus privilegios

Esta otra crítica parte de la dicotomía anterior y define tácitamente al pueblo como aquel conjunto de ciudadanos desprovistos o faltos de privilegios. A partir de esta perspectiva se deslegitima la marcha y se crea la falsa idea de que una vez más hay un sector contrario al pueblo y que no pertenece a él, que no se preocupa por la situación del país, sino únicamente por sus propios intereses.

 

Esta crítica tiene serias deficiencias ya que, por un lado, ¿Qué se entiende por privilegios? y, por otro, ¿acaso las marchas al interior del país no se suscitan porque también se ven afectados intereses personales de algún sector?

 

Si se entiende por privilegio el acceso a productos por encima de los que accede la media de la población, la pregunta sería, ¿Cuál es el problema de que algunas personas puedan acceder a estos productos y quieran seguir teniendo acceso a estos? Siempre existirán calidades y tipos de productos para todos los gustos y posibilidades económicas, incluso en otras regiones del país. Sobre la idea de privilegios como acceso a beneficios, estos son beneficios con respecto a qué. ¿Tiene algo de malo que un sector proteste porque se les recorta algún tipo de beneficio? En principio, no. Sobre si existen beneficios que deban ser limitados porque solo gozan de ellos algunas personas, pareciera más un reclamo por el recorte de la libertad antes que el fomento de estrategias para que más personas puedan acceder a dichos beneficios. Incluso, la discusión puede partir de perspectivas en las que se confunde beneficio o privilegio con corrupción, caso para el cual, la verdadera denuncia no debería centrarse en al acceso a algún beneficio, sino a la denuncia de la comisión de delitos. El mismo concepto de privilegio es problemático y se torna un recurso emocional para distraer corazones fervientes antes que convencer mentes críticas.

 

Dejemos de lado la definición de privilegio y asumamos que, en efecto, existe una manera de delimitar dicho concepto y de que existe un grupo de personas privilegiadas que marchó por defender sus privilegios. De ser así, toca averiguar ¿Qué está afectando sus privilegios? Dos respuestas pueden esbozarse:

  1. El gobierno ha emprendido una serie de medidas para recortar los privilegios de un sector de la sociedad. Esta respuesta es falsa, pues de momento no se ha afectado la propiedad privada.
  2. Las políticas públicas del gobierno afectan a toda la sociedad, incluyendo al sector privilegiado.

 

En efecto, la crítica de la izquierda tendría más sentido si solo se estuvieran afectando los privilegios de un sector, pero esto no es así. Es la misma izquierda la que menciona que “el pueblo” ha salido a protestar para que Castillo cumpla sus promesas, lo cual significa que las (inexistentes) políticas actuales los están afectando. Entonces, ¿se cumple el que solo se estén quitando los privilegios a un sector de la población? No. Ese requisito no se cumple, por lo tanto, si un sector de la población protesta por la defensa de su estilo de vida lo hace porque el país en general está sufriendo graves estragos. Si la intención del gobierno no es atacar al sector acomodado, ni tampoco alivia las demandas de la gran mayoría no privilegiada, estamos ante una situación preocupante, pues ambos extremos exigen soluciones. Todos protestan por sus intereses personales y, a la vez, por un interés común.

 

Imaginen cuál es el daño en la economía y estilo de vida de la gente menos favorecida si las personas privilegiadas ven afectados sus intereses. ¿Acaso el ver protestar personas con mayor capacidad adquisitiva no sugiere que el país se encuentra sumido en un verdadero problema? ¿Si afecta al “privilegiado”, cómo y en qué grado está afectando al “no privilegiado”? La mezquindad de la izquierda no contempla esta lectura y solo aviva la división.

 

 

La marcha ha sido un fenómeno espontáneo en el que miles de personas de distinta procedencia y sector económico han elevado su voz de protesta porque el actual gobierno simplemente no funciona. No es capaz de mejorar la calidad de vida de la mayoría y, encima, sus torpes decisiones afectan al sector empresarial, aumentan la incertidumbre y no generan confianza entre quienes podrían crear puestos de trabajo al invertir en nuestro país. Que la retórica divisionista no enceguezca a los peruanos. La marcha del martes exigía soluciones para la crisis y, de momento, la mejor solución parece ser la renuncia de Pedro Castillo.