Las niñas y niños huérfanos del COVID-19, por Verushka Villavicencio

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Expertos a nivel internacional señalan en diversas publicaciones que el total de muertes por la pandemia podría ubicarse entre 10 y 40 millones de personas. Las consecuencias son niñas y niños huérfanos expuestos a diversos tipos de vulneración de sus derechos: la trata, la explotación sexual comercial, ser obligados a mendigar y otros tipos de trabajo infantil. Antes de la pandemia, 152 millones de niñas y niños realizaban trabajo infantil, de ellos, 73 millones estaban expuestos a trabajos peligrosos, según Human Rights Watch.

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó el 08 de mayo de 1945, dejó niñas y niños huérfanos, simulando el andar de los adultos, con todos los años del mundo encima. Se calcula que sólo en Berlín había más de 50.000 niños perdidos que sobrevivían en las calles. Se criaron sin padres y vivieron en sótanos y alcantarillas. Fue recién en 1947 a través de la Administración de Naciones Unidas para Ayuda y Rehabilitación (UNRRA) que se inician los programas sociales para atenderlos; luego sería la Organización Internacional para los Refugiados, los responsables de darles una oportunidad para sus vidas.

Así como en la guerra, en la experiencia de las pandemias a nivel internacional, son las niñas y niños quienes más sufren la vulneración de sus derechos. UNICEF reportó en abril del 2019, 1.400 niños huérfanos en la República del Congo debido al ébola. En este caso, los sobrevivientes que se convirtieron en inmunes ante la enfermedad, se ocuparon de los bebés y de los niños pequeños huérfanos. La cooperación internacional se movilizó y mediante asistentes psicosociales trabajaron con la población y los líderes comunitarios para evitar que fueran estigmatizados y rechazados por la enfermedad de sus padres. Esta labor es clave en el proceso de resiliencia de las niñas y niños.

Aprender de la experiencia ayuda para decidir y ejecutar. Hasta el cierre de mi artículo, tenemos en el Perú 366,550 casos de contagio de COVID-19; 17.455 son personas fallecidas y de ellos, 143 son mujeres entre 20 y 29 años. No tenemos cifras si eran madres de familia, pero es evidente que en todo el país, niñas y niños están perdiendo a sus padres y madres. Es probable que un grupo pueda quedarse con familiares cercanos, pero incluso en este caso, la familia requerirá apoyo humanitario, así como asistencia en salud y educación.

En el Perú tenemos el Programa Nacional de Adopciones del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, que esperemos pueda agilizar los procedimientos para que las niñas y niños que se encuentren sin una familia por la muerte de sus padres debido al COVID-19, puedan integrarse a una que les dé seguridad. Entre los años 2013 y 2018, fueron 1,027 niñas, niños y adolescentes adoptados. De preferencia, buscan que las parejas sean casados, no obstante, aceptan personas solteras, divorciadas y viudas (que deben tener entre 30 a 45 años), según información del programa.

Lo que no debe pasar es que en el presupuesto para el 2021 no se consideren programas que atiendan la situación de niñas y niños huérfanos por el COVID-19 en el Perú. La asignación presupuestal debería responder a un modelo sistémico que aborde no sólo el tratamiento de las niñas y niños, sino a la familia que los acoja y su comunidad cercana. Uno de los grandes desafíos es la articulacion interministerial para resolver integralmente la salud, la educación y el empleo. Pero esta vez, la responsabilidad ya no debería ser sólo del Estado sino de la empresa privada como actor clave en la comunidad. Necesitamos un modelo de promoción de la salud transversal a todos los ministerios para la atención a las niñas y niños huérfanos del COVID-19.

¿Hacia dónde vamos ahora que estamos a casi un año del Bicentenario? Nuestras niñas y niños huérfanos tienen derecho a una nueva vida con nuevas sonrisas que acompañen su duelo y su camino sin sus madres y padres, pero con oportunidades para una vida digna. Ese es el país para el Bicentenario que todos merecemos.

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