Las procesiones de Luis Davelouis, por Aldo Llanos

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Hace unas semanas mi abnegada novia, profesional de la salud y creyente, se propuso ayudar a un par de gemelos prematuros en riesgo de muerte. Ambos pequeñines necesitaban con urgencia sendas operaciones y la reposición de las unidades de sangre que eso requería. Aunque por la gravedad del momento todo hacía indicar un final rápido, ella, por su fe, nunca perdió las esperanzas a pesar de que todo apuntaba en contra. Curiosamente, sus padres fueron a la procesión del Señor de los Milagros, ella también, y los pequeñines contra todo pronóstico empezaron a responder. Y no solo eso, a su llamado, muchos amigos, otros creyentes, fueron en masa a donar sangre. ¡A pesar del tráfico de esos días por la procesión!

¿Por qué esta gente lo hace si no hay obligación por vinculo amical o parentesco consanguíneo?, ¿no sería hermoso Luis, ver que esto no solo pasa en el mes morado, sino en todos los meses del año y en todos los hospitales y clínicas del país?

Por eso Luis, uno puede ser ateo cuando le dé la gana en su casa y seguir el ritual (secular, claro está) que más le acomode (encerrarse con el perro en el baño a escuchar a la banda metal “Condenados” y su tema: “Procesión al infierno”, o subirse al techo para leer a Dawkins, Hitchens, Dennett, Onfray, etc., parado de cabeza o calato); pero ningún pesimismo intelectual debe interferir con el derecho a ayudar a los demás por fe.

A mí me parece increíble que en pleno siglo XXI todavía haya gente que insiste en sacar los objetos devocionales de los hospitales del Estado. Primero: el ateísmo/ agnosticismo no curó ni cura nada de nada. Y si alguno está seguro que es así, ¿no deberían ser los hospitales las canteras infalibles de incontables ateos? Me parece que es al revés, Luis.

Además, eso de apuntalar la ciencia con la fe, en el extremo, hace que innumerables profesionales, como mi novia, hagan más de lo que sus funciones le permiten solo porque logran ver en el rostro de los desconocidos sufrientes el objeto más preciado de su fe: al mismo Cristo. ¡Carajo, que dicha toparse con gente así!

Por eso y con todo aprecio Luis: Una procesión de ideas a tu cerebro ¡YA!