Latinoamérica después del boom

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El “boom literario” ha sido, hasta el momento, el hito más importante de la literatura latinoamericana. Alcanzó una enorme reputación mundial, no solo por su calidad literaria sino también porque significó un “boom editorial”, permitió que las casa editoras españolas, presionadas por Franco, volcasen su mirada a una América hispana que ansiaba desde hace mucho un espacio en la literatura mundial. La mirada se encontró con una serie de escritores extraordinarios cuyos escritos trataban de darle identidad y voz al nuevo continente. Cuando se habla del “boom”, se habla de Gabriel García Márquez (Nobel), Mario Vargas Llosa (Nobel), Julio Cortázar, Carlos Fuentes; sin embargo, cabe precisar que el “boom” fue una evolución histórica por lo que no se entendería sin Jorge Luis Borges, sin Vallejo, sin Juan Rulfo. Como también es necesario mencionar nombres como Pablo Neruda (Nobel) y Julio Ramón Ribeyro, muchas veces no considerados parte del “boom” porque en dicho movimiento se valoró más el género novelístico.  Si hablamos del boom, también será necesario hablar sobre las consecuencias de este. Una de ella, la inmediata, fue el “post boom”, con escritores como Alfredo Bryce Echenique, Isabel Allende, Laura Esquivel, Laura Restrepo, Roberto Bolaño, entre otros, que se vieron influenciados directamente con los estilos literarios del “boom”. Entonces, surgieron dudas si es que se había perdido la originalidad, y se habló de escritores parecidos a otros. “Escribió como tal”, etc.

Sin embargo, me interesa la segunda consecuencia, que es la mediata, a largo plazo. Históricamente, después de un gran movimiento intelectual, viene una etapa de individualidades o una etapa que no llega a la calidad de dicho gran movimiento. Por ejemplo, si hablamos de los escritores del “post boom”, más allá de calificar su calidad literaria, no podemos hablar de un solo movimiento literario, sino hablaremos de diversos nombres que, por separado, se han hecho de un nombre en la literatura universal, ya no hay cafés juntos, ni discusiones dogmáticas, ni influencias mutuas. Bryce es una voz única que no se parece a ninguno de sus contemporáneos, lo mismo con los demás. Ese individualismo literario ha hecho que, en parte, no se hable de una intelectualidad literaria  o de la continuidad de la búsqueda de la identidad latinoamericana. Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa, tenían en claro que América Latina necesitaba una literatura propia, ese fue el ideal del “boom”. Hoy por hoy, los escritores, influenciados por el término del “boom latinoamericano”, no tienen un ideal  común, un ideal intelectual, un ideal que marque las pautas de la nueva literatura latina.

Tendremos que esperar a los escritores nóveles, aquellos que vienen por debajo de ese individualismo, porque son ellos los que tienen el deber de marcar las pautas nuevas de lo que será la literatura latinoamericana del siglo XXI ¿Cuál será? Todavía no lo sabemos, pero seguramente, con el pasar de los años, se mencionarán nombres nuevos y, los lectores, deberemos estar atentos para apoyar los movimientos intelectuales futuros. Se nos vienen cosas nuevas en la literatura, de eso estoy seguro porque después de los momentos históricos de individualización, nacen las nuevas ideas en conjunto ¿Cuál  será la literatura latinoamericana del siglo XXI? ¿Será más influyente o menos influyente que el “boom”? ¿Será un verdadero movimiento intelectual, social y literario? ¿Tendremos figuras como Borges, Cortázar, Márquez, Vargas Llosa, Ribeyro, entre tantos otros? ¿Podremos, nuevamente, estar en la cúspide de la literatura mundial? Son preguntas que, al igual que usted, estimado lector, espero poder responder al final de mis días.