Lecciones aprendidas en París, por Enrique Banús

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La mayoría de quienes atentaron en París habían nacido en Europa. Esto, como los atentados de Londres hace ya bastantes años, genera aun más conmoción: son personas educadas en Europa pero a las que ni siquiera se ha podido convencer de que las otras personas, educadas como ellas, sus vecinos, merecen ser respetadas. No es lo mismo que un comando venido desde fuera, que atenta y mata a gentes con las que no han convivido.

Dicen que el cerebro vivía en Bélgica y que algunos de los asesinos también vivían allí. Bélgica es un Estado en problemas desde hace muchos tiempo, con las eternas peleas entre valones francófonos y flamencos neerlandófonos (decimos que hablan flamenco, que es básicamente lo mismo que “holandés”, nombre común para lo que con corrección técnica deberia ser esa palabra que figura antes del paréntesis). Con tensiones que se ven en detalles de la vida cotidiana: te diriges a alguien (por ejemplo en la venta de billetes para el tren) en francés; lo entiende perfectamente, pero contesta en inglés: es flamenco.

Con gobiernos complejos, en coaliciones múltiples, tras acuerdos entre los liberales, los socialistas y la democracia cristiana, cada una de ellas en sus vertientes valona y flamenca, con intereses que se superponen con los de la respectiva ideología. Con un partido nacionalista flamenco (con tintes xenófobos) que en algunas ocasiones ha conseguido porcentajes importantes de voto. Con gobiernos que a veces no duran mucho en el cargo. En 2011 estuvo 535 días sin gobierno.

Bruselas, a su vez, es un conglomerado difícil de gobernar. Son 19 municipios independientes, con su propio gobierno loca y su propia policía. Con grandes diferencias entre ellos, mejor o peor gestionados, lo que se comprueba a primera vista. Muchas veces da la impresión de que los servicios públicos federales sufren una especie de descuido, de desinterés. Un ejemplo palmario: muchas veces, los trenes circulan con retrasos. En un trayecto tan poco complejo (y tan vital) como el Bruselas-aeropuerto.

Que allí pueda esconderse de todo, no extraña demasiado.

Dicen por otro lado que algunos de los asesinos entraron por Grecia. Si así fuera, se confirmaría un temor que ya se escuchaba cuando iba a entrar en vigor el Tratado de Schengen, por el que se eliminaban los controles en fronteras interiores. Se expresaba entonces el recelo (y por eso incluso se retrasó la puesta en marcha del Tratado) de que en algunos países los controles en las fronteras exteriores -que necesariamente tenían que ser muy serios- no cumplieran los requisitos. Y siempre se mencionaba Grecia. Está claro que las oleadas que llegan a través de Turquía suponen un desafío muy importante, pero no hay que olvidar también que Grecia lleva en una crisis de enorme importancia ya varios años, con los gobiernos (sobre todo el último) enfangados en una invención de escaramuzas siempre nuevas para conseguir que no cese el flujo de ayuda financiera.

Me atrevería a afirmar que con gobiernos ocupados con otras prioridades, gobiernos débiles o en gestionando situaciones complejas, es más fácil no garantizar todo el apoyo, el control, el seguimiento y la exigencia a las fuerzas de seguridad.

Y queda la duda de si en Francia, que en el atentado de Charlie Hebdo falló clamorosamente, esta vez se ha actuado con diligencia, se han seguido todas las pistas. Desde luego, la retórica post-atentado de “estamos en guerra” no ayuda nada: no es una guerra, ¿contra quién?, ¿contra un Estado? – no existe, no lo haga existir con su retórica; ¿contra un movimiento de liberación o lo que fuere? Son asesinos, vulgares terroristas fanáticos, con unas ideas abominables. Es la lucha contra unos criminales.

Y dos datos curiosos: en internet, según una investigación en Estados Unidos, el mayor apoyo a ese falso “Estado Islámico” procede de Arabia Saudí, un polvorín lleno de fundamentalistas sólo controlado por los petrodólares. Y según el Instituto de Economía y Paz, con sede en Londres, en 2014 hubo un 80% más de víctimas del terrorismo que el año anterior (32.650 personas). Incluso han calculado los costes del terrorismo en el mundo: 53,000 millones de dòlares. Ese no-Estado y Boko Haram en África (Nigeria es uno de los países más castigados) encabezan la lista de los verdugos. Pero de África, una vez más, nos hemos olvidado: sólo es noticia cuando se ataca un hotel lleno de occidentales. Las mezquitas moderadas o las iglesias que saltan por los aires, eso no es noticia.