Lecciones de Mandarín

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Diez días desde que llegué a Chongqing. Ayer hicimos la presentación final del proyecto al cliente y creo que puedo afirmar con cierto nivel de confianza que quedaron bastante satisfechos. Durante este tiempo, he estado trabajando muy de cerca con una empresa china y gracias a esta interacción he aprendido muchísimas cosas, tanto sobre la industria como sobre la cultura. Aparte de haber aprendido que en China no venden desodorantes para mujeres, pero sí infinitos productos de blanqueamiento facial, o que es de mala suerte decirle a una madre que su hijo recién nacido es bonito, he recibido una importante lección de gratitud y hospitalidad.

Era el primer día de trabajo efectivo en la empresa del cliente y habíamos pasado la mañana visitando varias tiendas para observar a los consumidores. Era la hora de almorzar y el cliente quería darnos la bienvenida. Nos llevó a un restaurante en un centro comercial y pagó la cuenta. Por ser la primera vez, no nos sorprendió y aceptamos. Sin embargo, todos los días que le siguieron a este, si es que daba la casualidad de que estábamos con el cliente poco antes del almuerzo, nos acompañaría e intentaría pagar por nosotros. No solo el cliente, sino que el traductor que nos acompañó todo el viaje buscaba cualquier oportunidad para regalarnos cosas, invitarnos algo de tomar de sorpresa o llevarnos a almorzar o cenar cuando el cliente no estaba. Las invitaciones a distintas cenas terminaron ocupando todos los días del programa, todas mostrándonos las costumbres culinarias de Chongqing y su tradición de comer cantidades casi imposibles de picante. Tuvimos un cordero a la brasa que te adormecía la mitad de la cara, o el tradicional «hot pot», que es básicamente una sopa caliente y picante donde se agregan los ingredientes más variados (desde tripa, oreja de cerdo, sangre coagulada, pata de pollo, entre otras cosas). Eventualmente, el 30% de los participantes del programa tuvimos que enfrentar las consecuencias de ser tan aventureros, pero creo que todos apreciamos la experiencia de compartir estos espacios con las personas locales, especialmente en lugares no típicamente turísticos.

Otra cosa que noté fue que bastaba que alguien demostrara una sutil señal de interés en algo para que nuestro cliente nos lo ofreciera. Estábamos visitando una tienda que se encontraba en la rivera y vimos pasar un barco. Una compañera pregunta: “¿Ese es un tour por el río?”, a lo que el cliente responde: “Sí, ¿quieren ir?”. Intentamos evadir el compromiso diciendo que tal vez iríamos luego. Dos horas después el cliente nos dice que ya había comprado tickets para todos para ir al crucero por el río. Como este, tengo varios ejemplos. Como la vez en que en una conversación informal una gerente de la empresa nos cuenta que le gusta mucho ir a las aguas termales y hacerse masajes, a lo que respondimos diciendo que a nosotros también nos gustan los masajes, o cuando les conté que me gustaba cantar. Si entendieron la lógica, tuvimos un día completo de integración con el cliente en el que fuimos a pasear por la ciudad y a las aguas termales, y en la noche, al karaoke (dos veces).

Para culminar nuestra semana llenos de atenciones, luego de la presentación final del proyecto, cada uno de los miembros del equipo recibió como regalo un cuadro tradicional hecho de las hojas del árbol de Chongqing con diseños tradicionales pintados a mano, cada uno diferente. Y esto me lleva a mi primer punto: creo que el cliente quedó satisfecho con la presentación, porque siempre se mostró muy amable y feliz de tenernos trabajando en su empresa. Los comentarios luego del producto final fueron muy positivos y se mostraron sumamente agradecidos por las recomendaciones que hicimos para hacer crecer su negocio. Sin embargo, en un idioma desconocido, es muy difícil leer más allá de las palabras, sobre todo con tantas demostraciones de gratitud. No me queda claro si las personas acá son así con todo el mundo o es parte de la cultura, pero ciertamente hemos pasado una semana increíble donde no sólo hemos aprendido muchísimo sobre la industria automotriz de Chongqing sino también hemos hecho buenos amigos.

Estoy escribiendo desde el aeropuerto. Chongqing, ha sido un gusto. Nos vamos a Beijing a ver qué tal.