Lecciones del santo de la salud mental, por Verushka Villavicencio

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Si existe el fuego que alimenta el genuino sentimiento de hacer el bien, entonces la razón encuentra el camino. Un ejemplo fue Giuseppe Moscati, médico que consagró su vida al servicio de la salud de los más pobres de Napolés a inicios del siglo XX. Su percepción de la salud era no sólo tratar la enfermedad, sino las condiciones externas que influyen en acentuar su miseria. De mirada profunda, frente ancha y nariz espaciosa, era capaz de acoger a sus enfermos con la disposición tierna de un científico que vivió entre la ciencia y la fe. Fue nombrado miembro de la Real Academia Italiana de Medicina Quirúrgica y recibió un doctorado en química fisiológica. Su corazón como su ciencia latía en los barrios más pobres, por eso poco a poco fue despojándose de sus bienes materiales para cubrir las medicinas que brindaba gratuitamente a adultos mayores, niños, niñas, personas con discapacidad y todo aquel que tocara su puerta.

Moscati comprendió al ser humano desde la euforia. Euforia que él afrontó rescatando a pacientes psiquiátricos encadenados a sus camas que no podían salvaguardarse, luego de la erupción del volcán Vesubio, en 1907. Semejante acción, podría ser considerada un acto de locura o una acción heroica. El film sobre su vida, cuya libre adaptación de Giacomo Campiotti retrata una serie de estrategias de promoción de salud que Moscati, ejemplifica acciones que curan el alma para salvar el cuerpo. Sacar a todos los pacientes internados a tomar el sol al jardín con y sin sus camas hospitalarias así como usar la insulina para el tratamiento de los diabéticos, son algunas de las medidas que clarifican un genuino anhelo de abordar el bienestar integral del ser humano desde una concepción de la salud que no sólo enfrenta la enfermedad.

Como Moscati en su época, ¿quién no ha experimentado un estado eufórico? Todos alguna vez hemos sentido que lindamos con la locura. Pero además, en el mundo existen 300 millones de personas que experimentan depresión porque no han logrado liberarse de su percepción sobre la realidad y no son capaces de transformar ese sentimiento de soledad y desamparo en una oportunidad de cambio que evite su propia enajenación. Las ciudades tienen tasas elevadas de prevalencia de enfermedades mentales: la esquizofrenia es la más alta, 21% es para los trastornos de ansiedad y el 39% para los trastornos del estado de ánimo. La cifra más dramática es que cada 40 segundos una persona se quita la vida, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. Me pregunto qué haría Moscati hoy.

Frente a esta realidad, la nueva ley de salud mental recientemente aprobada abre la puerta a la esperanza a través del modelo de salud mental comunitario que garantiza el acceso a los servicios de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación en salud mental. La nueva ley dispone que los establecimientos de salud del Ministerio de Salud, del Seguro Social de Salud, de la sanidad de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú así como el sector privado, bajo la rectoría del Ministerio de Salud, den el mismo trato a la salud física y mental de todas las personas, desde el primer nivel de atención. Este paso decisivo compromete a todos los sectores con la puesta en marcha de la desaparición progresiva del internamiento hospitalario. Más bien, se trata de que la persona encuentre en su localidad un escenario favorable que le permita salir de su enajenación. Un abordaje de promoción de la salud que lo acoja en la escuela, la universidad, el barrio, la iglesia, etc. La proyección del MINSA es que al 2021 habrá 281 centros de salud comunitaria. Actualmente existen 103 siendo la brecha aún por recuperar 580 en todo el país.

En los centros de salud mental comunitaria se trata de forma primaria la salud mental. La atención especializada integral incluye el diagnóstico, el tratamiento psicofarmacológico especializado, psicoterapias y la rehabilitación centrada en la comunidad. En el caso de ser necesario se procede a una hospitalización total o parcial en los denominados “hogares protegidos”. Aquí las personas reciben cuidados alternativos a los que le brindaría una familia.

Otra novedad importante de la norma es que obliga a que los  seguros de salud públicos y privados deben cubrir la atención en salud mental dentro de sus planes incluyendo el tratamiento ambulatorio o el internamiento y hospitalización, así como el acceso a medicamentos y productos sanitarios adecuados y de calidad.

Guiseppe Moscati revolucionó el paradigma médico de su época y encontró un camino entre la fe y la razón sanando mentes y recuperando corazones. Hoy a los 92 años de su muerte, siendo un santo proclamado por el Papa Juan Pablo II, en el Perú se abre una puerta para la salud mental de los ciudadanos, sobre todo para aquellos cuyo acceso a la salud se limita por su pobreza. Con esta ley los peruanos tenemos la oportunidad desde los gobiernos regionales y locales de construir ciudades que incluyan a todas las personas sin dejar atrás a aquellos cuyos actos de locura no encuentren causas enaltecedoras. Es un camino para la creación de ciudades inclusivas para todos los seres humanos.

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