Ley antitransfuguismo: ¿Y dónde quedó la defensa de la institucionalidad?, por Diethell Columbus

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La precariedad de nuestro sistema democrático y el pésimo desempeño de nuestra clase política ha llevado a que más de una organización o institución dedique su tiempo y esfuerzo a trabajar propuestas que nos ayuden a fortalecer aquello que lamentablemente los dizque partidos políticos y sus representantes no han podido o mejor dicho, no han querido hacer a lo largo de las últimas décadas.

De todos los trabajos realizados por estas organizaciones, destaco el rol que desempeñó la asociación civil Transparencia y su propuesta denominada #Plan32. Cabe señalar que resaltamos este combo de reformas, pues fue la que mediática y políticamente tuvo mayor impacto hasta fines del año pasado.

¿Acaso no recuerdan cómo Congresistas de varias bancadas firmaban en conferencias de prensa su respaldo al #Plan32? ¿Acaso no recuerdan cómo el premier Zavala recibió a los representantes de Transparencia para impulsar las 32 reformas que se planteaban? ¿Acaso ya olvidamos que más de un personaje público escribió u opinó que el #Plan32 es una oportunidad que no debemos dejar pasar?

Dicho esto, quedaba claro que el #Plan32 era la solución a los problemas de nuestro sistema político y en especial de nuestro sistema de representación. En este punto, me permito citar la tercera propuesta para mejor el funcionamiento de nuestro Parlamento:

“Proponemos que los congresistas que dejen de formar parte de un partido político no puedan integrarse a otras bancadas o crear una nueva. Quienes dejen su bancada pasarán a formar parte de un grupo mixto único en el que no tendrán los derechos que tiene los miembros de una bancada. Queremos congresistas leales con sus partidos políticos, fieles a sus propias ideas y comprometidos con sus electores”

¿La propuesta no les suena conocida?

Justamente, esta parte del #Plan32 es la que vemos reflejada en el Reglamento del Congreso y que hoy se le denominada como la “Ley Anti Tránsfuga” y que tanto alboroto viene ocasionado, incluso complicando al Tribunal Constitucional por haberse filtrado un proyecto de sentencia que declararía que esta propuesta de la asociación civil Transparencia reflejada en el Reglamento del Congreso es inconstitucional.

Aunque aún no hay un documento oficial, la pugna mediática y política porque se declare la inconstitucionalidad de esta norma es intensa y, en lo personal, aun no entiendo cuándo es que el #Plan32 paso de ser la solución a nuestro problema de precariedad política a ser una especie de mordaza que busca someter a un mandato imperativo a los parlamentarios. ¿Dónde están los defensores del #Plan32?

Sin perjuicio de lo anterior y en el hipotético que se confirme el proyecto de sentencia filtrado por el congresista Violeta y otros, el Tribunal Constitucional deberá justificar su cambio de criterio, pues debemos saber que en anterior oportunidad, el máximo intérprete de nuestra Constitución ha señalado en dos casos de inconstitucionalidad (Expedientes N° 0030-2005-AI/TC y N° 026-2006-AI/TC) que los partidos políticos, tienen por función, entre otras, evitar que la legitima pero atomizada existencia de intereses, al interior de la sociedad, se proyecte en igual grado de fragmentación al interior Congreso de la República.

Asimismo, detalla que si bien es cierto que el congresista es independiente y autónomo en sus decisiones, su actuación no puede desligarse temeraria e irreflexivamente del partido político del cual provino o lo acogió. De lo anterior se colige, según el propio Tribunal Constitucional, la importancia del fortalecimiento de los partidos políticos en un estado democrático y social de derecho como el nuestro, en el que se impone y reconfigura la autonomía reconocida al Congresista, atendiendo al presupuesto de la propia estabilidad institucional, soporte de una verdadera democracia representativa.

En otras palabras, según la jurisprudencia oficialmente publicada por el Tribunal Constitucional, la propuesta del #Plan32 reflejada en el Reglamento del Congreso es perfectamente constitucional. No obstante, si se decide cambiar de criterio, habría que esperar para analizar cuáles son las razones para este giro de 180 grados que atenta contra la estabilidad de nuestro frágil sistema democrático.

En lo personal, yo sigo apoyando las propuestas del #Plan32 ¿Y tú?