Lío de privados, por Miguel Saldarriaga

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A inicios de agosto de este año, Morgan Stanley anunció la posible reclasificación de Perú de mercado emergente a mercado frontera (frontier market) en su índice MSCI Emerging Market. Y aunque mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces y el asunto se ha resuelto temporalmente, considero necesario revisar algunos detalles y rescatar algunas lecciones.

Un error común de aquellos días (incluso entre algunos economistas “serios”) fue señalar que esto representaba un aumento en la percepción de riesgo del país y en la calidad de la deuda. Nada más errado, pues la reclasificación se realiza a partir del desempeño en términos de liquidez del mercado de valores, en el caso de Perú, de la Bolsa de Valores de Lima. ¿Entonces? El país iba a ser reclasificado debido a que su mercado de valores presentaba un nivel de transacciones bajísimo, y por ende, niveles de liquidez muy por debajo del promedio de un mercado emergente, como México o Chile. El comunicado de la compañía anunciaba que “consultaría con sus inversionistas” y tendría un resultado para el 30 de setiembre pasado.

Este estado de confusión inicial llevó a que muchos pongan el grito en cielo, declarando que cómo era posible que la sólida economía peruana enfrentase ese problema y el riesgo de ser reclasificada hacia abajo. Más aún, si tenemos en cuenta que se buscaba clasificar al país con otros países de poca liquidez en sus mercados financieros, como Nigeria y Pakistán. Y acá conviene ser honestos. No nos hagamos los tontos pues. Nuestra bolsa no es la de un país emergente. En 2014, nuestro mercado apenas superó los 20 mil millones de dólares en capitalización de mercado, cuando Chile y Colombia tienen 10 veces más de capitalización. La bolsa es ilíquida y con un nivel escaso de diversificación (sus fluctuaciones obedecen a movimientos en el sector minero). No somos un mercado sofisticado ni profundo. Pero dado el nivel de desarrollo del país debemos mejorar. Pero, ¿a quién le corresponde diseñar esta mejora?

En la primera semana tras el anuncio, el ministro de economía no le dio importancia al tema y en una reunión del Grupo Apoyo declaró que este era un lío de privados. Nada más alejado de la realidad. Si bien la Bolsa de Valores es una empresa privada, no debemos perder de vista que esta posible reclasificación hubiese tenido graves consecuencias. El principal temor era la salida de capitales. Muchos fondos, con inversiones en mercados emergentes se hubiesen desecho de valores peruanos pues ya correspondían a esta categoría. La Bolsa estimaba (a mi parecer con un amplio margen de error) que alrededor de 5 mil millones de dólares, una cuarta parte del valor total del mercado de valores, se irían.

Pero luego el gobierno se compró el lío. Una comitiva amplia, con el ministro y representantes del Banco Central, además de miembros del sector privado se reunió con Morgan Stanley para convencerlos de mantener a Perú en la categoría de mercado emergente. Además, el Congreso aprobó una ley en setiembre para eliminar el impuesto a las ganancias de capital. El esfuerzo dio resultados. Pero esto es temporal. Perú debe impulsar las transacciones y la liquidez para no ser reclasificado en junio del próximo año. Desde esta columna creemos que el gobierno debe incentivar la liquidez del mercado y tomar medidas activas para ello. Ya se dio un paso importante con la ley del mes pasado (que se implementa  a partir del próximo año) pero será difícil que las acciones aprobadas tengan un efecto significativo en el momento de ser evaluados nuevamente, en junio de 2016. Es casi irónico que las políticas para promover el dinamismo en los mercados financieros se den por necesidad y no por una planificación concertada. Pero por otro lado, la manera en que se plantó cara al asunto y cómo se resolvió merece ser reconocida.