Llantos, patadas y gritos, por Josef Zielinski

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¿Cuándo un parto no ha estado libre de llantos, patadas y gritos? ¿Cuándo el nacimiento de algo nuevo no ha supuesto una situación de dolor? Esta reflexión no es de mi autoría. En realidad le pertenece al gran patriarca de la política peruana, don Luis Bedoya Reyes, haciendo alusión a las disputas y caos reinante ante el desarrollo de una crisis política. La situación actual me invita a reflexionar nuevamente sobre esta frase.

Acabamos de ser testigos de la más profunda crisis política que hemos vivido desde la caída del fujimorismo a principios de la década pasada y al final los parámetros establecidos por la constitución han dado una solución razonable, que es el reemplazo del presidente por el vicepresidente en la conducción del país. Es cierto que como ya se ha dicho, Vizcarra llega “calato y huérfano” a la presidencia. Sin embargo no podemos dejar de destacar que nos encontramos ante el nacimiento de una nueva situación en nuestra política y hay una serie de características que tiene el presidente Vizcarra que me hacen ser moderadamente optimista con respecto a su gobierno.

Primero encontramos como característica destacable su origen, no tanto en su condición de provinciano – algo que no deja de ser un activo – sino principalmente en su condición de “clasemediero”. Desde hace mucho tiempo no tenemos a un gobernante que provenga de esta clase social (algunos podrán decir que Humala provenía de la clase media, pero su padre es una persona que hizo fortuna en su trabajo como abogado) y los “clasemedieros” tienen la característica de vivir de su trabajo y esforzarse mucho por sacar adelante a su familia, siendo muy sensibles al entorno político y económico, dado que cualquier desvarío en estas los va a afectar. Una persona de clase media es más consciente de su condición de ciudadano y le da un gran valor al esfuerzo y al trabajo, virtudes que un presidente debe cultivar.

Por otro lado, los gestos en la política suelen ser muy importantes y en esta primera semana de gobierno, éstos nos hacen pensar que nos encontramos ante algo nuevo.

Primer gesto; la primera entrevista que brinda Vizcarra es a un medio de su región (Moquegua) no a un medio limeño, lo que supone que desea darle protagonismo a las provincias.

Segundo gesto, sus primeras acciones de gobierno han sido el visitar hospitales, colegios y el norte afectado por el Niño Costero del año pasado. Todo esto nos refleja cercanía y empatía con los problemas del ciudadano de a pie – virtud que lamentablemente PPK no tenía – y ánimo de afrontar los problemas que le atañen, antes que grandes elefantes blancos como la refinería de Talara o los Juegos Panamericanos.

Tercer gesto; firmar en Palacio de Gobierno junto con el presidente del congreso y el contralor la Ley de Fortalecimiento de la Contraloría General de la República, norma que fue observada por su antecesor, lo que nos señala su compromiso de luchar contra la corrupción y ánimo de tender puentes con el congreso.

Cuarto gesto; proponer a Cesar Villanueva como primer ministro que, al igual que Vizcarra, ha sido un muy exitoso gobernador regional y en una región más compleja y grande como lo es San Martín. Esto nos dice que quiere gobernar desde la periferia o en todo caso más conectado con la periferia que con el centro y basando probablemente su legitimidad en el apoyo que pueda recibir de las regiones antes que de la élite política limeña, lo que no significa que esta última vaya a ser excluida, dado que percibo que nuestro presidente está dándose cuenta que dicha condición es sobre todos los peruanos y no únicamente sobre cierto sector político.

Estos llantos, patadas y gritos, nos están llevado al nacimiento de algo que aparenta ser una forma de gobernar, inédita hasta la fecha en nuestro país. Ya finalmente depende del presidente Vizcarra que tenga la suficiente habilidad para aprovechar de manera adecuada esta luna de miel que se le está otorgando, porque no debemos olvidar que estos son simplemente gestos iniciales que nos permiten ver con moderado optimismo el futuro. Ojalá que en la evaluación a los 100 primeros días de gobierno mantengamos dicho optimismo y confirmemos que el gobierno va por buen camino. El Perú lo requiere con urgencia.

Y me reintegro nuevamente como columnista de Lucidez. Aprovecho la oportunidad para agradecer a los directores la confianza depositada en mi persona y espero poder enviar mi colaboración de manera regular.

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