Lluvia de misiles

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Es el 8 de julio del 2014. El planeta entero ve con asombro cómo Brasil es humillado y masacrado en su propia casa por el equipo alemán. Llora Brasil. Lloran sus hinchas. Pero su sufrimiento se frivoliza por lo que sucede en otra parte del mundo. El temor a la humillación histórica en un partido de fútbol se ve minúsculo e insignificante comparado con el temor que se siente en Israel y en la franja de Gaza. Sí, es otro tipo de temor. El tipo de temor que saca a aflorar nuestros instintos humanos más primitivos. El temor que nos inyecta adrenalina y nos dice que hay que luchar o huir. El temor a la muerte. En Brasil caen burlas, parodias, memes. En Israel y en Gaza, caen misiles.

Todo empezó con el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelitas, según las autoridades de Israel, a manos de Hamas, el 12 de junio. Semanas de búsqueda terminaron en el descubrimiento de los cadáveres en una fosa. Eran adolescentes, casi niños. Su muerte fue grabada en una llamada telefónica y los cánticos y vítores de los extremistas sonaron después de los disparos que terminaron por liquidarlos. Llegó una represalia israelita contra un adolescente árabe-israelí, perpetrada por muchachos pertenecientes a un grupo de derecha extrema, lo quemaron vivo. Ante la barbarie y el salvajismo se desató la debacle. Hamas hacía que lluevan misiles en Israel e Israel correspondía con una certera defensa. Ahora estamos ahí, en un ir y venir de desgracia motivada por el extremismo.

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Bryan Vexelman es peruano, tiene diecisiete años y ha estado viviendo en Israel desde hace ya varios meses. El 8 de julio las alarmas diseñadas para advertirle a la población sobre la llegada de los misiles, empezaron a sonar desde la calle. Me cuenta que tenía miedo, nunca antes había vivido algo así. Da miedo lo que no se conoce, no cabe duda. La alarma sonaba, él filmaba con su celular. En la filmación todos tratan de guardar silencio mientras obedecen la directiva de alejarse de las ventanas y ubicarse en las escaleras. No hay un refugio en el edificio donde viven, las escaleras son el lugar más seguro en la estructura. Esperan hacinados a que todo pase. La gente está alterada, la alarma ruge y se sabe que en algún lado está cayendo un misil o uno esta siendo interceptado por la cúpula y sus restos caen a la tierra. Calma.

Poco tiempo después Bryan empacaba para cinco días fuera de casa, se iban al norte para estar más seguros. Pero el miedo ya no era el mismo, Bryan, como muchos en Israel se había curtido por la experiencia y descansaba tranquilo bajo la protección de la Cúpula de Hierro. Ahora para él el nombre se sentía bastante literal. Llegaron a un Kibutz, una comunidad colectiva donde todos trabajan por la subsistencia de la misma. Descansan tranquilos pero mientras conversábamos se escuchaba cómo los aviones pasaban a gran velocidad. La prensa peruana había cubierto la historia de Bryan y sus amigos en Israel, había dicho que estaban escondidos en bunkers y que prácticamente estaban al medio de donde caían los misiles. Era mentira, felizmente estaban bien. ‘Ni siquiera escribieron bien nuestros nombres’, me dice Bryan que sentía lástima de ser víctima del sensacionalismo y la cultura chicha de los medios.

Conversé largamente con Bryan y me comentó algo que yo también había notado. Para él los medios de prensa tienen sus miras apuntadas contra Israel. Para muchos Israel es el gigante con un increíble poderío militar que abusa de los palestinos inocentes y vulnerables. Y sí, muchos palestinos son inocentes, al igual que muchos israelitas. Las muertes en Gaza son el producto de los extremistas de Hamas usando para sus lanzamientos de misiles grandes zonas pobladas. ‘Hamas usa a la gente como escudos humanos’, me comenta Bryan, lanzando proyectiles desde hospitales, colegios y casas civiles, lugares que en muchas ocasiones son destruidos por la artillería israelita que sólo busca defender su patria. Pocos hablan de los misiles que lanza Hamas ya que felizmente no llegan a cobrar muchas vidas en Israel pues están protegidos por el casi impenetrable sistema antimisiles, con 85% de efectividad cuando de interceptar misiles se trata.

Bryan me cuenta que se está contemplando la entrada de infantería a Gaza para reducir a los extremistas de Hamas. Disparos van, disparos vienen. Muerte. Dolor. Destrucción. En una guerra la culpa la tienen todos y nadie a la vez. Sin dudas la paloma de la paz le teme a los misiles. Le digo a Bryan que se cuide y que nos veremos algún día para tomarnos una cerveza y hablar más tranquilos. Nos despedimos y casi al unísono deseamos que no haya más desgracia ¿Algún día veremos el fin de esto? ¿Algún día el extremismo y el fanatismo serán extirpados de nuestro planeta? Habrá que esperar.