Lo que no sabe hacer la derecha, por Alejandro Cavero

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Acabo de volver de la República Checa, luego de un placentero viaje familiar. Este país es, curiosamente, uno de los ejemplos más emblemáticos del desarrollo de la economía de mercado en Europa Central. En el año 2006 se convirtió en el primer ex miembro del Comecon (conjunto de países satélites de la unión soviética durante la Guerra Fría) en alcanzar el estatus de “país desarrollado” según el Banco Mundial. Esto sin contar que tiene el más alto índice de desarrollo humano de toda Europa Central y del Este, el noveno más pacífico, el más democrático, y el que cuenta con la menor mortalidad infantil. Es, además, miembro de OCDE, la Unión Europea, entre muchas otras virtudes. Todo a 28 años de la caída del muro de Berlín.

Lo interesante de esta historia es que hasta principios de la década de 1990, la República Checa era un país comunista bajo el régimen de un gobierno títere de la Unión Soviética. Luego de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del régimen nazi, ocupante de la entonces Checoslovaquia, las tropas rusas marcharon sobre esta nación y tomaron el control al oeste de Europa.

El impacto fue tremendo. Años perdidos en lo económico y represión incesante en lo político. Incluso hasta hoy, caminando por las partes intermedias de Praga, su capital, se puede ver los grandes edificios de estilo soviético, y cómo el país, a pesar de las más de dos décadas de inserción en la economía de mercado, aún no puede dejar atrás lo que fue, quizá, una de sus épocas más duras.

Lo más interesante del caso checo, es que el principal artífice de la transición del socialismo a la economía de mercado en este país es un completo desconocido para la mayoría de occidente. El viaje que realicé lo hice con algunos familiares, a quienes considero medianamente cultos y leídos. Cuando les pregunté si sabían quién era Nelson Mandela todos respondieron afirmativamente, “claro, es el ex presidente de Sudáfrica que estuvo muchos años preso por el régimen del Apartheid”. Sin embargo, cuando les pregunte, en la propia República Checa, si sabían quién había sido Václav Havel, todos me respondieron “¿Václav qué?”.

Pues usted, querido lector, probablemente tampoco sepa quién fue Václav Havel. Fue el primer presidente democrático de Checoslovaquia, y luego, el primer presidente de la República Checa, tras llevar a cabo de forma pacífica la división de Checoslovaquia en la República Checa y la República Eslovaca. Así, sin un solo tiro.

Además, Havel no solo logró pacíficamente esta increíble hazaña, sino que además estuvo varios años preso por el régimen comunista y, al igual que Mandela, fue luego electo democráticamente presidente de su país. No obstante, todo el mundo sabe quién es Mandela y nadie quién es Havel. Mandela era de izquierda, Havel era un liberal que llevó a su país a la economía de mercado y a tener uno de los índices de desarrollo más altos de Europa Central.

Pero, lamentablemente, una cosa es la propaganda de la izquierda y otra la de la derecha. Mandela es el líder, y Havel, por liberal, nunca será tan famoso. Nunca recibió el premio nobel de la paz como Mandela, a pesar de haber sido un preso político al igual que este, promover incesantemente los derechos humanos, e incluso, como dijimos, haber logrado la división pacífica de su país. Todo un hito histórico.

Y es que la propaganda de la izquierda, así como sus íconos, siempre han sido mucho más efectivos que los de la derecha. Y eso hay que reconocerlo. Nadie lleva polos de Havel, Hayek o Margaret Thatcher por la calle. Pero sí los llevan de Fidel, Lenin o, como no, el clásico Che Guevara. Nuestros héroes son completos desconocidos, a pesar de haber logrado también asombrosas hazañas. Es tiempo de que repensemos cómo los liberales acuñamos nuestros símbolos.

Yo he vuelto de República Checa viendo un país boyante, abriéndose al primer mundo. Una imagen que anhelo mucho poder ver algún día en mi amado Perú. Nosotros tenemos casi el mismo tiempo que ellos insertados en el mercado mundial y, sin embargo, no tenemos ni de lejos su nivel de desarrollo. Es algo que nos debería llamar profundamente a la reflexión. Pensar que, quizá, lo que nos falta es mística, es mensaje, es comunicación. Es mostrarle a la izquierda y a la gente los símbolos de lo que se hace bien. La propaganda. En fin, la política. Algo que tanto le falta a la derecha, no solo en el Perú, sino en el mundo.

*Otro dato interesante de la República Checa es que alrededor del 60% de su población es atea/agnóstica. Quizá parte del desarrollo tenga que ver con que una porción importante de su población dejó hace mucho tiempo de creer en supersticiones.

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