Lo que nos hace más fuertes, por Carlos Rosas

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Todavía no cumplía los siete años, habré estado en primero o segundo de primaria, y mi
expresión de género para ese entonces ya era bastante marcada. No seguía el patrón, lo
masculino que debía ser para estar como mis demás compañeros se había esfumado y no
porque lo buscara, sino porque era así. Recuerdo que en un recreo por atreverme a hacerle
un alto a uno de mis amigos o así yo lo consideraba, vino un chico tres o cuatro años mayor que yo y me levantó del polo, me amenazó con palabras que ya he olvidado, y se fue diciéndome “maricón”.

Hace unos días, después de la Marcha del Orgullo en Lima y a una semana del día del
Orgullo en el mundo, una persona a quien quiero mucho y admiro, sobre todo, ha sido
blanco de insultos y ataques que en estas líneas no vale repetir. Sin embargo, me es
imposible no recordar mis vivencias personales durante todo el colegio, desde primero de
primaria hasta el último año de secundaria. En la semana, al menos las dos horas de
Educación Física en las que normalmente los hombres debíamos jugar fútbol, yo me
quedaba a un lado porque no me gustaba, y bueno, era el punto perfecto para que los
demás hicieran catarsis conmigo. Está demás decir que en el resto de clases este acoso se
repetía, por ello, al ver en redes sociales recientemente la bestialidad con la que atacaban a Susel Paredes, hoy candidata a la alcaldía de Magdalena, no podía dejar de indignarme.

“Es solo una broma”, “no lo tomes a pecho”, me decían. Bueno, en realidad llega un
momento en el que uno pone un pare, ya que es inadmisible seguir un juego en el cual uno
es el amortiguador. A Susel la descalifican no por su capacidad de gestión que lo demostró
tanto en la Municipalidad de Lima como en Los Olivos, San Isidro y Magdalena, lugares en
los cuales fue gerenta de fiscalización, sino todo lo contrario: lo hacen por amar diferente.
Bien hacía Rosa María Palacios al preguntarse días atrás por twitter: “(…) Ahora, si la
pregunta es ¿con quién tienes sexo?, las respuestas de los políticos heterosexuales van a
estar mejores. ¿No?” Las formas de violencia realmente a veces cruzan la línea, pero que
esto no nos amilane, sino nos empodere. Tengo la esperanza de que estamos cada vez
más cerca de llegar al día en que los derechos humanos no se negocien. Hoy, podemos
empezar en el Perú con algo tan sencillo como el enfoque de género en la educación.
Todas las personas LGTB fuimos niños alguna vez.

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