Lobos disfrazados de corderos, por Gonzalo Indacochea

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Estamos viviendo una época llena de marketing personal en la que lamentablemente abunda la careta virtual. Líderes de opinión con walls de facebook, twitters y otros impecables, con los cuales, si alguna vez has tenido la oportunidad de interactuar y apreciar sus verdaderas opiniones y obras, resultan siendo más pose (¡y de la ilustrada) o cáscara (¡y de la buena!) que sustancia.

¿Cuántos candidatos políticos se han levantado en base a slogans, o en el mejor de los casos opiniones bien argumentadas pero sin ninguna evidencia de ser aplicada en la realidad?

Aquellos son maestros de la imagen, que sin embargo terminan generando percepciones que no corresponden con la realidad y que traen consigo impactos negativos en el público (manipulación) y en el actor (el cual se vuelve adicto a la “realidad” virtual, alejándose de la búsqueda de las soluciones reales a los problemas humanos).

Esto debe llevarnos a cuestionar los liderazgos virtuales y más allá de la empatía y capacidad de argumentación revisar el ethos (integridad), preparación y resultados obtenidos vs el discurso de candidatos políticos por ejemplo, para así evitar caer en manos de lobos disfrazados de corderos.