Loor, loor, loor al que venció la infección.

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La frase que da título al artículo la repetía de vez en cuando, sin mucho motivo ciertamente, un joven médico catalán al que me encontré por Alemania, cuando recién llegaba yo por allá para iniciar mis estudios universitarios. Escuchar África y pensar “desastre” parece casi automático. Ya en ocasiones anteriores ha sido tema de análisis el hecho de que la realidad es mucho más compleja y que, junto a las muy conocidas sombras también hay potentes luces, mucho menos conocidas. “Honor a quien honor merece” – dicen los alemanes. Así que, sea este artículo en loor de dos países que han sido capaces de evitar la propagación del ébola dentro de sus fronteras. Y lo han sido tras haberse presentado casos. Y lo han sido por la buena y pronta gestión.

Así que, loor a Nigeria y Senegal, que han vencido el ébola (según los criterios de la Organización Mundial de la Salud [OMS], un país se considera libre de esta enfermedad cuando han transcurrido 42 días sin que se declare un nuevo enfermo), sin disponer de los costosos tratamientos experimentales. Cierto: no son de los países más castigados por la epidemia (en realidad, allí ni siquiera se puede hablar de epidemia) y el verdadero drama está en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry. Es verdad: tienen Nigeria y Senegal un nivel de vida y unas posibilidades que los estados citados no tienen. Pero lo suyo no es sólo una suma de circunstancias favorables, es el resultado de algo que se piensa que en África no existe: una buena gestión. Contemos un poco la historia:

21 casos se detectaron en Nigeria, ocho personas fallecieron (con lo que la tasa de mortandad está incluso por debajo de la media). “Ésta es una espectacular historia de éxito”, declaró eufórica el representante de la OMS en el país. El ébola entró allí por vía diplomática y de forma bastante efectista: un diplomático estadounidense-liberiano se desmayó en el aeropuerto de Lagos. Procedía de Liberia, uno de los tres grandes focos, era el 20 de julio y en ese momento Nigeria no estaba preparada para enfrentarse a la enfermedad. De este modo, en su camino hasta el hospital y allí mismo pudo contagiar a varias personas. Hospital privado de lujo, por cierto.

El segundo brote entró por Port Harbour, donde llegó otro diplomático burlando la cuarentena. Se contagió el médico que lo trató, que siguió trabajando y atendiendo a numerosas personas. 70 de ellas fueron puestas bajo control: tres se habían contagiado, una falleció, dos salieron adelante con “los remedios de siempre”: evitar la deshidratación y transfusiones. Como todos.

En ambos países la clave ha sido, además de una infraestructura sanitaria de mejor calidad que en el entorno, la formación de los sanitarios y las acciones de concienciación de los ciudadanos. Y una rápida reacción. EL gobierno de Nigeria se dio cuenta en seguida de que la pérdida de control sobre la enfermedad en Lagos, la capital (de facto) del país (de derecho, la capital es Abuya) con sus -se dice- 22 millones de habitantes sería fatal. Es cierto que el hecho de que entrara el virus por la ciudad y no se extendiera -como en los países problemáticos- por zonas rurales, con asentamientos pequeños, mala infraestructura viaria…, facilitó el control, pero sin una reacción rápida lo que podría suceder en una megápolis como Lagos es difícilmente imaginable. El gobierno encomendó la formación de los sanitarios, para quienes -a diferencia de otros países africanos, con brotes periódicos- le ébola es un desconocido, a “Médicos Sin Fronteras”, ONG que posiblemente acumule la mayor experiencia en la primera fila de la lucha contra esta enfermedad. La organización, fundada en Francia en 1971, se sostiene en más de un 90% con fondos privados y trabaja en 81 países.

La sensata decisión del gobierno nigeriano de dejar el programa de formación en manos de una organización privada (los grandes expertos en el tema) es clave para comprender cómo se evitó la propagación del mal. Además de la formación especializada, hubo campañas de información masiva, con un gobierno que llegó a enviar 120 millones de SMS a los ciudadanos. En un país en que el cine propio es muy popular, actores y actrices bien conocidos se involucraron en las campañas. Twitter y Facebook sirvieron de multiplicadores del mensaje en una país con una cobertura importante de internet y celulares (las estadísticas de teléfonos en muchos países de África indican que se han saltado la fase de telefonía fija y han accedido directamente a la telefonía móvil). Dicen los expertos que también ha ayudado la estrategia desarrollada durante años para luchar contra la poliomielitis, que sigue siendo endémica en el país. Con ayuda de una fundación de Estados Unidos han desarrollado un sistema de detección temprana y reacción rápida, que ha servido ahora de modelo: los equipos sanitarios estaban ya entrenados.

También en Senegal las redes sociales jugaron un papel clave. El primer caso llegó del vecino Guinea Conakry. La Ministra de Salud desencadenó la alarma en el mes de agosto, con su mensaje de: tranquilidad, está todo controlado, mensaje repetido millones de veces en la red, con el efecto contrario: Alarma, ha llegado el ébola. Pero pronto controlaron la situación: ya al día siguiente, los más influyentes internautas se organizaron para coordinarse en la gestión de la información en twitter y Facebook. “Reunión de crisis de los bloggers sobre el ébola para acompañar en la sensibilización y la prevención” – era el tweet con el que se convocaba a esta reunión, virtual por supuesto. Acompañar al Estado, por supuesto. Acompañar con información seria y serena, ésa sería la consigna. Ya están entrenados los cibernautas senegaleses, unidos desde la campaña previa a la elección del Presidente en 2012, forjados en las inundaciones de Dakar en agosto de ese año y entrenados luego en otras acciones. Ahora, cuando el gobierno necesita una campaña de sensibilización, son convocados oficialmente.

Sí, también esto es África. Loor, pues, ante la madurez política y ciudadana. Un ejemplo.