Los hermanos Tararí y Tarará, por Daniela Ibáñez

"En lo político, no tienen ideología, son agentes del oportunismo, se perpetúan en el poder porque son criaturas propias del bosque embrujado que es el Estado peruano hoy en día".

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Si algo hemos experimentado últimamente los peruanos es miedo. Mucho miedo. Al virus, al contagio, a quedarnos sin empleo y sin ingresos. Somos como Alicia, cuando cae improvisadamente en la madriguera del conejo y se transporta a un mundo desconocido; el País de las (des-) Maravillas. Ahora, en época de elecciones, los candidatos nos ofrecen ‘soluciones’ para salir del bosque encantado.

Entran los hermanos gemelos Tararí y Tarará la dupla política germinada en la frondosidad de la mala hierba del bosque, que hacen una suerte de espectáculo barato para convencer al votante, que ellos tienen la solución a las desgracias colectivas. No son criaturas nuevas, ya hicieron su daño respectivo cuando ocupaban los cargos públicos más importantes de la nación: la Presidencia del País y la Presidencia del Congreso. Ahora los cargos para los que postulan se han visto invertidos – Tararí postula para el Congreso, con aspiración de liderarlo, y Tarará postula a la Presidencia. Y pues, se trata de su naturaleza propia – son simétricos e idénticos – tararean, intercambian posiciones y en el proceso, no dicen y no aportan nada sustancial. Hablamos de Martin Vizcarra y Daniel Salaverry, número 1 por la lista al Congreso y del Ejecutivo del partido Somos Perú, respectivamente.

En lo político, no tienen ideología, son agentes del oportunismo, se perpetúan en el poder porque son criaturas propias del bosque embrujado que es el Estado peruano hoy en día. Son agentes del status quo, y una cámara de eco de los intereses que, en la superficie parecen ser populistas, pero en el fondo son simplemente intereses oscuros. Tararí propone eliminar la inmunidad parlamentaria – para terminar de fusilar a la clase política profesionalizada. Tarará propone plantear una Nueva Constitución con una Asamblea Constituyente para eliminar las condiciones que han conllevado al desarrollo económico que tuvimos los últimos 20 años – propiedad privada, independencia del Banco Central de Reserva, flexibilidad laboral*. En fin, Tararí dice lo que dijo Tarará, y sucesivamente. Salaverry dice lo que diga Vizcarra, y viceversa.

No subestimemos a esta dupla, pues tienen la capacidad de ir muy lejos. Me cuesta mucho creer que tienen el bien del país en mente. Vizcarra tiene una de las acusaciones más sólidas de corrupción en proceso en la Fiscalía. Es un misterio porque no se procede con su exclusión de la contienda electoral todavía. Si tendría capacidad de postularse a la Presidencia lo haría, y probablemente ganaría, ya que contaría con la mayor intención de voto según preguntas espontáneas de diversas encuestadoras. Por el otro lado, a pesar que ha ocupado un cargo público importante, Salaverry sigue siendo un personaje bastante desconocido; esto lo hemos confirmado en un reciente focus group en el Centro Wiñaq. No es muy difícil razonar que la estrategia es la siguiente: Vizcarra es el jale estrella, que le da votos no sólo a Salaverry, un político nocivo que no tiene ningún reparo en aliarse con quien más le de votos, sino también a Somos Perú, un partido conocido por sus propuestas y votaciones populistas, que está liderado por una ex alcaldesa acusada de defraudación tributaria y varios otros delitos.

Estemos atentos a Tararí y a Tarará, cuyo objetivo es esquivar la justicia y perpetuarse en el poder, en el proceso, sembrando la desgracia. Si llegan a la Presidencia, el año pasado solo ha sido una prueba piloto de la paupérrima gestión que podría darse bajo su gobierno. Este 11 de abril, escapemos del bosque oscuro.

*Nótese que el plan de Gobierno de Somos Perú propone en la página 57: “Es no menos trascendente reformar el sistema de elección de los magistrados del Tribunal Constitucional, del directorio del Banco Central de Reserva que deben estar ajenos al vaivén de las decisiones y cálculos políticos.”

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