Los irresponsables, por Carlos San Román

«Lo “mejor” que nos puede pasar es que el Sr. Castillo se vuelva un Humala, pues ese camino incorrecto puede corregirse a partir del 2026. Si no lo hace, lastimosamente todos pagaremos durante décadas por esta irresponsabilidad compartida entre él y el sistema político y electoral».

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Ser irresponsable es actuar sin medir las consecuencias de los propios actos. Cuando una persona sabe que es absolutamente incapaz de ejecutar una labor y que al hacerlo, pondrá en riesgo a otros, actúa sin responsabilidad.

Las consecuencias de esto varían dependiendo de la gravedad del acto. Llegar tarde al trabajo de manera persistente, puede sancionarse hasta con el despido.  No utilizar casco al conducir una motocicleta, genera una multa de más de S/ 350 y manejar un vehículo en estado de ebriedad S/ 4,300; además de la cancelación del brevete.  Las normas intentan evitar este tipo de acciones.

Una irresponsabilidad mayúscula existiría, por ejemplo, cuando un albañil decide realizar una operación de cerebro, la cual evidentemente debería hacerla un médico neurocirujano. Si ese albañil (administradora, contadora, pescador o peluquero), opta por abrir un cráneo y operar, es totalmente imprudente.

Sabiendo que el paciente seguramente morirá en la aventura o quizá quede con un daño físico irreversible, imagino que esa negligencia se pagaría con cárcel.  Por lo tanto, de existir una norma que permita a una persona que no es especialista, operar un cráneo, estaría apoyando estos actos erróneos.

El hecho de conducir el destino de 33 millones de personas, sin saber cómo ejecutar la función, sin el tiempo y probablemente sin la capacidad para aprender a hacerlo (la gran mayoría de peruanos seguramente no podríamos asumir esa función), podría costar la muerte debido a las malas políticas. Pero, tener una norma que permita que cualquier improvisado asuma las riendas del país, es más negligente aún.

El Sr. Pedro Castillo es el irresponsable del año, apañado por lineamientos que posibilitan y hasta fomentan que personas no preparadas asuman los importantes cargos de manejo del Estado. Se pone en riesgo a todos los habitantes y a las generaciones del futuro.

Puede dejar de serlo alejándose de los ‘Cerrones’ y las ‘Verónikas’, tirándose al centro junto con personas realmente capaces de hacer el bien. Sin embargo, esto no solo debe realizarse de manera temporal para que la población se tranquilice y caiga en la ilusión del primer año lleno de gasto público, de lo contrario, la ejecución tiene que ser permanente y decidida.

Lo “mejor” que nos puede pasar es que el Sr. Castillo se vuelva un Humala, pues ese camino incorrecto puede corregirse a partir del 2026. Si no lo hace, lastimosamente todos pagaremos durante décadas por esta irresponsabilidad compartida entre él y el sistema político y electoral que parece ser inviable en este país.

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