Los Jueces Injustos

489

El concepto de justicia es muy sensible y por ende lo que puede ser justo para uno, no necesariamente lo es para otro. Por ello desde tiempos inmemoriales hemos, los humanos, buscado unificar diversos criterios y en base a estos administrar justicia. El código de Hammurabi, el derecho romano y el código napoleónico, son una muestra del incesante camino en pos de encontrar un sistema cada vez más justo.

A muchos nos ha tocado en algún momento disponer lo que otros deben hacer, la mayoría ha tratado de actuar justamente, sin embargo no siempre hemos dejado satisfechos a todos con nuestra decisión y es más, en algunos casos resolvemos, involuntariamente o no, de manera injusta. Todos los que son padres saben a lo que me refiero, por lo general siempre que le indicamos a nuestros hijos lo que deben o no hacer, escuchamos esta frase; “que injusto eres” y en honor a la verdad algunas veces lo somos. Lo mismo sucede si tenemos de manera permanente, temporal o circunstancial que dar órdenes a otros, ¿cuantas veces nos hemos equivocado?, indudablemente muchas. Es por ello que en las sociedades existen reglas, léase leyes, decretos, reglamentos, ordenanzas, entre otras, que debemos cumplir, todos, para evitar o mitigar el daño a los demás.

Desde siempre ha sido muy difícil administrar justicia, debido a esto las sociedades crearon la figura del juez, personaje en el cual delegamos esa compleja tarea, la figura del magistrado sintetiza en una sociedad todos los valores de la misma, porque es él quien tiene en sus manos el equilibrio de la misma. Sin embargo, al ser la administración de justicia tan importante para nosotros, convenimos que un solo juez sería insuficiente, porque a pesar de tener un elevado criterio puede equivocarse, por eso creamos los tribunales de justicia, que se componen de varios jueces, no obstante como existen decisiones que tienen que ver con la perdida de los derechos fundamentales de los humanos; la libertad, salud, propiedad, o incluso la vida, se crearon las instancias, en algunos casos hasta tres, es decir, no solamente varios jueces similares, sino que otros, con más experiencia y conocimientos deben revisar y emitir su opinión. Sin embargo determinamos que todo ello era poco y que estos jueces, tribunales e instancias podrían ser influenciados, manipulados o corrompidos por quienes ejercían el poder, legal, factual o económico y les dimos autonomía. En suma los humanos creamos un sistema independiente al que denominamos; poder judicial.

Como todos ustedes saben el sistema de administración de justicia en nuestro país no funciona bien, muchos incluso serán más severos; indicando que está mal. Por más que poseemos leyes y códigos que en esencia no son malos, incluso podría decirse que algunos son buenos, en el Perú existe una gran inseguridad jurídica. ¿Cuál es el problema? La respuesta está en las personas involucradas en la administración de justicia; fiscales, jueces y en los administrativos del sistema; secretarios y empleados, he ahí la falla. Existe en la ciudadanía la apreciación que todos ellos son corruptos y que la “justicia” tiene un precio, que quienes tienen dinero así como poder tuercen la mano y el brazo de los jueces, secretarios y empleados del sistema en su beneficio, por lo tanto si no tienes dinero no tienes justicia.

Si los jueces son la piedra angular del sistema y si coincidimos en que la falla inicial y más importante esta en ellos, ¿Cómo es que debemos abordar el problema? :

Un juez debe poseer tres cualidades básicas; ser capaz, honrado e imparcial, si es incapaz ya no es justo, si es corrupto, nunca será justo, si no es imparcial le será imposible aplicar justicia. Pero si un juez no posee ninguna de esas tres cualidades es un monstruo con poder.

En el Perú tenemos dos sistemas para la formación, capacitación y evaluación de los jueces y fiscales; uno del propio poder judicial; la academia de la magistratura y el otro externo, el consejo nacional de la magistratura.

En muchos países todo aquel profesional que desea ser juez debe especializarse previamente, este proceso dura como promedio dos años, los estudios son muy rigurosos y las exigencias académicas y morales tienen vallas muy altas para graduarse e incorporarse al sistema judicial. En nuestro país existe un curso, impartido por el propio poder judicial, de nueve meses, con tan solo treinta créditos y en la modalidad de estudios a distancia, porque solo hay clases o talleres presenciales los días sábados. Pero eso no es todo, de los cincuenta y tres docentes solo diecisiete tienen maestría o doctorado y veintitrés de los profesores, son jueces. Una farsa total.

El otro sistema está a cargo del CNM, un ente que, en el papel, ejerce de manera indirecta el control ciudadano, pero que en la práctica es utilizado como botín político y la mayoría de sus consejeros son más incapaces y corruptos que los jueces a los que evalúan cada siete años. Tan igual como en la tremenda corte.

Estos son las dos instituciones que debemos reestructurar de inmediato, si queremos mejorar la formación e idoneidad de los jueces, sin embargo con ello no se acabaran los problemas, existen graves deficiencias y profundas grietas en las bases del poder judicial; una estructura anacrónica y la inexistencia de un sistema informático que transporte al poder judicial del siglo XIX al XXI. Corregir las fallas de las leyes y códigos que enlentecen los procesos, gracias a los cuales tenemos ciento veinte mil personas en cárceles con capacidad tan solo para treinta mil, y con casi la mitad de los reos sin sentencia. Una indispensable mejora en el presupuesto, sobre todo para modernización y reestructuración orgánica. Por último, se requiere de una adecuada difusión de los currículos y trayectoria de los jueces y fiscales para un permanente control ciudadano.

Resulta imprescindible elevar el nivel académico y de valores de los jueces para dar inicio al final de los jueces injustos.